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REVIEW: El Sacrificio del Ciervo Sagrado

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REVIEW: El Sacrificio del Ciervo Sagrado

Una propuesta lo suficientemente sólida y justificadamente perturbadora.

el sacrificio del ciervo sagradoGanadora del Premio al Mejor Guion en el pasado Festival de Cannes, llega a las pantallas argentinas El Sacrificio del Ciervo Sagrado, del realizador Yorgos Lanthimos, responsable de The Lobster, una de las nominadas al Oscar por Mejor Guion Original del año pasado a quien mejor le sienta ese término. En esta oportunidad, Lanthimos se inclina por un contexto más realista, sin dejar del todo las inclinaciones fantásticas de su anterior obra.

Matar a un Ruiseñor…

Steven, un cirujano, tiene una amistad bastante particular con un joven llamado Martin, quien ha perdido recientemente a su padre. Paralelamente, la familia de Steven comienza a tener problemas de salud severos, cuya explicación tendría mucho que ver con el origen de la relación que tiene con Martin.

La estructura narrativa que propone El Sacrificio del Ciervo Sagrado es sólida, pero es el cómo se desarrolla lo que generará no pocos debates, ya que el guion es un ejercicio de cocción lenta y perturbadora. La primera mitad tiene al espectador preguntándose en todo momento cuál es la relación entre estos dos personajes y de dónde se conocen. La segunda, cuando todo está aclarado, es donde empieza a acelerar el verdadero conflicto.

Es comprensible que algunos puedan ver esta distribución del conflicto como un tropiezo, pero Yorgos Lanthimos y su co-guionista Efthymis Filippou lo hacen con una razón muy clara: no tanto por conocer en profundidad a los personajes, sino para manipular la percepción moral que el espectador tiene de ellos. La película empieza con el medidor de empatía bien en lo alto, para luego, conforme progresa la trama, empezar a descender a niveles alarmantes, llegando a un extremo tal que el único personaje por el cual se termina sintiendo algo de empatía es el hijo pequeño de Steven.

Respecto a lo perturbador del guion, es un término planteado en el sentido más categórico de la palabra: la imagen que abre el film es un corazón latiendo en primerísimo plano y sostenido durante varios minutos con un lentísimo movimiento de cámara. A menos que el espectador sea médico, esta es una imagen que va a ser difícil de ver, y sobre todo con el ritmo que le imprime Lanthimos.

Luego tenemos a Steven hablando, sin ningún pudor ni vergüenza, de masturbaciones paternas a su hijo pequeño. Después, veremos al personaje de su esposa, que cuando no simula una parálisis absoluta a modo de role playing sexual en el lecho matrimonial, masturba a otro hombre a cambio de información. Seguidamente tendremos a una hermana que intimida a su hermano a aceptar su muerte, por motivos tan emocionales como materialistas. Aunque las palmas se las lleva uno de los más elaborados juegos de ruleta rusa con un enorme sentido del humor negro. Esto no es el shock por el shock mismo, cada uno de estas perturbadoras escenas contribuye a la progresión narrativa de El Sacrificio del Ciervo Sagrado y a la evolución de los personajes (aunque no sería errado utilizar el término “involución”).

Dicho todo esto, la única contra que se le podría achacar son los diálogos obvios y repentinos, más propios de un robot o de un personaje de una utopía de ciencia ficción que de un ser humano real.

En materia actoral Colin Farrell y Nicole Kidman entregan dignos trabajos a la altura del complejo desafío que propone esta cinta. No obstante quien destaca es Barry Keoghan, llevando con eficiencia al espectador de la lástima al odio más ardiente.

Por el costado técnico hay una propuesta visual que no tiene medias tintas, oscila entre los más pronunciados planos amplios y los más extremos acercamientos. Su propuesta sonora se dedica a en todo momento incomodar al espectador con lo turbio de su atmósfera, y sostiene este malestar incluso en los títulos finales.

Conclusión

El Sacrificio del Ciervo Sagrado es una propuesta densa y shockeante, pero con meritorias justificaciones para ostentar esos adjetivos narrativamente hablando. Una decadencia moral en caída libre a nivel personaje. A lo mejor no será para el paladar del público general, pero aquel predispuesto a este tipo de cine encontrará difícil alejar la mirada de la pantalla.

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