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Merchandising en el cine: ¿La culpa la tiene Top Gun?

Nota por el 28/09/2016
 

No, las películas de Hollywood no van a mejorar en ningún tiempo cercano. Hay un montón de razones lógicas por las que los largometrajes modernos son absolutamente estúpidos. El foco hoy no está en la calidad, sino en cuánto merchandising puede generarse. En esta nota te contamos por qué algunos creen que la culpa la tiene Top Gun.

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Un 2016 refritado

Quienes seguimos al cine como un estilo de vida nos dimos cuenta de que este año viene siendo el peor en materia de “cine original”, por lo menos del lado comercial que presenta Hollywood.

Existen todavía producciones independientes con gran valor, e incluso hay cintas de presupuestos millonarios que dieron exactamente en la tecla. Lamentablemente, gran parte del año estuvo plagado de películas olvidables, secuelas paupérrimas, reboots pésimos y precuelas abominables. Zoolander 2 es una “Scary Movie” en sus peores momentos, y todos querríamos olvidar Cabin Fever, The Do-Over, Alice Through The Looking Glass, Cell y Gods Of Egypt, entre tantas –TANTAS– otras.

Hace un par de años, Mark Harris (el periodista y ex editor ejecutivo de Entertainment Weekly , no el cantante de música contemporánea cristiana) rastreó este decaimiento hacia la mediocridad; el origen estaría en la emblemática película de 1986 Top Gun.

Merchandising en el cine: ¿qué culpa tiene Top Gun?

Uno de los tantos problemas con el cine actual es que las películas y los personajes son “marcas”, franquicias, sagas, productos. Las marcas nunca mueren y, en consecuencia, las películas tienden a no cerrar nunca su ciclo.

El artículo de Harris es largo y detallado, pero en síntesis él teoriza que esta producción de Jerry Bruckheimer fue el punto de quiebre donde los ejecutivos comenzaron a ver al séptimo arte como algo muy rentable a la espera de ser explotado.

¿Recuerdan Top Gun, no? No hay película de los ochenta más ochentosa que ésta en la que Tom Cruise pilotea un F-14 y juega al voley de playa junto a otro grupo de atractivos hombres en cuero.

Si bien fue dirigida por el fallecido Tony Scott, la pincelada comercial de Bruckheimer estaba por todos lados. Filmada con cooperación absoluta del pentágono, y utilizando combate aéreo tan real que hasta una persona murió durante el rodaje, la podés haber amado u odiado, pero no desconocerla. Su éxito fue sorpresivo y tuvo un efecto directo en el alistamiento de americanos en la Armada.

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No me arrepiento de nada, ni siquiera de The Lone Ranger….

Así que: ¿La culpa la tiene Top Gun? ¿Fue la causante de todo lo malo de Hollywood? Quizás, aunque hay quienes pueden opinar que el foco en el merchandising como subproducto de una película comenzó mucho antes, por ejemplo con las sagas de Star Wars.

Lo que sí nadie puede negar es que fue por esa época cuando se pusieron duras las cosas para el pobre VHS, particularmente por la aparición de Internet. El potencial de hacer dinero luego del estreno en cines decayó a tal punto que el merchandising se convirtió en la alternativa más obvia.

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Por suerte para Hollywood, la muerte del VHS fue simultánea con el nacimiento de los superhéroes, que básicamente son marcas que expulsan dinero con cada aparición. Hoy vivimos en un mundo con cinco películas de Spider-Man, cuatro variaciones de trajes y tres diferentes actores. El simpático hombre araña, como entidad de ficción, hace anualmente más de un millón de millones de dólares. 1012 dólares. 1.000.000.000 dólares, por si no quedó claro.

No es que todas las películas de superhéroes apesten, únicamente que no importa si lo hacen, porque financieramente todas funcionan mientras que la marca sea bien recibida. Este año tuvimos otro Jason Bourne y el año pasado otro James Bond. Más franquicias. Más marcas. Es como un McCombo de películas, donde ya conocemos el menú y nos agregan una hamburguesa finita adicional y aros de cebolla.

Las películas son marcas, y las marcas nunca mueren. Sólo aparecen recicladas. El Conjuro disparó el spin-off Anabelle, y El Conjuro 2 ahora hizo lo suyo con The Nun. Para poder venderla mejor, una película que no tenía nada que ver con El Proyecto Blair Witch, sorpresivamente se convirtió en su secuela. Lo mismo sucedió con 10 Cloverfield Lane. La película es muy buena por sí misma, pero sobre el último momento se convirtió en una supuesta precuela de J.J. Abrams y su Cloverfield.

¿Qué nos queda?

Top Gun fue una de esas películas que cambió el paradigma del momento. En lugar de buscar un entretenimiento puro, se trató de una película utilitaria, con objetivos de propaganda y merchandising. Por otra parte: fue una movida necesaria, y una que se volvería tendencia en el futuro. Hubo que adaptarse o morir.

Con tantos riesgos comerciales (recordemos que hoy, una película de Hollywood cuesta tanto producirla como promocionarla) los estudios no preguntan: “Che, ¿la peli va a estar buena?” sino más bien: “Che, ¿podemos venderla?”. Pregunta a la que, inevitablemente, le siguen: ¿cómo hacemos los juguetes? ¿qué estrella garpa más hoy en día? y la infaltable: ¿Dónde demonios está el próximo Jerry Bruckheimer?