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REVIEW: CASABLANCA (RE-ESTRENO)

Críticas

REVIEW: CASABLANCA (RE-ESTRENO)

70 años y la sigue rompiendo.

Antes de empezar a leer, ponéte este tema.

Si esta fuera una review según los estándares que se acostumbran, lo único criticable, por virtud o por defecto, es como está la copia de la película a nivel imagen y sonido. La respuesta sería que está muy bien en ambos apartados; mis aplausos al restaurador.

Pero también, si esto fuera una review hecha y derecha, con estas palabras se termina todo, ponemos un trailer y a otra cosa mariposa.

Pero esta no es cualquier película.

Esto es Casablanca.

Me retracto, no es Casablanca. Es Casablanca en cine.

La experiencia de ver en pantalla grande este clasicazo deja a escribas cinéfilos sin palabras o, en su defecto, los pone en la imposibilidad de manifestar la experiencia en solo un puñado de las mismas.

La idea de estar en una sala de cine, a la que vas un fin de semana con tu balde de pochoclo (dulce en mi caso), y ver un clásico del cine como si hubieras viajado en el tiempo al año de su estreno, es una propuesta que, más allá de que hayas visto la película una y otra vez, no podés ni querés rechazar.

Críticos, cineastas, intelectuales y cinéfilos han hablado maravillas de esta película. ¿Se merece tantos elogios? Todos y cada uno. Pasados, presentes y futuros.

Es una película que no solo está bien escrita, sino maravillosamente filmada y mejor musicalizada. Ver a Bogart jugar al ajedrez en ese plano medio que se ve como tal en la TV, pero que en una pantalla de cine es gigante y un millón de veces más cautivador.

Tararear, moviendo los labios aunque sea, It had to be you, Knock on Wood y la inolvidable As Time Goes By, sobre todo cuando un ebrio Rick empieza a rememorar tiempos felices donde no era tan cínico como lo pintan.

La risa que nos genera la corrupción; sutil, elegante y cómica; pero corrupción al fin del Capitán Renault. “Estoy horrorizado de ver que aquí se hacen apuestas” y viene el croupier a darle sus ganancias. Priceless.

Sasha, el barman ruso, que infructuosa y repetitivamente trata de convencer a Yvonne que la ama. Y cuando Rick la quiere mandar a casa por haber bebido de más, él le remata con un “Te amo, pero él me paga”.

La famosa batalla de los himnos, donde Víctor Laszlo persuade a la banda a tocar “La marsellesa” para tapar el prepotente canto de los nazis.

Aquellos diálogos inolvidables tales como “De todos los bares, en todas las ciudades de todo el mundo, ella entra al mío”. O cuando el Mayor Strasser le pregunta su nacionalidad a Rick y este contesta “Borracho”. O cuando Ilsa no recuerda su último recuerdo con Rick, y este parece recordar hasta el último detalle: “Fue en La Belle Aurore. Los Alemanes vestían de gris y tú de azul”. O la justificación de Rick por su gesto de nobleza hacia el final: “Si ese avión se va y tú no estás en él, te arrepentirás. Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto y por el resto de tu vida” así como “No soy bueno siendo noble, pero no hace falta mucho para ver que los problemas de tres personas no son gran cosa en este loco mundo”. Pero las que no se pueden omitir, y nadie es capaz de hacerlo, son: “Siempre tendremos Paris” y “Here’s looking at you, kid” (Así, en Inglés; son esas frases que el corazón no te deja traducir)

Muchas veces, cuando uno ve una película más de una vez, no puede evitar encontrar cosas nuevas, cosas que uno simplemente no percibe la primera vez. Si bien, es sabido que Rick es, en el fondo, un sentimental, uno llega a estas conclusiones a través de sutilezas en el subtexto de los personajes. Pero al ver Casablanca por primera vez en pantalla grande, en la escena donde Bogart es abandonado por Ilsa en la estación de trenes, me percaté de algo que creo pocos se habrán dado cuenta: Bogart llora. Es este sencillo gesto, esa lágrima que para verla hay que prestar mucha atención, es la cabal prueba de que ésta es la gran actuación de Bogart. Ha tenido muchos grandes roles, pero ninguno con la contradicción, la multidimensionalidad, y la humanidad de Rick Blaine. Ese descorazonador momento bajo la lluvia en la estación de trenes Parisina nos demuestra que todo cinismo tiene un origen.

Hay un diálogo entre Ilsa y Rick, que tal vez haya sido improvisado, tal vez estaba en el guion, pero que explica a la perfección lo que fue el rodaje de Casablanca: “¿Puedo contarte una historia?” dice Ilsa. “Tiene un buen final” contesta Rick. “No sé el final” contesta Ilsa. “Bueno, contámela, tal vez se te ocurre un final mientras me la contás.” Uno de los tres Oscares obtenidos para esta película fue para su guion, el cual en el momento de su rodaje no estaba terminado; apenas tenían la mitad de las páginas y filmaban lo que escribían la noche anterior. Lo que se dice un accidente feliz; muchas obras maestras lo son.

Podría llenar páginas y páginas de peroratas y datos inútiles que la mayoría ya sabe (por ejemplo que “Tócala de Nuevo, Sam” nunca se dijo en la película) o podría decirles que tienen una oportunidad de oro para ver una película como ninguna otra, del modo que se supone debe ser vista. Andá solo, con tu novia, tu vieja, tu hermana, tu abuelo, como sea; es una oportunidad que no te podés perder bajo ningún punto de vista. Si hay una película en este financieramente inflado panorama cinematográfico que vale la pena los 40 pesos es esta. Si no la viste, no pierdas más tiempo leyendo esta nota y andá a comprar las anticipadas. Hacéme caso, no te vas a arrepentir. Sobre todo si es la primera vez que la ves.

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