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The Killing: el film olvidado de Kubrick

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The Killing: el film olvidado de Kubrick

The Killing: el film olvidado de Kubrick

Antes de todas las películas de Stanley Kubrick que conocés y amás, hubo una que funcionó como preludio de las obras maestras que llegarían más tarde. The Killing (1956) fue un trabajo inicial sobre un elaborado atraco que inspiraría a grandes directores en el futuro. Hoy repasamos aquel film olvidado de Kubrick.


Infierno en el set

En Alta Peli nos encanta hablar de Stanley Kubrick. Nos hemos referido a la música en sus películas, el detallado uso de la simetría y hasta su relación con el ajedrez. Probablemente no haya un director de cine cuyas películas generan más intrigas y constantes revisiones. Eyes Wide Shut y Dr. Strangelove se encuentran en mi lista de películas favoritas.

Famoso por ser muy meticuloso con cada una de sus producciones, se destacó siempre por la  atención al detalle, los guiones estructurados con los clásicos tres actos, las extravagantes mezclas de sonido y su cine de autor, ya que encabezaba cada uno de los aspectos de la filmación, desde lo argumental hasta lo técnico.

De hecho, no hay motivo para negarlo: el tipo era un obsesivo del control. Hay muchísimas historias que prueban que Kubrick generaba un infierno en cada uno de los sets donde trabajaba.

Por ejemplo, maltraba y asustaba a la actriz Shelley Duvall para obtener una interpretación perfecta para El Resplandor y tenía miedo a volar, por lo que todas sus filmaciones tenían que adaptarse a su negación de salir de Inglaterra.

Incluso pasó años documentando información histórica para obras que nunca llegó a concebir y pasó tanto tiempo escribiéndole una carta a Akira Kurosawa (de quien era un fan) que el japonés murió sin siquiera recibirla. Con The Killing pasó algo muy loco también, pero ya llegaremos a eso.

The Killing: el film olvidado de Kubrick

Las historias de complejos y arriesgados robos son una estampa del cine. Es un género que parece atemporal, emocionando hoy a la audiencia con la misma euforia que hace cincuenta años. The Killing (que en Latinoamérica se llamó “Atraco perfecto”) es considerada una de las primeras grandes películas de atracos e, incluso, la primera obra maestra de Stanley Kubrick.

Johnny Clay (Sterling Hayden) decide dar un último golpe que le permitirá retirarse junto a su amada Fay. El plan es llevarse la recaudación de las carreras de caballos de un hipódromo. Después de una meticulosa selección de colaboradores, planea la estrategia del asalto con una precisión insospechada.

The Killing es una película admirable, especialmente desde la edición y puesta en escena. Pese a que para 1956 ya se había popularizado Rashomon (1950), de Akira Kurosawa, el esquema narrativo no lineal (junto a la perfecta utilización de tiempo y espacio) fue un aspecto innovador para la época.

La trama va rastreando, como una especie de falso-documental, los movimientos de cada uno de los personajes participantes del robo desde varias lugares, tiempos y perspectivas. Kubrick mantiene la expectativa de principio a fin; hasta el último momento no sabemos si los ladrones tendrán éxito, si algo saldrá mal o si terminarán todos traicionándose unos a otros.

La voz en off en The Killing

Cuando Quentin Tarantino comenzó a contar historias no lineales décadas después, utilizando a The Killing como inspiración, se lo consideró revolucionario (hoy sabemos que Tarantino, con toda su elocuencia cinematográfica, no es más que el mejor ladrón de todos los tiempos). Fue Kubrick el gran precursor.

En los papeles, es relativamente sencillo describir lo que ocurre en la película, incluso si hay saltos de tiempos constantemente. De todas maneras, la compañía United Artists vio el primer corte y le pidió al director que la editara en orden cronológico porque iba a ser demasiado incomprensible para el público.

A regañadientes, Kubrick aceptó. Pero esta reedición resultó ser todavía más confusa, las escenas no habían sido diseñadas para ser ordenadas de esa manera, por lo que le permitieron volver a la versión original.

El siguiente intento del estudio para facilitar la historia fue pedirle que agregara una narración en off explicando lo que estaba sucediendo. La voz en off en el cine está mal vista, aunque no sea necesariamente mala. Como sea, el director no se copó demasiado.

Agregó la narración para explicar a qué hora estaban sucediendo varias escenas aunque, fiel a su naturaleza maníaca, la voz en off decía los tiempos equivocados. Fue lo suficiente sutil como para que el estudio no rompiera todos los lazos con él por su insolencia, pero si querés guiarte en The Killing a partir de la narración, estás perdido.

Los personajes miran su reloj y la hora casi nunca está en sincronía con lo expresado por el narrador. No queda otra que cuestionar todo lo que dice la voz en off y seguir con atención los movimientos de los personajes, que era lo que Kubrick había pretendido desde un primer momento.

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