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Cuadros en movimiento: la pintura en el cine.

Cine

Cuadros en movimiento: la pintura en el cine.

Cuadros en movimiento: la pintura en el cine.

Desde sus orígenes, el cine se ha visto influenciado por diversas artes: teatro, pintura, fotografía, literatura. El lenguaje cinematográfico encontró en la representación pictórica un referente importante. Tengamos en cuenta que de alguna manera el cine deriva de la pintura y de la fotografía, añadiéndole aquello que éstas jamás pudieron conseguir: Representar el paso del tiempo. Esto es así porque el cine reproduce la realidad en toda su dimensión espacio-temporal. Hoy nos proponemos rastrear esos cuadros en movimiento con diferentes ejemplos de la pintura en el cine.

Si pensamos en los tipos de encuadre utilizados en cine notamos que se siguen las mismas reglas que en la pintura. La intencionalidad de quien filma, fotografía o pinta, se hace realidad, en primer lugar, en el encuadre. En cuanto a lo que a composición y uso del color refiere, el cine encontró en la pintura un referente indiscutible, haciéndose evidente que lo pictórico y lo fílmico comparten el deseo de representar una realidad imaginada, y trasladar todo eso a un mundo bidimensional. Las formas de integrar la pintura en una película son múltiples y variadas: el cine puede utilizar la pintura para componer la imagen basándose en las analogías que existen entre el encuadre de la pantalla y de la obra pictórica, puede emplearla como fuente de inspiración para recrear ciertos ambientes y épocas. Además, más allá de las motivaciones puramente estéticas, los cuadros pueden aparecer en la pantalla con fines narrativos, es decir ver una escena en la que se visita un museo y se observa un cuadro.

La pintura en el cine

Al abordar el estudio de la inclusión de la pintura en el cine debemos establecer  esta diferenciación básica. Por una parte, el lienzo puede aparecer en la película de modo directo, es decir, el cuadro enmarcado aparece como tal en la pantalla (Como cuando visitan el Instituto de Arte de Chicago en Ferris Bueller’s Day Off). De este modo, tenemos una imagen (pictórica) dentro de otra imagen (cinematográfica). Por otra parte, el cuadro puede aparecer en la pantalla de manera no explícita, es decir, motivando un traslado composicional: la imagen pictórica se integra en la imagen cinematográfica sin que aparezca un marco que separe el cuadro de la pantalla.

Cuadros en movimiento

El fenómeno conocido como intramedialidad (la relación mimética interna) no es exclusivo de la literatura, sino que se da también en otros medios como por ejemplo el cine o la pintura. Así es cuando una película hace referencia a otra película o un cuadro hace alusión a otro cuadro nos encontramos ante referencias intramediales. Las meninas (1957) de Pablo Picasso es un claro ejemplo de intramedialidad en la pintura, al pensar ejemplos en el mundo del cine podemos recurrir a Super 8 o a la reciente Ready Player One. Entonces intramedialidad se da dentro del mismo medio de expresión, cuando se utiliza un medio deferente ya debemos hablar de intermedialidad,  ejemplo de esto es justamente la inclusión de una pintura en una película.

Cuando una escena de una película evoca una pintura hace uso de una forma menos explícita de intermedialidad, que requiere un mayor conocimiento por parte del espectador para poder decodificar la analogía entre las dos imágenes y sus implicaciones. Dentro de esta segunda categoría  de intermedialidad, podemos distinguir entre las analogías de composición relacionadas con el color, la luz y los contrastes, y los llamados tableaux vivants o cuadros vivientes. El tableaux vivants fílmico consiste en la puesta en escena de una obra pictórica por parte de los personajes de la misma, el ejemplo más sencillo para comprenderlo es la película de 2002, Frida,  dirigida por  Julie Taymor, y protagonizada por Salma Hayek interpretando a la artista mexicana Frida Khalo,y Alfred Molina en la piel de Diego Rivera.

Cuadros en movimiento

Casi como si se tratara de una pintura de la artista, la película evidencia una arriesgada apuesta visual y estética. Cada plano, cada secuencia, está dotado de una dedicación sumamente cuidada, prestando especial atención al uso de los colores y texturas de cada fotograma. La intención es válida, aunque a veces peque de pretenciosa, hay varios pasajes de Frida que consiguen un brillante despliegue estético, el tema narrativo quedará para otra nota.

