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Críticas

REVIEW: Rara

Rara, coming of age en el reaccionario siglo XXI

Mundo raro

El advenimiento del nuevo milenio ha significado, por lo menos en buena parte del continente americano, el reconocimiento social y una reivindicación legislativa para la comunidad LGBTIQ.

Sin embargo, es válido decir que detrás la corrección política y las leyes de matrimonio igualitario se esconde un elemento homofóbico muy grande en la estructura social. Los prejuicios y la intolerancia todavía existen ante las parejas del mismo género que han conformado una familia, ya sea a través de la adopción u otros métodos de fertilización. Rara, la opera prima de la chilena Pepa San Martin, resalta justamente esta hipocresía poniendo el foco en la cotidianidad de una niña preadolescente con dos madres.

Sara (Julia Lübbert) está atravesando los típicos cambios de la pubertad. Su cuerpo, sus intereses y sus pensamientos están cambiando;  indudablemente la vida empieza a verse diferente para una joven de trece años. Como en la mayoría de estos casos, la búsqueda de contención de esta niña está en su hogar,  en sus figuras maternas y/o paternas. La confusión que conlleva esta etapa podría no diferir de las experiencias de miles de jóvenes que comparten su edad, pero cuando su refugio familiar  se ve cuestionado y deslegimitizado por la sociedad, su mundo puede convertirse en algo todavía más difuso. Sara y su hermana Cata (Emilia Ossandón) fueron concebidas por el matrimonio de Victor (Daniel Muñoz) y Paula (Mariana Loyola), pero ésta última es lesbiana y decidió separarse de su marido para vivir con sus hijas junto a Lía (Agustina Muñoz), su pareja actual. Esta situación desemboca en un conflicto legal -inspirado en hechos reales- entre Victor y Paula por las custodia de las niñas; aquí la excusa de la «anormalidad» se utiliza como principal alegato en contra de las dos madres.

Rara: la mirada periférica

Rara bien pudo haberse centrado en la batalla judicial disputada entre los adultos, pero inteligentemente decide correrse de la obviedad y se predispone a contarnos una historia a través de un personaje que no termina de comprender realmente que es lo que está sucediendo a su alrededor. Un protagonista esencial en el argumento, ya que es el disparador inicial de la disputa, con una mirada intuitiva y ambivalente sobre las fuerzas que involuntariamente están ejerciendo sobre ella. El guión no recurre a extensos soliloquios ni a un dramatismo exagerado, sino a la sutileza de pequeños eventos diarios: un docente preocupado por su contexto familiar, diálogos y preguntas aparentemente inocentes, prejuicios disfrazados de verdades. Sin embargo, el film de Pepa San Martin no es puro dramatismo ni agenda política; la directora y guionista se las ingenia para crear un atmósfera amena llena de ternura y breves momentos humorísticos. Buena parte de ellos – ahí donde se sobresale el coming of age – gracias a la perfecta química entre las actrices que personifican, en una gran labor, a las madres y a las hijas de esta historia.

Si bien el guión es uno de los grandes aciertos de esta película, no podemos dejar de destacar la disposición visual de San Martin. La cineasta busca una perspectiva confusa y hasta asfixiante a través de juegos focales, close ups y planos medios. El espectador puede observar como el mundo en el que está inmerso Sara rebasa las posibilidades de comprensión de la protagonista.

rara
Conclusión
Rara es una película que denuncia las contradicciones de la sociedad actual sin la necesidad de subrayar un juicio moral en ningún momento. Un film que apela a la inteligencia como principal arma argumentativa y conceptual.
Nota de lectores2 Votos
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