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La Mujer Maravilla como símbolo queer

Nota por el 16/06/2017
 

Después de los tropiezos, el universo cinematográfico de DC se anotó el primer éxito tanto en crítica como público con un producto que se desvía de la mirada siempre masculina del género. Pero esto es un primer paso y ya hay grupos expectantes por lo que pueda seguir: específicamente, varias historias de los cómics que han servido para poner a la Mujer Maravilla como símbolo queer.

Bonita es la que lucha

Cuando el día del estreno redacté la reseña sobre Mujer Maravilla, tuve un debate interno entre hablar solo de la película o incluir también un comentario sobre las implicancias de la primera película superheroica protagonizada y dirigida por mujeres. Me decidí por la primera opción. Una vez pasado el momento de hablar de guión, fotografía y actuaciones, es tiempo de abordar el siguiente punto, pues más allá de sus cualidades como película, la Mujer Maravilla tiene una carga simbólica extra que merece no pasar desapercibida.

La princesa amazona no solo lleva más de 70 años siendo la única mujer en la primera línea de un género tradicionalmente ocupado por varones, hasta en sus años más despolitizados lo hizo como un referente feminista o de empoderamiento de la mujer. Debería haber sido obvio esperar lo mismo de su salto a la pantalla grande, pero también sabemos que en su afán de atraer a un público lo más amplio posible, los grandes estudios suelen ser bastante conservadores evitando temas que consideren conflictivos. Cabía la posibilidad de que aunque siguiera siendo la primera​ mujer (y única, en el corto plazo) en encabezar una película del género, lo hiciera con una mirada ajena que le diluya el contenido, por eso es incluso más importante la decisión de entregar el control creativo a una directora mujer, también la primera en tener su oportunidad en las grandes ligas superheroicas.

Es falso creer, como han dicho algunos dinosaurios de traje, que a las mujeres no les interesan los cómics, la acción o el género superheroico. La conexión siempre va a ser más fuerte con personajes con los que poder identificarse y la Mujer Maravilla es justamente eso. Para los varones que crecimos con docenas de modelos para elegir, puede ser bastante difícil de ver en toda su magnitud la importancia de esta película o la repercusión que está teniendo en un rango etario que va desde una niña de primaria a su abuela, que quizás se anima al cine para ver a “la nueva Linda Carter” mientras recuerda cómo siendo ella misma una niña giraba como un trompo imaginando que su vestido se convertía en el icónico uniforme.

 La Mujer Maravilla como símbolo queer

Jenkins tuvo la habilidad de incluir con naturalidad el contenido ideológico fundamental del personaje sin necesidad de ponerle flechas de neon remarcándolo; además de las escenas más explícitas donde protesta abiertamente contra el machismo de la sociedad de Londres, como ejemplo sutil alcanza con comparar cómo captura la imagen de su protagonista y cómo se mostró a Harley Quinn en la película anterior del estudio, por citar un único caso entre muchos. Mientras una fue explotada como carnada para adolescentes, la belleza de Diana se muestra como un rasgo más de su persona, e intencionalmente evita una serie de planos y secuencias clásicas que probablemente un director hombre hubiera considerado indiscutibles sin replantearse su significado.

Cruzando la tierra de nadie

La película de Patty Jenkins es moderada en su bajada de línea, pero le alcanza para resultar subversiva en el contexto y es bastante difícil criticarla con dureza por eso: Un estudio desesperado por un triunfo puede estar dispuesto a correr algunos riesgos, pero no tantos. Con el primer paso dado y viendo que el piso aguanta, ya hay quienes esperan que la directora consiga la fuerza de negociación necesaria para hacer más avances en este sentido, no sólo desde el lado de la representatividad de la mujer, sino también poder ver a la Mujer Maravilla como símbolo queer, tal como afirma que es Greg Rucka, uno de sus autores más recientes en los cómics.

La Mujer Maravilla como símbolo queer

La organización GLAAD se inspiró en el test de Bechdel para armar su propio test que estudie el nivel de representatividad que tiene la comunidad LGBT en el cine de industria estadounidense, llegando a la conclusión de que -además de ser bastante baja- muchas veces aparecen de forma estereotipada o sólo como remate de algún chiste, sin ocupar un lugar relevante en la historia que cuenta la película, en un fenómeno que comparan de alguna manera con el whitewashing al invisibilizar otras visiones que la dominante. En ese sentido los comics le llevan bastante ventaja al cine superheroico, incluyendo desde hace tiempo personajes y arcos argumentales más diversos. Para Greg Rucka, una isla paradisíaca solo habitada por amazonas es un contexto perfecto para tocar el tema. Según su visión, aisladas del mundo heteropatriarcal, las amazonas no deberían tener los mismos constructos sociales que limitan o dan connotación negativa a otras formas de relacionarse romántica o sexualmente, por lo que aunque de afuera se vea a la Mujer Maravilla como símbolo queer, probablemente el término ni siquiera tenga sentido dentro de esa sociedad.

El planteo está hecho y habrá que esperar a ver qué sucede en el futuro. Quizás sirva para que se modifiquen los roles de los personajes femeninos dentro del género, pero difícilmente tengamos pronto otro personaje capaz de producir el mismo impacto: básicamente porque Diana está muy sola en su lugar. No hay en DC ni en Marvel heroínas de primera línea comparables, y si bien se preveen para los próximos años las películas en solitario de Batgirl y Capitán Marvel, están muy lejos del lugar de preponderancia o popularidad que ocupa la Mujer Maravilla y van a tener que hacer un esfuerzo mucho más grande, aunque por un sendero ya un poco mejor marcado.