Los préstamos más explícitos de pinturas trasladadas al cine están, por cierto, en las biopics sobre pintores. Un caso ejemplar en este sentido es la reciente Loving Vincent, de Dorota Kobiela y Hugh Welchman, quienes reunieron a más de un centenar de artistas para que realizaran pinturas al óleo imitando las técnicas de Vincent Van Gogh sobre los fotogramas. Así la película se transforma en una obra de arte en sí misma, que nos invita a recorrer parte de la vida de este famoso pintor holandés  que nos cautiva con su particular manera de ver el mundo, considerado uno de los principales exponentes del postimpresionismo.

Está lleno de películas que cuentan la vida de artistas (Basquiat, Mr Turner, Los fantasmas de Goya, entre otras), y tantas otras películas que presentan las obras de arte de maneras más explícitas. Pero también hay  algunas cintas que establecen una relación más personal y cercana con el arte. Cineastas que incluyen obras de arte en sus planes de diseño de producción utilizándolas como inspiración o para transmitir un estado de ánimo; incluso a veces construyen todo el aspecto visual de su película en torno a una obra de arte.

Quizás el ejemplo más claro de detectar es la utilización de la litografía Relativity (1953) de M. C. Escher, inspirada en las nociones de la arquitectura imposible y la ilusión óptica, en Laberinto (1986) dirigida por Jim Henson. En la escena en cuestión, Jareth (David Bowie) aparece cantando “Within You”, mientras Sarah (Jennifer Connelly) trata de alcanzar a su hermano, Toby en un laberinto inspirado en la obra de Escher. Jim Henson junto al diseñador de producción, Elliot Scott, trasladaron la litografía del artista holandés a un set tridimensional, donde las escaleras conducen a los personajes hacia arriba y hacia abajo al mismo tiempo.

Otro ejemplo lo encontramos en la secuencia final de Jamón, jamón (1992) de Bigas Lunas. La lucha entre Raúl (Javier Bardem) y José Luis (Jordi Mollà), los protagonistas masculinos de este melodrama español, alude visiblemente a la pintura Duelo a garrotazos (también conocida como  La riña​), una de las pinturas negras que Francisco de Goya realizó para la decoración de los muros de la casa que adquirió en 1819, y ahora puede disfrutarse en el Museo del Prado en Madrid.

Existe un pintor estadounidense del siglo XX favorito entre los directores de cine para crear ciertas atmósferas.  El máximo representante del realismo estadounidense, Edward Hopper (1882-1967) fue además un gran cinéfilo y eso lo podemos ver en sus cuadros. El pintor buscó inspiración en las películas de la época dorada de Hollywood de los años 30 y 40. “Cuando ya no podía pintar me iba al cine durante una semana o más”, confesó. Y parece que la relación de sus pinturas y el cine se retroalimentaba constantemente. Sin duda, Edward Hopper  es uno de los pintores que más influyó en el cine moderno, hasta el punto en que muchos de los encuadres, planos y escenas de numerosos directores, desde los más consagrados a los novatos, han absorbido sus imágenes de lugares despoblados, luminosos faros en la costa, surtidores en carreteras desiertas o puentes brumosos. Muchos de sus cuadros son casi encuadres perfectos o una plena composición de plano cinematográfico.

Cuando Hopper pintó en 1925 el óleo House by the Railroad jamás imaginó que estaba gestando el embrión de uno de los iconos del cine de suspense, esa imagen que se nos viene a todos a la cabeza en cuanto nos hablan de casa embrujada y de Alfred Hitchcock. Hopper era un entusiasta fanático del cine y aparentemente estuvo encantado de que su pintura hubiera contribuido a la creación de Psicosis (1960) y su abrumadora atmósfera.

Se ha dicho que Hitchcock modeló la siniestra casa de Bates después de ver la pintura de Hopper. También se dice que consideró al personaje interpretado por Anthony Perkins, Norman Bates, como una pintura viviente de Hopper, cuyas figuras pintadas suelen parecer aisladas o cautivas en sus pensamientos. Las similitudes están a la vista, y cualquiera que haya visto Psicosis sabe lo que esa casona asilada significa, más allá del Motel Bates.

