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Películas en un solo plano que cuentan de un tirón

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Películas en un solo plano que cuentan de un tirón

Películas en un solo plano que cuentan de un tirón

Las películas en un solo plano secuencia, reales o fingidos.

El plano secuencia es un recurso que muchas veces resulta polémico, pues se le acusa de responder más al ego creativo de quien lo diseña que a una verdadera necesidad narrativa. Indiscutiblemente, cuando sale bien es una proeza técnica que merece aplausos. No es para menos: grabar de un tirón una escena que implica movimientos coordinados de la cámara, los intérpretes y hasta en ocasiones de la escenografía, requiere de mucho ensayo y un trabajo de diseño muy preciso para poder llevarse a cabo. 

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Hay muchos ejemplos memorables para demostrarlo tanto en el cine como en la televisión, y ya hemos hablado de la receta de Steven Spielberg para sacarle el mayor jugo posible a un plano secuencia sin que se quede en un mero efectismo. Ahora, aprovechando el estreno del film que mencionaremos a continuación, haremos un breve repaso por variantes de películas en un solo plano secuencia, seleccionadas por tener alguna particularidad en su realización que la distingue del resto.

Por esta vez, haremos de cuenta que les creemos que de verdad no hubo cortes, aunque se noten. Total, si la ficción es una forma de mentira, qué nos hace una más.

Películas en un solo plano secuencia

1917 (Sam Mendes – 2020)

La más reciente de esta lista, llegó sobre la hora a las nominaciones de los Oscars 2020 para complicarle el sueño a Quentin y Martin, quienes ya se veían repartiéndose las estatuillas como se les cantara; todo indica que van a tener que compartirlas. 

Con un gran despliegue técnico para coordinar cientos de extras, escenas de acción y efectos especiales, plantea en dos largas secuencias la odisea de dos soldados ingleses: deberán cruzar territorio abandonado por el enemigo, llegando al frente de batalla a tiempo de evitar una masacre. La historia es tan simple y directa como sus personajes, que van presenciando los horrores de la guerra atrapados entre el sentido del deber y el de la supervivencia. No hay muchas escenas de diálogo ni personajes memorables, pero mucho de lo que cuenta es porque sucede alrededor de ellos.

Repleta de pequeños detalles, que no necesariamente forman parte de la acción pero le dan carne al mundo donde sucede (en sentido literal, más de una vez), entra en esta lista de películas en un solo plano secuencia con el peso más importante puesto sobre el diseño de producción y no tanto en el guion. Es así que hay cierto abuso de las coincidencias y la suerte para avanzar de escena en escena. Eso sin mencionar la mala puntería alemana, fundamental para que la película no termine a la media hora.

En este caso, el tiempo (el verdadero enemigo de los protagonistas), no parece correr a la velocidad normal. La historia que muestra es más larga que la película en sí, sin sumar una elipsis intermedia de varias horas inserta de forma bastante orgánica y justificada, que probablemente sirviera más a cuestiones técnicas que a las puramente narrativas. 

La Soga (Alfred Hitchcock – 1948)

Como contraste tenemos a la más antigua y encerrada de esta lista. A diferencia de 1917 atravesando los campos de batalla franceses, la historia que nos cuenta La Soga no sale de un departamento, donde dos hombres acaban de cometer un crimen que consideran perfecto. En un acto de soberbia tal que solo podría ocurrírsele a alguien tan convencido de estar parado varios escalones por encima del resto de la humanidad, completan la villanía de su homicidio invitando a cenar a varias personas mientras el cuerpo está aún tibio. Entre ellas se encuentra quien sería la futura esposa del difunto, y su familia. 

A puro diálogo e interacciones entre personajes, Hitchcock sostiene la tensión poniendo en el centro de la escena a una dupla contradictoria. Mientras uno de los asesinos se divierte tomando riesgos innecesarios convencido de que nadie puede descubrirlo, su compañero está permanentemente al borde de un ataque de ansiedad, aterrorizado por las consecuencias de lo que acaban de hacer.

La cámara sigue a los dos protagonistas de habitación en habitación, mientras entretienen a sus invitados y conversan descaradamente sobre la filosofía nietzscheana por la que justifican su crimen, con el fiambre escondido dentro de un cofre a pocos metros.

La decisión de que fuera en un solo plano, contando una historia en tiempo real, refuerza el clima teatral de la película. Como delata la puesta en escena, La Soga está basada en obra de teatro, la cual a su vez se inspiró en el caso real de dos jóvenes adinerados, quienes asesinaron a un niño solo por considerarse más inteligentes que el promedio, creyendo que por ello podían hacerlo sin consecuencias. 

Birdman (Alejandro G. Iñárritu – 2014)

Premiada con el Oscar a mejor película, dirección y guión. Birdman es una de esas películas en un solo plano que, lejos de acentuar el naturalismo, utiliza el recurso con fines más poéticos. Incluye elipsis varias y transformaciones de los escenarios, representando el frágil estado mental del protagonista mientras se prepara para estrenar la obra que le dará su última oportunidad de ser una estrella de prestigio. A la vez, él considera la posibilidad de ser realmente un superhéroe, poniendo en duda cuánto de lo que vemos es realidad o fantasía.

Cada frase y cada movimiento son parte de una danza coreografiada al detalle. Los personajes sostienen extensos diálogos mientras recorren los pasillos, oficinas y el escenario del viejo teatro donde preparan la obra a contrarreloj, todo para lograr una ácida parodia del mundo artístico en la que ni siquiera su propio elenco se salva de recibir algún tiro por elevación.

En este caso, la decisión de buscar la fluidez visual de principio a fin parece tener más que ver con algo sensorial que estrictamente narrativo. Con un ritmo frenético, marcado al compás de una banda sonora especialmente seleccionada, nos contagia de la misma ansiedad que abruma a ese protagonista aterrado por la posibilidad de fracasar.

Victoria (Sebastian Schipper – 2015)

La última de esta selección es injustamente muy poco conocida. Aunque es alemana, gran parte de los diálogos están en un inglés bastante roto, que le permite a la joven inmigrante madrileña del título comunicarse con sus cuatro nuevos amigos berlineses.

Toda la trama sucede en tiempo real, comenzando de madrugada en un local bailable y terminando con las primeras luces del amanecer en las calles de Berlín, donde Victoria lleva viviendo tres meses sin hablar el idioma ni conocer a nadie. Eso se traduce en una fuerte soledad que no sabe cómo remediar. Seguramente por eso, en vez de irse a trabajar como planeaba y contra todo instinto de supervivencia, al salir del boliche acepta la compañía de cuatro muchachos algo alcoholizados que le ofrecen mostrarle el “verdadero Berlín”, el que está en las calles.

Con un ritmo intenso y crudo, la narración va pasando por varios climas y cambia de eje sin dar respiro al público, aprovechando el recurso de la continuidad para mostrar personajes que se sienten bien definidos y naturales desde el primer momento. Sorprende incluso más el enterarse que gran parte de los diálogos fueron improvisados, porque en el guion original solo se incluían las acciones a interpretar. 

Con pocos medios pero sin soltarte un minuto hasta que sientas cansancio físico, es una de las películas en un solo plano secuencia donde el recurso cumple tanto una función narrativa como climática. Se lo explota para construir un conjunto donde nada parece estar de más.

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