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Guapis, en Netflix (REVIEW)

Críticas

Guapis, en Netflix (REVIEW)

La galardonada película francesa Guapis (Mignonnes) llegó a Netflix luego de las condenas por su polémica campaña publicitaria. Crítica a continuación.

La ópera prima de la franco-senegalesa Maïmouna Doucouré aterrizó en nuestro país a través de Netflix tras un controvertido debate generado en las redes sociales alrededor de su campaña de marketing. El gigante del streaming había decidido publicitar el film Guapis (también conocido como Cuties o Mignonnes) con una foto en donde se veía a las niñas protagonistas con poca ropa y poses sexualizadas. El revuelo obligó a la plataforma a pedir disculpas y cambiar la foto por una un tanto más «aceptable», mientras que la directora, víctima de insultos y hasta amenazas de muerte, decidió ponerle fin a su cuenta de Twitter.

Lo que ninguno de estos detractores sabía, puesto que apenas había sido estrenada días antes en las salas de Francia, es que lejos de querer hacer apología de la pedofilia, la ficción representa una firme crítica hacia las infancias hipersexualizadas que día a día son influenciadas por la mediatización de modelos de mujeres cosificadas para el consumo masculino.

Las Guapis

Consagrada con el galardón a mejor dirección en el Festival de Sundance, Guapis sigue los pasos de Amy (Fathia Youssouf), una niña senegalesa de 11 años que acaba de inmigrar con su madre y sus dos hermanos pequeños a un barrio popular de París. En su nuevo colegio, Amy descubre a unas populares chicas que lucen ropa fashion y practican coreografías en la calle con el objetivo de participar en un concurso de baile local. A través de Angélica, su vecina y líder de Las Guapis, la protagonista comienza a introducirse en este misterioso mundo de danzas provocadoras, escotes y lluvia de likes por Instagram. Sin embargo, esta exploración de la sexualidad femenina entra en tensión con los rígidos mandatos que imperan en su cultura musulmana y las expectativas de su entorno familiar.

La sumisión patriarcal de la figura política de la mujer encuentra su reflejo más cercano en la madre de Amy, quien espera angustiada a que su marido llegue al país europeo para instalarse en el hogar familiar con su futura nueva esposa. Una situación que traumatiza profundamente a Amy e intenta reprimir obsesionándose por encajar en el grupo de niñas. Pero ella irá todavía más lejos que las demás, imitando los bailes frenéticos de twerking, nalgadas y miradas lascivas que observa en los videoclips de reggaeton.

Está claro que para la visión inocente de esta pre-adolescente solo existen dos opciones posibles de mujer: aquella condenada a servir a un esposo y aceptar su bigamia, esclava del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, o las jóvenes sexis y desafiantes de belleza hegemónica constantemente pendientes de la aprobación masculina. Optando por este segundo grupo, Amy se siente parte de la «rebelión», a pesar de que aquello no represente más que otro disfraz de empoderamiento femenino construido por una sociedad machista.

La directora, que además de recopilar entrevistas a chicas de esa edad se inspiró en parte de sus vivencias y en la historia de su primer corto titulado Maman(s), no teme mostrar con crudeza el proceso de exploración y afirmación de esta niña atrapada entre dos mundos. Resulta sumamente incómodo observar cómo el cuarteto de jovencitas fingen ser adultas con sus poses y rutinas provocadoras, aunque ninguna de ellas tenga plena conciencia de lo que significan. Doucouré lo sabe y por eso decide agudizar el desagrado del espectador con su imponente cámara, citándolo a una reflexión acerca de cómo los estereotipos de las redes y la objetivización de la mujer influyen peligrosamente en el desarrollo de la personalidad.

La narrativa de Guapis se ve beneficiada por su ritmo veloz y algunas escenas hipnóticas y casi surrealistas en donde resulta destacable el excelente trabajo de fotografía de Yann Maritaud, quien contrasta la opacidad del hogar familiar con los colores fluorescentes del universo juvenil.

Por otro lado, de más está decir que la pequeña revelación de Fathia Youssouf hace un papel de un realismo desgarrador que la lleva por momentos al límite de sus emociones.

Sin duda, estamos ante una nueva y poderosa voz autoral que hace que Guapis sea incomparable con cualquier otro coming of age. Un prometedor debut que nos motiva a seguir de cerca los pasos de esta cineasta con perspectiva de género.

Guapis, en Netflix (REVIEW)
Conclusión
Guapis es un drama atrapante, arriesgado y reflexivo que pone de relieve temas como el choque cultural, la sexualización de la niñez, la presión social y el impacto de las redes en la vida de los más jóvenes. Su penosa campaña publicitaria, sumada a la incomodidad que provocan algunas escenas, probablemente inciten a lecturas incorrectas, aunque queda claro que la directora hace un trabajo crítico impecable sobre la cultura machista, tanto oriental como occidental.
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