Nighthawks, de 1942,  es otra pintura de Hopper a la que a menudo se hace referencia en películas (y también en programas de televisión como Los Simpson o That ’70s Show). Hay recreaciones explícitas de esta escena nocturna en la barra de un bar en The End Of Violence de Wim Wenders y Profondo Rosso de Dario Argento, pero también sirvió como referencia visual para la obra maestra de ciencia ficción de Ridley Scott, Blade Runner (1982), en la que se logró reproducir en la pantalla fielmente  la paleta de colores de la pintura. En pleno rodaje Scott agitaba constantemente una reproducción de esta pintura a todo el equipo de producción para ilustrar la apariencia y el estado de ánimo que buscaba. La pintura de Hopper está inspirada en un restaurante ubicado en Greenwich Avenue en Nueva York. La cuidadosa composición de la imagen se basa en el manejo de líneas rectas horizontales y verticales que definen claramente los espacios, y las calles completamente desiertas y el uso del color y las luces transmiten esa sensación  de angustia y preocupación.

El famoso cuadro Retrato de la periodista Sylvia von Harden (1926), del pintor alemán Otto Dix inspiró una escena de la clásica película de Bob Fosse,  Cabaret (1972)

El pintor alemán estaba obsesionado con pintar a la periodista, así que cuando la cruzó en la calle, casi le rogó que posara para él. Sylvia encarnaba a la perfección la idea de esa una nueva mujer, la mujer de los años 20. Al inicio de la mítica película de Bob Fosse  hay una escena donde se recrea este cuadro a la perfección.

Von Harden era una periodista y poeta que frecuentaba el Romanisches Café de Berlín, lugar de encuentro de intelectuales y artistas. Muy delgada, de nariz prominente y manos grandes, su corte de pelo y el monóculo en el ojo derecho acentuaban su aspecto marcadamente andrógino, pero su aguda inteligencia y su objetiva fealdad la convertían en seductora, liberada de los cánones de belleza que atormentaban a otras mujeres en aquella época. Otto Dix la pintó sentada a la mesa de dicho café berlinés, tomándose un coctel y fumando un cigarrillo, actitudes muy llamativas y provocadoras para aquel entonces. La película de Bob Fosse debe mucho a su director de fotografía (Geoffrey Unsworth) que se inspiró claramente en el expresionismo alemán y particularmente en la obra de Otto Dix. Cabaret es un musical distintivo, su objetivo es reflejar la decadencia. La decadencia de la sociedad alemana de aquel entonces, que  de a poco comenzó a  hundirse  en el nazismo. Además de  la decadencia de sus personajes que, producto de profundas crisis de identidad, han perdido  el rumbo de sus vidas.

la pintura en el cine

Resulta inquietante contemplar el cuadro sobre la muerte de Jean Paul Marat que pintó su amigo, el artista neoclásico Jacques-Louis David. El cadáver del controvertido periodista francés revolucionario, descansa dentro de una bañera, con la cabeza envuelta en paños y el brazo colgando con una pluma en la mano, además de estar rodeado por varios escritos que ensalzan la figura del fallecido.

La pintura La muerte de Marat (1793) es una de las imágenes más famosas de la Revolución francesa sobre el crimen del jacobino indefenso a manos de Charlotte Corday, que no vemos en escena. Marat representaba a la izquierda revolucionaria. Al pintarlo en el instante justo de su muerte, indefenso y desarmado, el artista intensifica el concepto heroico de Marat, idealizando y ensalzando su figura, sobretodo entre los sectores más pobres del pueblo. Quizás por toda la carga que pesa sobre esta obra, o quizás por el hecho de representar un hecho histórico, es que este cuadro ha sido reinterpretado en numerosas oportunidades, incluyendo las versiones de Munch y Picasso. Pero también el cuadro sirvió de  inspiración para  escenas ya clásicas de películas como El Padrino II , El club de la pelea y  Las confesiones del Sr. Schmidt, de Alexander Payne.

la pintura en el cine

Podríamos seguir esta nota con miles de ejemplos más ya que existe una interacción fascinante entre las culturas visuales del cine y la pintura. Los directores han utilizado con frecuencia imágenes de la pintura y otras formas de arte para dar forma al aspecto y el significado de sus obras. ¿Recuerdan alguna otra escena de película que haga referencia o este inspirada en una pintura?

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