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El género Aronofsky

Nota por el 26/10/2017
 

Darren Aronofsky siempre ha caminado la cornisa entre ser odiado por su poder de confundir audiencias y laureado por sus soberbias obras. Con su última película Madre!extraña mezcla entre drama condimentado por el suspenso y el thriller psicológico, ha dividido a los críticos. La llegada de su octava película nos pareció una gran oportunidad para revisitar su filmografía y entender un poco más de qué se trata el género Aronofsky.

Aronofsky nació en Brooklyn, y además de director, guionista y  productor de cine es ecologista. De ascendencia judía, nunca demostró interés hacia las creencias de sus antepasados, sin embargo desde muy joven llenó ese hueco espiritual y emocional manifestando un gran interés hacia la antropología y el comportamiento humano, como si la religión fuera algo insuficiente para su búsqueda por el conocimiento y entendimiento de la existencia. Aronofsky llevó adelantes labores como biólogo en Kenia y Alaska a la par que comenzaba a desarrollar un gusto artístico y cultural. Con la llegada a Harvard su futuro se esclarecería y tomaría el rumbo del séptimo arte, graduándose de la carrera de cinematografía en 1991.

Darren Aronofsky es uno de los directores más ambiciosos de las últimas décadas, conocido por sus thrillers psicológicos, sus close-ups extremos y seguimiento de los personajes principales. Fue comparado con el surrealismo místico de Jodorowsky y la grandeza cinematográfica de directores como Lynch y Polanski.  Lo que no hay duda al revisitar su trabajo es que existe el género Aronofsky, hay un asunto con los juegos psicológicos, donde los personajes se debaten entre la cruda realidad, y un otro-mundo imaginado en el cual se representa el inconsciente.

Las películas de Darren a menudo generan controversia y son famosas por sus temas sombríos y violentos. Desde aquel 1998 en que comenzó, hasta el día de hoy, se distingue un tema en común sobre la búsqueda de la felicidad, la necesidad y el anhelo, el amor, la obsesión, y la carga de la responsabilidad.

Analicemos una a una sus películas para entender el género Aronofsky.



Su primer largometraje fue el thriller psicológico Pi (1998), que dirigió y escribió a los 29 años. Filmada en 1997 esta película de bajo presupuesto (solo U$ 60.000) fue vendida a Artisan Entertainment por un millón de dólares. La película le trajo distinciones al joven director, incluído el Director’s Award y el Spirit Independent Award en la categoría mejor primer guión.

Pi es una verdadera odisea vertiginosa en blanco y negro, que cuenta la historia de un brillante matemático que busca la razón de la existencia a través de un elemento numérico. El espectador termina por debatirse entre la demencia de su protagonista (esquizofrenia) y el posible encuentro con una realidad alterna a nuestro simple paso por la vida. Los críticos la calificaron de dramáticamente emocionante y espantosamente inteligente, además de incluir el adjetivo Lynchiano en sus descripciones.

Una película inquietante y extraña que comienza a develar el género Aronofsky, el cual se manifiesta con una destreza narrativa exquisita que convierte lo complejo en posible, la locura en amenaza próxima, y lo extraño en familiar y cercano.

Su siguiente film fue un drama psicológico basado en una novela de Hubert Selby Jr, Requiem por un sueño (2000). La película atrajo algunas críticas muy fuertes. Estrenada en el Festival de Cannes, obtuvo cinco nominaciones en los Independent Spirit y una nominación al Premio de la Academia por la notable actuación de Ellen Burstyn.

Perturbadora e intensa, ofrece su propio viaje ácido, una mirada de primera mano a cuatro personas que se quedan encerradas en su propio infierno. Harry (Jared Leto) y su mejor amigo Tyrone (Marlon Wayans) son adictos a la heroína, viven en Coney Island. La novia de Harry, Marion (Jennifer Connelly), es una adicta tratando de distanciarse de su padre. La ambición de la pareja es hacerse ricos vendiendo droga y utilizar las ganancias para abrir un negocio propio.

Aronofsky nos hace ingresar en este remolino de adicción, y además nos hace vivir el mismo nivel de tortura degradante de sus protagonistas utilizando novedosos trucos en la edición, logrando dejarnos atrapados en ese torbellino de locura psicológica. Para ello lo que se le ocurrieron fueron collages visuales rápidamente editados que retrataban al protagonista tragando fármacos, intercalando primerísimos primeros planos de sus pupilas dilatándose. Contribuyó así a crear un lenguaje para la película que luego sería imitado y recreado hasta el hartazgo por otros.

Requiem por un sueño es singular, durísima e intensa, además de sorprendente desde el punto de vista técnico.

Después de casi dirigir en una película de Batman y escribir una película de terror de la Segunda Guerra Mundial, titulada Below (dirigida por David Twohy), Darren Aronofsky comenzó la producción de su tercera película, una fantasía romántica y a la vez un drama de ciencia ficción, La fuente de la vida (2006). Según el propio Aronofsky, Matrix había revitalizado totalmente el género de la ciencia ficción, por eso quería hacer una película explorando un nuevo horizonte. No fue un éxito de taquilla ni fue bien recibida por los críticos. Desde su estreno en el Festival de Venecia se la tildó de pomposa, pero también se dijo que podía considerarse una joya incomprendida con reminiscencias a Andréi Tarkovski.

