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Sin hilo: películas con tramas de eventos aleatorios

películas con tramas de eventos aleatorios

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Sin hilo: películas con tramas de eventos aleatorios

Sin hilo: películas con tramas de eventos aleatorios

En algunas historias no hay manera de saber lo que va a ocurrir, en gran parte porque ello sale de la nada y el próximo evento de la trama también sale de la nada. Y así sucesivamente, sin tener ningún tipo de preparación lógica de eventos anteriores. Los personajes existen únicamente para reaccionar a lo que sea que el escritor les tire. Cuando esto sucede, estamos ante películas con tramas de eventos aleatorios.

películas con tramas de eventos aleatorios


Aleatoriedad: ficción vs la vida real

La aleatoriedad es algo que sucede todos los días en la vida real. Sí, de acuerdo, hay cosas que suceden por una razón. Si pongo la mano en el fuego, me quemo. Y, a la larga, si me paso toda una vida de cero ejercicio y mucha birra artesanal, a los 30 tengo pancita cervecera. Son relaciones de causa y efecto.

Pero muchas cosas de las que nos ocurren son simplemente caóticas, sin orden o lógica aparente.

Curiosamente, a pesar de la ocurrencia de cosas aleatorias en la vida real, su representación casi nunca es apreciada en las obras de ficción. Como espectadores, automáticamente tendemos a buscar explicación a la narrativa o los comportamientos de los personajes.

El punto A debería llevarte orgánicamente al punto B. Cuando eso no pasa, los eventos pueden aparecer como producto de una mala escritura o de ser absurdos por el simple hecho de ser absurdos.

Las comedias hacen esto todo el tiempo. El género se preocupa más por colocar los gags y chistes primero y la narrativa después. Podríamos decir que ocurre algo similar con los videojuegos y el género de acción. En franquicias como Misión Imposible o John Wick, los realizadores primero diseñan las alocadas secuencias de acción que quieran llevar adelante y después crean un argumento alrededor de ellas.

Sin embargo, cuando otras obras de ficción hacen esto, puede ser bastante disonantes. Algunas producciones consideradas más “artísticas” o “experimentales” son, de hecho, películas con tramas de eventos aleatorios. Veamos algunos casos memorables.

A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence (2014)

Un primer ejemplo concreto. Esta pieza absolutamente extraña del sueco Roy Andersson (que ganó el León de Oro en el festival de cine de Venecia el año de su estreno) tiene el nombre más genial del mundo a pesar de nunca centrarse en palomas reflexionando sobre su existencia en lo alto de una rama.

La obra gira libremente y, en su mayoría, en torno a las desventuras de dos vendedores ambulantes, Sam y Jonothan. En el medio vemos escenas súper desconectadas unas con otras, como sketchs de comedia negra que, sin embargo, son muy secos y fastidiosos.

Lo más parecido a un narrativa convencional que tiene (Sam y Jonothan tratando de vender artículos de broma) realmente no va a ninguna parte, y hay muchas escenas que se pueden describir mejor como bocetos individuales.

Como es costumbre del director (esta película en realidad forma parte de una trilogía temática) cada escena termina cinco segundos después de que se supone que está terminada. La cámara permanece ahí, quieta, molestando, en numerosas ocasiones.

Las películas de Richard Linklater

Richard Linklater es un gran devoto de las películas con tramas de eventos aleatorios. Dazed and Confused (1993), Waking Life (2001) y especialmente Slacker (1991) tienen la similitud de contar con un elenco de grandes figuras que pasan por una serie de eventos sin trama y que, muchas veces, ni siquiera están relacionadas entre sí.

De hecho, Linklater tiende a complementar la inexistencia de una trama per sé con películas donde no suele pasar nada. El director es famoso por contar historias sin una narrativa principal, a tal punto que esta es una de sus marcas registradas.

Tomemos el caso de Boyhood (2014). Allí hizo, además, algo que nunca antes se había hecho en la historia del cine: filmar a lo largo de 12 años con el mismo elenco, de tal manera que fue posible contar una hermosa serie de viñetas íntimas sobre crecer y volverse un adulto.

Otros directores famosos como Jean-Luc Godard y Quentin Tarantino también le dedican un esfuerzo a crear películas sin un verdadero hilo conductor.

El cine clase B

Del otro lado del espectro tenemos al cine B (de berreta). The Room (2003) tiene tal vez media hora de trama real. El resto son eventos completamente sin sentido y tramas sin resolverse que no agregan nada a la historia principal.

Por su parte, Mortal Kombat: Annihilation (1997) intenta meter la mayor cantidad posible de la enorme lista de personajes de Mortal Kombat 2 y 3 y, por lo tanto, los protagonistas se encuentran y luchan entre ellos aleatoriamente mientras la historia supuestamente avanza.

Y ni hablar de las producciones de Neil Breen. Ninguna de ellas (cuatro hasta ahora) parece tener una línea narrativa real aparte de presentar a Neil como el personaje central (llamarlo protagonista sería una exageración).

Las obras de explotación o el arte de bajo nivel (como las adaptaciones de novelas pulp) frecuentemente son películas con tramas de eventos aleatorios. Simplemente agregan al azar emociones baratas como violencia, conmoción, sexo, acción, bromas y product placement, porque los creadores quieren ganar dinero rápidamente sin molestarse demasiado sobre el argumento.

La mayoría de las veces los espectadores se dan cuenta y lo critican. Pero cuando la audiencia es la correcta, estas escenas aleatorias les proporcionan las emociones baratas que su cuerpo necesitaba.

Un perro andaluz (1929)

No querría cerrar la nota sin mencionar al género surrealista. Creado en 1920 por André Bretón y otro grupo de intelectuales, el movimiento renegaba del arte moderno y utiliza el método de la libre asociación para la escritura. Estos “modos automáticos de escribir” permitían, en teoría, liberar al inconsciente sin tener que preocuparse por la estética o la moral.

Dos realizadores que formaban parte de aquella corriente, Luis Buñuel y Salvador Dalí, concibieron Un perro andaluz (1929), quizás el primer ejemplo de ficción azarosa. Se trata de un experimental corto de 16 minutos que transgrede todos los esquemas narrativos canónicos.

Hay una perturbadora escena en la que un hombre abre el globo ocular de una mujer. En otro momento, un tipo vestido de monja es atropellado en la calle por un camión y otro tiene un enorme agujero en la palma de la que salen las hormigas. También vemos a alguien que le da a un segundo individuo dos libros, que se convierten en dos pistolas que usan para dispararle al primer hombre. Y estos son solo algunos ejemplos.

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