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Corazón Loco, ¿poliamor?

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Corazón Loco, ¿poliamor?

Corazón Loco, ¿poliamor?

Corazón Loco no habla de poliamor ni espanta por eso.

Desde que iba a estrenarse en el marzo pre pandemia (que ya parece de otra vida) se esperaba que Corazón Loco generara reacciones fuertes cuando finalmente llegara al público: los avances y los prontuarios de sus ideólogos anticiparon con bastante precisión cuál sería el eje y el estilo de la película. Eso sin contar los comentarios de quienes habían podido verla en ese momento, como la reseña de nuestro redactor asignado, que llevaba desde marzo en un cajón lleno de telarañas pero que ya podés leer acá.

Se habló bastante de los problemas narrativos y técnicos que acusa esta producción, junto con el desconcertante desperdicio de grandes talentos que aparecen en los créditos tanto delante como detrás de cámara. No voy a sumarme a esa lista de opiniones porque esto no es una reseña: hablaré del problema conceptual de algunas descripciones que plantean a Corazón Loco como una historia sobre el poliamor, un tema que resulta socialmente divisivo y que vendría a justificar las malas críticas para algunos de sus defensores.

Corazón loco confunde poligamia con poliamor

Hay un problema muy fuerte pero muy simple con ese argumento, Corazón Loco habla de poliamor como Clint Eastwood hablaría de centennials: con profundo desprecio y orgulloso desconocimiento. Sí, la base del poliamor es la idea de que alguien puede tener una relación romántica y/o sexual con más de una persona a la vez. Esa parte Fernando Ferro (Adrián Suar) la tiene, pero le falta una mitad fundamental a la definición: la que dice que es en total conocimiento y consentimiento de todas las partes involucradas. 

No es una distracción; ese detalle que elige ignorar es el centro de todo el conflicto sobre el que se sostiene la narración. Y si la relación de Ferro hubiera estado realmente dentro de los márgenes del poliamor, toda la historia que cuenta no tendría sentido. En cambio, omitiendo esa mitad de la definición sacan al protagonista del campo del poliamor para convertirlo en un perverso al que solo le importa su propia satisfacción, considerando a las personas que lo rodean como simples herramientas de las que puede disponer como le plazca para conseguirla.

Así es que construye una fantasía que le permita considerar válido no solo el mentirle por años a sus dos familias, también autopercibirse el bueno de la historia e incluso la víctima de una furia injustificada cuando ambas esposas se enteran de la verdad. Es aceptable y hasta deseable que un personaje tenga contradicciones o incongruencias como esas, pero cuando es la película misma la que se contradice en su discurso, todo se desmorona.

El movimiento de Amor Libre que -entre otras cosas- le dio marco teórico al concepto de poliamor, al anarquismo relacional y otras formas no convencionales de relaciones sexo afectivas, surge justamente de criticar estos comportamientos tan naturalizados que replica la película. No hay nada de transgresor en la forma de mostrar el “amor” unilateral de Ferro, porque en más de un aspecto es el estándar socialmente aceptado: se puede pretender una relación con más de una persona a la vez, pero debe ser en vergonzoso secreto.

Muchas de las críticas que recibió el discurso de Corazón Loco es por reaccionario, no por abordar un tema controversial o “progresista” como el poliamor. Por la sencilla razón de que no lo hace y no hace falta compartir esa filosofía para verlo, alcanza con unos pocos minutos investigando en internet para darse cuenta. 

1 comentario

1 comentario

  1. saparaspapio

    15/09/2020 en 23:20

    la pelicula la vi y no recuerdo que se use la expresión poliamor. tal vez se la promocionó así. ni idea.

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