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5 películas sobre cómo somos los argentinos

Nota por el 25/09/2017
 

Históricamente, quienes mejor han sabido definir los rasgos culturales comunes de los argentinos han sido los viajeros extranjeros que recorren nuestras tierras, los humoristas (Quino a la cabeza, Les Luthiers, en algún punto) y los escritores argentinos, ya sean cantautores, poetas o cuentistas. Sin embargo, a veces olvidamos que nuestros cineastas tienen mucho para decir sobre la idiosincrasia del país: por eso hoy repasamos 5 películas sobre cómo somos los argentinos, que nos hablan directamente respecto a nuestra forma de ser.

Películas sobre cómo somos los argentinos

Luna de Avellaneda (Juan José Campanella, 2004)

Todo un elenco estelar (Ricardo Darín,  Eduardo Blanco,  Mercedes Morán y  Valeria Bertuccelli) encabeza esta hermosa película sobre la vida de barrio en Buenos Aires. Una historia chiquita, adornada con metáforas, que emociona mientras dispara diagnósticos sociales muy certeros sobre la Argentina actual.

Los descendientes de los fundadores de un histórico club deportivo que atraviesa una crisis tienen que encontrar la forma de salvarlo de su extinción. Al parecer, la única salida posible es que se convierta en un gigante casino, aunque esto se aparta totalmente de los ideales y de los fines para los que fue fundado en los años 40: un club social, deportivo y cultural.

Hay quienes opinan que Luna de Avellaneda es la película para enseñarle a alguien que visita Argentina. En efecto, compacta muchas de las costumbres argentinas: la afinidad por las reuniones sociales y familiares, el sentido de pertenencia de vivir en un barrio, la fatalidad nacional y la necesidad de improvisar soluciones sobre la marcha.

Esperando la carroza (Alejandro Doria, 1985)

Y hablando de reuniones familiares, Esperando la Carroza es definitivamente la comedia argentina por excelencia y, probablemente, no hay mejor película que nos muestre cómo somos los argentinos.

Mamá Cora (Antonio Gasalla) es una abuela de ochenta años que ya no puede cuidarse sola. Un día, la familia entera se reúne para celebrar una comida. Sobre la mesa se plantea el gran dilema: ¿quién se va a hacer cargo de ella, llevándosela a su casa? El asunto se complica cuando reciben la noticia de que la anciana parece haberse tirado a las vías del tren.

Este es un clásico donde hay que prestar atención para captar cada uno de los imperdibles diálogos que hoy son parte de la cultura popular argentina. Cualquiera de nosotros ha tenido esos domingos típicos de almuerzos que se extienden hasta la tarde, donde todos están apretados y a los gritos, y ninguno quiere irse a casa hasta que lleguen los digestivos mates de las cinco.

«La charlatana de al lado me imita en todo: Yo hago puchero, ella hace puchero. Yo hago ravioles, ella hace ravioles. ¡Qué país!» (Elvira, Esperando la carroza)

El Hombre de al lado (Duprat, Cohn, 2009)

Nos transportamos hacia un tipo de comedia diferente con El hombre de al lado. Es una película para debatir, explorar y filosofar por completo. Narra un conflicto entre vecinos que parece no tener fin y encaminarse hacia la tragedia.

De un lado está Leonardo (Rafael Spregelburd), un fino y prestigioso diseñador que vive en una casa de gran valor arquitectónico. Del otro lado encontramos a Víctor (Daniel Aráoz), vendedor de coches usados, vulgar, tosco, avasallador. Víctor decide hacer una ventana para tener más luz, y es ahí donde empieza el problema: cada uno toma conciencia de la existencia del otro.

La película expone (con mucha eficacia) cómo una simple pared medianera puede dividir dos mundos, dos maneras de vestir, de pensar, de vivir.  Es una obra con muchos matices y que permite varias lecturas. Define a la perfección a dos estereotipos argentinos y juega con ellos, mostrándolos como son sin tomar partido, sin juzgar.

Y, admitámoslo, todos los argentinos tenemos un poquito del esnobismo de Leonardo y otro poco de lo grasa de Víctor.

Nueve reinas (Fabián Bielinsky, 2000)

Darín, de nuevo Darín. ¿Quién no vio Nueve Reinas? Ingeniosa, cínica, tramposa. Esta película encapsula al argentino chamuyero, canchero, despierto. Somos un poco tramposos, somos un poco ventajeros. Esta es la gran película del argentino posmoderno.

Gaston Pauls y Ricardo Darín interpretan a dos estafadores de poca monta, un joven y un veterano en el arte del timo, que casualmente se ven envueltos en un asunto que los puede hacer millonarios. ¿El problema? Tienen menos de un día para hacer la estafa del siglo.

Nueve Reinas es un reflejo de la vida cotidiana argentina, aunque ya tenga más de quince años desde su concepción. Esta obra busca escaparle a todo cine social, brindando entretenimiento puro. Pero también representa un estado cultural de nuestro país: la llamada “viveza criolla”.

La Historia Oficial (Luis Puenzo, 1985)

Cerramos con un drama político fuerte. El Proceso de Reorganización Nacional es seguramente el momento más fuerte a nivel político y social que vivió la sociedad argentina en el último siglo, llevó a transformaciones radicales que se extendieron a todos los planos de la vida.

La inmediata etapa posterior fue una que, asumiéndose como el presente democrático, necesitaba marcar su diferencia irreductible con ese pasado “autoritario”, sin embargo las huellas del pasado quedaron marcadas.

La Historia Oficial habla de esto (y de mucho más) a través del relato de una acomodada profesora de historia (soberbia Norma Aleandro) que comienza sospechar que su hija podría formar parte de los oscuros asuntos de su marido militar.

Película representativa del período de la transición democrática, desborda emotividad y poesía con un argumento con el que todos podemos sentirnos identificados. Los argentinos, antes que nada, somos personas marcadas por ese pasado trágico, de una forma u otra.

Más allá de una madre que busca la identidad de su hija, La Historia Oficial es también el relato de una Argentina entera que busca a sus hijos, que busca recuperar su propia identidad, reencontrarse a sí misma. Una obra muy simbólica que permite pensar en las zonas grises de la tragedia argentina. Emociona y conmueve, pero no se queda ahí: invita a ser espectadores activos, a actuar sobre lo que se vio, a reflexionar y a transformar.

¿Vieron estas 5 películas sobre cómo somos los argentinos? ¿Cuál otra agregarían a la lista?