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El final de Twin Peaks: las pesadillas nunca terminan

Nota por el 05/09/2017
 

Acabó el evento televisivo de la década. La madre de todas las series, la que en 1990 demostró que la televisión podía construir una narrativa compleja e interpelar al espectador como lo hiciese la pantalla grande. Un regreso después de 25 años con 18 episodios fascinantes, crípticos, que podemos ubicar entre lo mejor de la filmografía de David Lynch. El final de Twin Peaks llegó para -era de esperarse- dejar millones de dudas pero solo una certeza: asistimos a un espectáculo que ya es historia viva de la TV.

final de twin peaks 2017

El final de Twin Peaks

No solo estuvimos ante algo inexplicable: acabamos de presenciar una nueva sacudida creativa a la pantalla chica, y otra vez vino de la mano de David Lynch y Mark Frost.

Porque Twin Peaks con sus misterios, musicales, repeticiones, sus personajes indescifrables, silencios incómodos, su ritmo particularmente abrumador, patea lo que el resto de las series instalan como normal y se mueve hacia otra dimensión, disruptiva, revolucionaria, que exige interpretación y ofrece respuestas aunque no de la manera que esperamos encontrarlas.

Lo que comenzó con el cuerpo de Laura Palmer encontrado sin vida, que inspiró a decenas de shows a jugar al “¿Quién mató a…?” pronto se transformó en una batalla entre el bien y el mal que incluyó dopplegangers, gente que hablaba en reversa y mundos paralelos. En The Return, Lynch extiende un relato que en 25 años no cesa de crecer, retorcerse y reformularse, todo al mismo tiempo. Los años pasaron para los personajes y para los espectadores, el misterio sigue vivo, y esas carreteras (nadie filma carreteras como David Lynch) cruzarán pueblos y noches oscuras trazando un plan que ni el propio director debe saber a dónde conduce.

Esperar una explicación lógica del final de Twin Peaks sería propio de alguien que estuvo viendo otra serie y no Twin Peaks. Pero en su bizarrez, surrealismo y multidimensionalidad, la obra maestra de la televisión moderna articula un simbólico discurso sobre la maldad y el tiempo (¿En qué año estamos?) que quién sabe si alguna vez tendrá final.

twin peaks 2017 final

Tal vez podamos tomar el Episodio 17 como el verdadero final de todo lo que vimos, el que (entre un millón de comillas) ofrece una “especie de cierre” a la historia de ese doble maligno y aquel ente habitante de una burbuja que viene sembrando el mal desde antaño. Para ese (repito las millones de comillas) “final”, la serie une diferentes tramas que formaron parte de la temporada: la recepcionista que finalmente entenderá los celulares, el joven del poderoso puño verde, la mujer sin ojos que nos traerá de vuelta a la verdadera Diane (Laura Dern). En su ilógica se cierran líneas, Bob es destruido, y quienes buscan un final mínimamente claro, siéntanse conformes, es todo lo que tendrán.

Porque hay más: Cooper (Kyle MacLachlan) intenta salvar a aquella joven asesinada. Por un instante la serie volvió a arrancar sin ese mítico cuerpo a orillas del agua. Revisitar el inicio del show fue algo tan emocionante, que solo por ese par de escenas deberíamos de poner a Lynch en un altar. Aunque claro: sin Laura muerta el bien triunfa, y sabemos que en el mundo lyncheano eso no ocurre. Cuando Cooper pierde la mano de Laura, la joven condenada a su destino (no por nada nos recuerdan escenas clave de Fire Walk with Me) la historia sigue su macabro curso… o se dispara a otro mundo paralelo donde Cooper (¿o Richard?) insistirá con su misión.

twin peaks critica final episodio 18

Al Episodio 18 debemos tomarlo como un nuevo comienzo: nuestro héroe sigue intentando salvar lo insalvable y así permanecerá en un loop eterno (de nuevo… ¿En qué año estamos?). El interminable viaje por esa ruta oscura, repleta de largos silencios, dice todo lo que necesitamos para entender que de esto va Twin Peaks: del feroz paso del tiempo, de peleas eternas, de perseguir lo inalcanzable. Y la serie opta mostrarlo desde una perspectiva pesadillezca, oscura, retorcida, enalteciendo a los buenos y llevando al límite a los malos. El grito de Laura pone cierre a ese nuevo inicio, restaura el desorden, revuelve todavía más las piezas del ya incomprensible rompecabezas, nos recuerda que estamos viviendo una pesadilla de la que no podremos despertar, pero que siempre habrá alguien cacheteándonos y queriendo sacarnos del letargo (ese positivismo es tan extraño viniendo de Lynch que asusta aun más).

Planos astrales, visiones deformadas, límites que se corren y desafían a la propia realidad, paradojas temporales (Alice, la nueva dueña de la casa de los Palmer en ese pasado, o futuro, o vaya a saber Dios qué tiempo/espacio nos están mostrando, es la dueña de la casa en la vida real… andá a ganarle a Lynch en dotar de sentido hasta con el detalle más insignificante), bombas atómicas (el monumental episodio 8 al que le dedicamos una nota completa, ACA), el hombre como origen del mal, historias de amor que requieren de 25 años para concretarse, el desconcierto como moneda de cambio. Twin Peaks llegó a su fin y pareciera que no habrá más, que esto es todo, un viaje maravillosamente grande que ha encontrado su cierre volviendo a comenzar. Como hace 25 años, ahora de nuevo, dejándonos perdidos en una tétrico sueño sin saber si somos los que soñamos o solo somos parte de él. Hasta siempre y gracias, Twin Peaks.


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