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Los Chicos de la Banda (REVIEW)

Críticas

Los Chicos de la Banda (REVIEW)

Jim Parsons, Zachary Quinto, Matt Bomer y una fiesta de cumpleaños que se sale de control cuando un amigo aparece de sorpresa, disparando viejos conflictos que Los Chicos de la Banda habitualmente evitan enfrentar.

Los Chicos de la Banda, una fórmula probada que vuelve a la pantalla. Crítica a continuación

La fiesta que Michael (Jim Parsons) organizó en su departamento para celebrar el cumpleaños de su amigo Harold (Zachary Quinto) podría haber sido igual a otras que ya han tenido, pero esta vez la edad le está haciendo replantearse varias cosas en su vida. Ha comenzado a cuestionar su sentido.

La sorpresiva aparición de un viejo amigo de la universidad, al que siempre le ocultó su vida privada, parece ser la gota que rebalsa el vaso, especialmente cuando se muestra prejuicioso y violento hacia algunos de los presentes.

A medida que todos se van emborrachando y liberándose de las inhibiciones, los cruces ácidos que en un principio resultan divertidos van escalando en violencia. Finalmente, Michael propone un juego un tanto cruel: fuerza a todos Los Chicos de la Banda a llamar por teléfono a la persona que más hayan amado en sus vidas para confesarle sus sentimientos.

Los Chicos de la Banda con problemas de pronombres

Originalmente estrenada en 1968 como una obra de teatro, Los Chicos de la Banda (The Boys in the Band) fue adaptada y representada varias veces a los largo de los años, incluyendo una película de 1970 dirigida por William Friedkin (sí, el mismo que poco después haría clásicos como El Exorcista y The French Connection), a la cual esta remake toma de referente para su reconstrucción. Así lo reconoce Joe Mantello, director tanto de este film como de la versión teatral de 2018 con el mismo elenco.

Esa familiaridad es muy evidente en cada escena de Los Chicos de la Banda, reflejada en la gran química entre los personajes y en cada línea de diálogo que se entrelaza con la siguiente como una maquinaria de relojería perfectamente aceitada. Y sin embargo, aunque se nota el origen teatral de la propuesta, no cae en la estaticidad que suelen sufrir la mayoría de este tipo de adaptaciones, que en casos extremos llegan a parecer obras de teatro filmadas.

Por el contrario, Los Chicos de la Banda exige -principalmente en su primera media hora- un nivel de atención bastante alto para no perderse ningún detalle en ese torbellino de información que es la presentación de los personajes y los primeros momentos de la fiesta, cuando todavía todo promete ser alegre. Mucha de esa información llega de la boca de alguno de los personajes, pero también Mantello utiliza el lenguaje visual para profundizar en lo que está contando sin necesidad de decirlo de forma explícita.

Después de ese primer acto de comedia, poco a poco el clima se transforma, literal y simbólicamente. De la misma forma en que la tormenta los obliga a continuar la fiesta en el interior, la ironía del humor con el que se tratan se vuelve cada vez más venenosa. Aparecen los primeros silencios incómodos a medida que van saliendo a la luz los profundos pesares que sufre cada personaje y se denuncian las hipocresías tras las que los esconden. La edad, la imagen, pero particularmente la forma en que cada uno manifiesta o esconde su deseo, son los blancos preferidos para atacarse mutuamente, porque son justamente los que ya conocen como puntos débiles.

Cada uno de los chicos de la banda podrá representar un estereotipo diferente, algo que le valió más de una crítica incluso al momento de su estreno original, pero ninguno de ellos termina siendo una representación plana del modelo que encarna. Cada uno a su modo habla del dolor que le causa sentirse expulsado de la sociedad por llevar adelante un estilo de vida que no condice con la norma aceptada, un odio exterior que se convierte en interior y autoflagelante.

Así, por más que mucho ha cambiado en estos cincuenta años, no deja de sentirse una historia vigente, y no solo como representación de una época o de un grupo específico.

Vale aclarar que no todo es oscuro y deprimente, pero siendo una obra estrenada casi al mismo tiempo que sucedían los disturbios de Stonewall es esperable que aun existiendo rasgos positivos en las relaciones románticas y de amistad, las preocupaciones centrales de los personajes sean otras. 

Hay mucho humor en Los Chicos de la Banda, pero está muy lejos de ser una comedia que solamente pretenda entretener o que pueda ser tomada a la ligera: la crítica que propone es facetada y susceptible a interpretaciones, de esas que no conviene observar en soledad porque mientras corran los títulos es muy probable que necesites comentarla en voz alta.

Los Chicos de la Banda (REVIEW)
Conclusión
Tan ágil como ácido, el ajustadísimo guion de Los Chicos de la Banda disfraza con humor su profundo contenido dramático, entregándolo interpretado por un elenco que hace gala sin fisuras de una gran química en escena.
Nota de lectores2 Votos
86
90
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