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La importancia del diálogo en 12 Angry Men

Nota por el 30/06/2016
 

Doce extraños, que forman parte de un jurado, deben convencerse uno a otro para determinar si un chico que fue acusado de asesinar a su padre es culpable de homicidio. Esta es la premisa de 12 Angry Men, dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por el mítico Henry Fonda.

ACLARACIÓN: entre películas para la televisión, adaptaciones al cine y obras de teatro, hay muchas versiones de 12 Angry Men. En este caso, nos basamos en la galardonada película de 1957.

Sólo intento exponer una duda razonable

12 Angry Men presenta un drama judicial con un enfoque único. En lugar de ver cómo se resuelve el juicio, el espectador tiene la posibilidad de observar los eventos tras puertas cerradas, en la sala de jurado. Algo que muchos años después haría también Tribunal en Fuga (2003), aunque esta lo hizo en formato de thriller.

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La película comienza con el final del juicio. El jurado, compuesto por doce hombres desconocidos entre sí, se reúne a deliberar el caso. Se hacen los votos preliminares y el resultado es 11 a 1 a favor de un veredicto culpable. Once miembros del jurado están convencidos de que el chico latino es un asesino. Sólo el jurado #8 (Henry Fonda) tiene sus dudas y se atreve a abrir el diálogo contra el resto.

Es absolutamente fascinante ver cómo, poco a poco, el protagonista comienza a plantear conjeturas que van agrietando la seguridad inicial del resto. El director logró plasmar un relato intenso, y en tiempo real, que nunca aburre. Al contrario, el suspenso y la tensión van en un aumento progresivo. No es fácil realizar una cinta basada enteramente en diálogos que genere este efecto.

La importancia del diálogo en 12 Angry Men

En la película –hoy en el puesto #6 de IMDb.com– se respira un evidente aire de teatralidad,  lógicamente porque fue adaptada de una obra de teatro de Reginald Rose. Henry Fonda, simbólicamente vestido de blanco, es el responsable de plantear el debate: Expresa: “ningún jurado debería  declarar a un hombre culpable, a menos que esté seguro de su ello“. Así, 12 Angry Men nos habla sobre la sociedad misma.

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Los personajes son todos números, personas sin distinción, cada uno con la capacidad de emitir un juicio y brindar razonamientos. El problema es que afloran sus complejos y prejuicios. La película invita a reflexionar que la duda siempre está presente, y revitaliza la importancia de obtener pruebas contundentes, de debatir abiertamente, de tomarse el tiempo. En el apuro por volver a nuestra cotidianeidad, muchas veces no nos damos un tiempo para masticar lo que se nos presenta como verdad.

El cine como ejemplo

La película es constantemente utilizada en talleres de negociación y escuelas para ilustrar la dinámica de equipo y las técnicas de resolución de conflictos. A lo largo de la historia se puede identificar cómo se generan argumentos y contra-argumentos, cómo va fluctuando el liderazgo del grupo y la transformación que van viviendo los protagonistas.

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En ese sentido, 12 Angry Men es genial para estudiar las falacias lógicas y la mentalidad de grupo. Y el elenco es realmente sobresaliente, cada actor presentando varias capas de profundidad y todo un abanico de emociones dentro de un pequeño cuarto. Se siente la disconformidad, se comparte el entusiasmo y es inevitable tomar partido en la decisión. Son 90 minutos de tensión al límite.

La cinta es también muy interesante a nivel cinematográfico. Por ejemplo, al principio las cámaras están posiciones todas por sobre el nivel de los ojos, y montadas con lentes de gran angular, para dar una apariencia de gran distancia entre las personas (no se conocen, se desconfían, quieren sacarse de encima la situación). A medida que la historia progresa, las cámaras van bajando al nivel ocular y brindando más primeros planos. Sobre el final, casi todas las tomas son muy cercanas, ampliando el sentimiento de claustrofobia.

Palabras finales

Si vas a ver una única película vieja (y en blanco y negro) en tu vida, que sea ésta. Si bien ya ninguna de las estrellas que filmaron 12 Angry Men se encuentra con vida, sigue siendo una de las más emblemáticas de la historia del cine. Sin bombas, ni persecuciones, pero con una cuota de suspenso hábilmente dosificada, grandes diálogos y un guión sólido para saborear.