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REVIEW: Pyporé

REVIEW: Pyporé

La ópera prima de Javier Defox y Facundo Jacinto, Pyporé, es un documental tan personal como universal, narrado de un modo muy curioso.

documental pyporé

Esta es mi familia

¿Quién no se ha filmado junto a su familia durante algún evento, algunas vacaciones, o en la rutina misma haciendo uso de cualquier dispositivo con una cámara? ¿Cuántos de ustedes han vuelto a ver esos videos con el tiempo?

Pyporé, la ópera prima de Javier Defox y Facundo Jacinto guarda en su interior algo de eso, y allí radica gran parte de su magia.

El propio Defox se ubica delante de cámara, no como protagonista absoluto sino como parte de un conjunto, su familia. A la que tendremos el gusto de conocer.

María Nieves Montes es su pareja, Clara Dejesus Montes (Yaya) la hija de ambos. Pyporé es la búsqueda de una historia, un faltante dentro de esa familia, y Defox pide que lo acompañemos.

Los árboles genealógicos anteriormente se reconstruían a través de fotos; y antes a través de documentos. Defox planeó documentar en video la búsqueda de esos faltantes en su árbol. Búsqueda que incluye un obligado viaje.

Auxiliar de limpieza en un colegio, poeta ¿aficionado?, militante político obrero (lo cual queda sutilmente expuesto en Pyporé). Defox es la mano guiadora, pero intenta que la protagonista sea la propia Yaya.

Pasado, presente y futuro

Javier quiere que su hija conozca más la historia de su familia. Siente que hay una parte de ella que si bien conoce (o cree conocer), no la siente integrada. En realidad, Yaya puede ser una excusa para reincorporar aquella parte con la que perdió contacto.

Don Erasmo Dejesus fue un trabajador rural, de origen paraguayo, que peleó en la Guerra del Chaco y pudo instalarse posteriormente en nuestro país. Don Erasmo es el abuelo de Javier, bisabuelo de Yaya; y es el motivo que inspira la realización de Pyporé.

Yaya no conoce a este personaje, y Defox pretende llenar ese hueco recabando información y realizando un viaje a Cerrito, Paraguay, el pueblo originario de Erasmo.

Hay un halo de legado, también de búsqueda del pasado para pararse en el presente. La idea del lazo familiar como el hilo invisible que nos une y nos define comienza dibujarse.

Pyporé podría ser comparada con el logrado documental Beirut – Buenos Aires – Beirut de Hernán Belón, en el cual la actriz y empresaria Grace Spinelli emprendía un viaje que la unía con su historia familiar en la ciudad que la da título. Una historia signada también por el dolor, como puede ser la de Pyporé.

Pero allí donde Belón se inclinaba por un registro básico de diario de viaje y reencuentro de partes, Defox y Jacinto optan por un entramado que mezcla los tiempos y los fortalece.

En Pyporé no solo veremos la acción durante el rodaje del viaje. A modo de un improvisado reality show o backstage, el propio Javier Defox nos habla a cámara una vez que ya todo ha finalizado, contándonos cómo fue realizar este documental. Un recurso muchas veces utilizado con disimulo, como relleno de huecos que quedaron durante la acción principal. La diferencia con Pyporé es que lo cristaliza, lo expone, y así se aleja de ser un relleno para ser una acertada elección estilística.

El hombre de las ¿dos? caras

Javier está entusiasmado con que Yaya conozca Paraguay y pueda por fin presentarle, aunque sea a través de testimonios de quienes lo conocieron mejor, a un hombre de quien guarda buenos conceptos.

Don Erasmo según Javier era un hombre bondadoso, algo hosco pero de buen corazón, valeroso en su lucha durante la guerra del Chaco junto a sus compañeros.

Pero cuando entreviste previo al viaje a su tía Betty, se enciende la primera alarma. Betty también aclara que fue un buen hombre… pero le pegaba a ella y a su esposa. Era mujeriego y no permitía que la mujer se revele, ni su hija pueda expresar tímidamente su sexualidad.

Allí comienza otra película dentro de Pyporé, la deconstrucción de un personaje según las diferentes ópticas. Hay quienes lo justifican, lo condenan, quienes tienen una visión parcial y por lo tanto creen algo que no es, o no es en su totalidad. ¿Hay forma de conocer a un hombre en su totalidad?

Mi familia al crudo

Nieves también cobra valor dentro del armado. No solamente más de una vez será la portadora de la cámara. Es una mujer sensible, pero también una mirada externa del núcleo Dejesus, que habla y siente como parte de la familia pero puede otorgar una mirada más amplia, sin tanto bagaje previo.

Yaya es la mirada traviesa, juguetona, una nena con mucha claridad mental que se nota rodeada de mayores, pero también influenciada en su hablar por los productos de consumo extranjero (habla en el neutro de los doblajes de dibujos animados). En su observación inocente capta también mucho de la tónica de esa familia, y se palpa la devoción de sus padres.

Finalmente, Pyporé será eso, una cápsula temporal, muy emotiva, para conocer a una familia que puede ser como la de cualquiera de nosotros, y Defox nos corre la mirilla para que podamos observarla durante un período.

No hay preciosismos estéticos, hasta puede darse el lujo de hacer corridas de cámara que técnicamente quedarían desprolijas, pero aportan en su idea de un registro natural. Defox puede aparecer en cámara con alguna copa de más, o con un plano trasero (en todos los sentidos) que no lo favorece; Betty le habla a Yaya y no mira la cámara; Yaya se hurga la nariz; Nieves rompe espontáneamente en llanto; y un hombre orina detrás de un árbol… como lo haría cualquiera que se filma en un video familiar.

El gran hallazgo de Defox y Jacinto es haber logrado un entramado que capte nuestra atención, con varias capas y vueltas que nos conducen por diferentes emociones simultáneas (el homenaje a Betty es tan simple como bellísimo). Permite sublecturas y hasta un metalenguaje visual (las lecturas políticas son amplias) que la convierten en un evento cinematográfico indudable.

Conclusión

Pyporé de Javier Defox y Facundo Jacinto se vale de un registro documental crudo para contar una historia familiar tan íntima como universal. Las elecciones narrativas, el carisma de sus integrantes, la emotividad natural y el lenguaje social que se esconde detrás, terminan de dibujar una apreciación muy positiva.

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