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REVIEW: La Araña Vampiro

Críticas

REVIEW: La Araña Vampiro

En su segunda película, el director de Los Paranoicos, se manda con un correcto despliegue de cine clásico que llega a ser un ejemplo de libro.

Fueron las casualidades de la vida, o las presiones de un calendario apretado sobre mi editor-en-jefe, las que determinaron que me haya tocado en suerte ver la otra ganadora del último BAFICI como Mejor Película Argentina (esta vez de la competencia internacional). Si bien el punto que tiene en común con Papirosen es que es una película que viene a decir presente, este título se anima a enseñarnos que con un guión, realización y actuaciones como la gente, pueden traer como resultado un buen cine de género nacional.

¿Cómo está en el papel?

Si hay algo que no se le puede criticar a La Araña Vampiro es el que no tenga un conflicto y un personaje claros. La película como que se enseña a sí misma y, más importante todavía, nos enseña a nosotros, los espectadores, lo que necesita un guión de una película de género (en este caso de aventuras) para funcionar bien. Alcanzan dicha meta a través de evitar meterse en cosas grandilocuentes y limitándose a proveer a la narración de los elementos indispensables: un personaje protagonista, con una personalidad peculiar (es hipocondriaco) y con un backstory complicado (no sabe comunicarse con la gente; ni siquiera con su padre), se le presenta un problema (lo muerde una araña) que debe resolver (que lo muerda una araña similar), para lo cual necesitara la ayuda de un compañero (un guía, tan alcohólico que es capaz de tomar alcohol etílico).

En el primer acto recibimos esta información, pero una cosa es recibir la información, y otra muy distinta es involucrarse con la misma. Una cosa es la sutileza, otra cosa es la sinceridad y otra cosa es la sequedad con la que le comunican al personaje de Martin Piroyansky lo que le está pasando. Le dicen “Te estás muriendo, pibe”. Más de uno tacharía esto de simplicidad, pero viendo y considerando que es un hipocondriaco al que se lo están diciendo, una persona que está en constante temor y preocupación por su estado de salud, el que alguien le confirme que su peor miedo se está por materializar, lo que nos involucra indefectiblemente como espectadores con la historia.

El segundo acto es lisa y sencillamente la travesía que hace el personaje junto con su guía, sin otro antagonista o conflicto más que el tiempo que cierra su puño cada vez que pasa el mismo y el trayecto del veneno se empieza a hacer más notorio en el personaje. Es acá donde nos adentramos en su punto de vista, a tal modo que palpamos junto al personaje la desorientación, la incertidumbre y la desesperación que está sufriendo.

Del tercer acto no entrare en detalles sino más que decir que es donde la película deja en claro una máxima insoslayable del guión cinematográfico: Toda buena historia es sobre una transformación.

¿Cómo está en la pantalla?

La Araña Vampiro a la hora de ser filmada sigue el mismo clasicismo que el de su guión, pocos planos por escena, iluminados en lo mínimo indispensable, yuxtapuestos por un atento montaje.

El trabajo de cámara también establece marcadas diferencias entre acto y acto. En el primero y tercero la cámara es estable y fija, correspondientes a los momentos de mayor calma y seguridad de la historia; mientras que en el segundo acto predomina una cámara en mano, correspondiente no sólo a la tensión sino a la naturaleza en la que están expuestos los personajes donde la flexibilidad permite un amplio rango de cobertura.

El trabajo de sonido también es notorio, los diálogos y sonidos de la película, al menos aquellos cuyo entendimiento es menester para la historia, son claros y precisos. También cabe destacar la utilización de la música.

El rango actoral es decente, no a la altura de los galardones que le dieron, pero con la convicción, credibilidad y emoción suficiente para transmitir la historia que quiere contar.

Conclusión

Un cuento de aventuras narrado sin mayor grandilocuencia acarreado por un realizador que no tiene miedo en abordar la sencillez y que cumple con todo lo que se propone. No es una obra maestra, pero es un paso adelante y un testimonio más que claro del cine de género, sin mensajes ni política, pero con historias bien hilvanadas y narradas con oficio;  puede ser una regla más que una excepción en el cine nacional.

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