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2º BACI – REVIEW: Cesare deve morire

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Críticas

2º BACI – REVIEW: Cesare deve morire

Cesare deve morire. Una farsa dentro de un relato sobre una representación de una puesta en escena.

I.

Los muchachos de la mafia en Italia son la gente más pesada y por lo tanto una cárcel en donde estos sean recluidos debe de estar a la altura de las circunstancias. Así es la cárcel de Rebibbia de Roma, un lugar que parece una citadela por cuyos pasillos, cuartos y patios los reclusos ensayan Julio César, de Shakespeare, una obra sobre la traición y la conjura de Casio y Bruto para asesinar al César en nombre de Roma.

La secuencia inicial abre con la superficie de este film de varias capas. Se trata de la representación de final de la obra que han ensayado frente a los espectadores en el teatro de la cárcel –sí, alta seguridad y con teatro- Bruto busca quien lo ayude a morir pero ninguno de los conjurados quiere sino hasta el último que le da la fuerza para atravesarle el puñal. El corte lleva a al final de la obra donde César reaparece luego de haber sido asesinado y toma de la mano a Bruto quien yace sin vida en el centro de la escena. El actor se levanta y caminan juntos hacia el frente del proscenio donde se unen con Casio y saludan a la audiencia. El resto del elenco los acompaña en un gran saludo y celebración.  Los reclusos se cambian y entran a sus celdas donde son encerrados y dejados ahí. A continuación se nos presenta en blanco y negro lo que sucedió seis meses antes cuando comenzaron con los ensayos para llegar a eso. La farsa quedó presentada y el espectador fue advertido sobre lo que va a ver, mentiras detrás de mentiras que conformarán un relato.

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Continuamente uno se va olvidando sobre lo que está viendo así como los reos cada tanto se olvidan que están presos. Pero el tema de la obra de Shakespeare es una conjura y la mafia sobre eso sabe por lo que les toca de cerca todo lo que allí está en juego. Esa famosa técnica de la memoria emotiva se aplica perfectamente aquí porque el espectador también se olvida de que está viendo no-actores interpretando a Shakespeare dentro de la piel de reos.

Algo que me gusta hacer con ciertos documentales es el jugar con el límite de lo verídico y lo ficcional que se pone en escena. Esta película es una representación pero también es una farsa calculada hasta el mínimo detalle. Por eso dije, sin ánimo de sonar pretensioso, que se trata de un relato –la película- sobre una representación –la obra de Shakespeare- de una puesta en escena –la vida de los reos dentro de la cárcel- y todo esto compone a la gran farsa. Tanto me daría que fuese presentada como un documental que una ficción –sí, me planto en esto- porque todos los elementos entran en juego de igual forma.

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II.

La cárcel es el espacio por donde ellos, los prisioneros, sueñan sobre la libertad que conocen y existe detrás de las grandes paredes. El teatro los ha llevado a otra época donde no pareciera haber códigos tan distintos a los suyos del siglo XXI. La identidad de estos no-actores transita de un actante a otro: del mafioso al recluso sin libertad al actor de la obra al personaje y de ahí de nuevo a cualquier  de los recién mencionados. El actor que representa a Bruto tiene que decir una línea durante un ensayo y esto lo deprime. El director le pregunta qué es lo que le pasa y este le contesta que esa misma línea se la dijo un amigo de él de la infancia antes de cometer un crimen. Ahí está la empatía que el sujeto siente con todo esto. Sigue, –No fueron las mismas palabras pero en esencia era lo mismo. Creo que ahí está un poco condensado lo que siento sobre la película, el ciclo de identificación del mafioso que ocurre durante un ensayo con sus ropas de presos en el pasillo de la cárcel mientras son filmados a plano y contra plano y todos creemos estar viendo a Casio y Bruto complotando contra el César y no a un grupo de criminales en una cárcel de máxima seguridad.

Hay momentos sencillamente geniales durante toda la película. Al estar continuamente jugando con estas capas de realidad a veces el cambio es brusco y directo. Uno de ellos es el casting y lo que sucede después. En un plano medio los reos hacen el casting en donde dicen su nombre, fecha de nacimiento, quienes son sus padres y de donde provienen, primero en llanto y luego con furia. Luego al ser presentados ante cámara y con el director diciéndoles sus papeles en la obra, la diégesis se rompe y se los vuelve a presentar uno por uno con un sobreimpreso que informa hace cuanto están en la cárcel, cuál fue su delito y la sentencia.

III.

Punto aparte para la puesta de cámara durante todo el documental que es sencillamente genial. Las historias mostradas a lo largo de la peli se ven muy bien desde las imágenes que permiten ir capa a capa profundizando sobre cada una. El otro punto alto de la película es el sonido fuera de campo. Con este recurso se logran dos cosas, una es el de adornar los ensayos que van escena a escena representando Julio César y además permite esa asociación con la idea de aquello que está del otro lado, esa libertad que el teatro les muestra que existe pero cuando se baja el telón se les niega.

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Conclusión

Hay varios temas que se pueden rescatar de Cesare debe morire. Uno de ellos es la empatía que se vive a través del arte. El actor que interpreta a Casio es un hombre que está desde el ’75 en la cárcel y se encuentra sentenciado de por vida. Cuando es encerrado en su celda al final de la película se lo escucha en off que dice “Desde que conozco el arte, esta celda es una cárcel”. De esa empatía esta suerte de mini-soliloquio nos lleva al otro tema, el de la libertad -Bruto asesina a César por la libertad de su pueblo- así como el pueblo sentenció a estos criminales por su propia libertad.

La dualidad está puesta en juego siempre permitiéndonos pensar sobre el arte representativo y las limitaciones de lo absoluto de la realidad.

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