El mérito de Aronofsky en La fuente de la vida es no volver a hacer lo mismo que ya le había funcionado, es arriesgarse y concedernos una película casi abstracta, de sensaciones y emociones. Es la historia de un científico que trata de hallar una fórmula para curar el tumor cerebral de su esposa, no hay ciencia ficción más allá de algunos de los avances médicos. Lo que hace diferente a La fuente de la vida es la forma de contarnos los hechos y de hacernos partícipes de los sentimientos de los protagonistas. Hugh Jackman y Rachel Weisz protagonizan tres argumentos separados que abarcan cinco siglos. Aronofsky teje cada historia entre sí, contando los eventos de forma no lineal, alineándolos con la edición y la repetición de motivos visuales y auditivos. En definitiva, una película sobre enfrentar la muerte.

La cuarta película de Aronofsky, El Luchador (2008) fue un drama deportivo y logró revivir la carrera de Mickey Rourke, quien consiguió una nominación al Oscar por su interpretación de Randy “The Ram” Robinson, así como también lo consiguió su compañera de reparto Marisa Tomei.

Aronofsky nos cuenta con pulso firme y sobrio una historia de seres humanos sumidos en el fracaso. Rourke es un profesional de lucha libre que, tras haber sido una estrella en la década de los ochenta, intenta continuar su carrera en el circuito independiente. Cuando los brutales golpes que ha recibido a lo largo de su carrera le empiezan a pasar factura, intenta poner un poco de orden en su vida y trata de superar la soledad.

La narrativa es tradicionalmente lineal y simple, pero es muy ruda y fascinante, alternando entre la intensidad de la lucha y la monotonía de la vida real de The Ram. El papel de Randy está hecho a la medida de Rourke, y él deja todo, cuerpo y espíritu, por la historia. El Luchador constituye una verdadera catarsis emocional, donde se explora más que la decadencia de un ídolo, reflejando como pocas películas los conflictos internos que una persona puede tener.

Un retrato del fracaso suena a historia repetida, pero Aranofsky sabe esconder la fuerza inteligentemente en los pequeños detalles. Nuevamente acompañaremos al personaje principal desde atrás con travellings largos.

Su quinto largometraje El Cisne Negro (2010) quizás sea su película más popular, la que le ha ganado elogios y honores que incluyeron nominaciones a cinco premios de la Academia, ser nominado como Mejor Director en los Globos de Oro y la nominación al Premio Directors Guild of América.

El Cisne Negro podría considerarse una suerte de psico- thriller en torno a la búsqueda obsesiva de la perfección. En la quinta película de Aronofsky nos adentramos en la psicosis a través del mundo de la danza clásica y de uno de sus ballets más conocidos: El lago de los cisnes, de Tchaikovsky. Nos cuenta la historia de Nina Sayers (interpretada por Natalie Portman), bailarina de la compañía de ballet de New York, a quien su director Thomas Leroy (Vincent Cassel) le ofrece la posibilidad de ser la primera bailarina interpretando el duo Odette/Odile de la célebre obra.

Darren utilizó un enfoque más sutil en El Cisne Negro, al igual que lo hizo en El Luchador, acentuando la actuación y la narrativa. Ambas películas fueron dirigidas con un estilo granulado y paleta disimulada.

La música es un elemento esencial que contribuye a configurar el género Aronofsky: el compositor Clint Mansell ha trabajado junto a él en todas sus películas.

Darren Aronofsky bautiza a Black Swan como una especie de compañera de El luchador, ya que uno de sus proyectos tempranos implicaba una historia de amor entre una bailarina y un luchador. Gradualmente separó estos dos mundos ya que habría sido demasiado para una sola película.

Una película de obsesión, intensa, con escenas de baile filmadas con maestría y personajes torturados emocionalmente. Una verdadera experiencia que retrata el mundo del ballet clásico, presentado como sumamente hostil y tenebroso.

Su sexta película, Noé (2014) fue un largometraje de inspiración bíblica, con una historia densa y extensa por detrás. El rodaje se realizó en Islandia y Nueva York, y el director se preocupó particularmente por no utilizar animales vivos durante el rodaje, todas las criaturas fueron creadas digitalmente, un reino animal entero.

Anheló no representar una historia de desastre, sino que pretendió desarrollar una epopeya personal sobre la redención y nuevos comienzos. Intrigado por la historia de Noé desde la infancia, Aronofsky utilizó la influencia del éxito de El Cisne Negro para hacer una película mucho más introspectiva que lo que uno esperaría de esta historia bíblica, que además necesitó de un gran presupuesto.

De todas maneras el director se las arregla para sondear su tema favorito, el terror de la obsesión, ya que Noé evoluciona de héroe de a antagonista. La película aspira ser una historia de amor, un drama familiar, una película bélica y una de desastre, pero los diferentes tonos y géneros no se integran adecuadamente. Un film épico que se diluye por resultar demasiado impersonal.

Aronofsky se ha convertido en una pieza fundamental del cine de nuestra era, con su tono surrealista y su original propuesta narrativa y visual, el cineasta ha marcado una vertiente digna de ser analizada. Su apego por la autodestrucción humana, por la dualidad de la mente, por las emociones fuera de control, hacen a Darren Aronofsky conocido por entrar en las cabezas de sus personajes. Ese es su verdadero talento. Su estilo de trabajo, el género Aronofsky, incluye planos cortos y cerrados, pantalla dividida, largas tomas de seguimiento, así como time lapse. Sus héroes, como él llama a sus protagonistas, son personajes llamativos con contradicciones. Todos sus héroes atraviesan distintos infiernos, reales o alucinados, que marcan diversos conceptos románticos sobre el héroe trágico.