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¿Qué pasa con el INCAA?: En defensa del Cine Argentino

Nota por el 18/04/2017
 

Cuando el pasado 12 de abril se presentó una investigación periodística sobre supuesta corrupción en el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), comenzó un revuelo dentro del mundo artístico en defensa del cine argentino, y en contra de lo que, a todas luces, huele a operación mediática con fines no del todo claros… o no del todo santos.

La Operación de los tropiezos

Durante la emisión del programa Animales Sueltos del día 12 de abril, el periodista y columnista Eduardo Feinmann, junto al conductor Alejandro Fantino, presentaron una denuncia que involucraba entre otros al hasta entonces presidente del INCAA Alejandro Cacetta y a Pablo Rovito, hasta entonces rector de la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), dependiente del INCAA.

En dicho informe se hablaba de algunas inconsistencias por parte de Cacetta en cuanto a un conflicto de intereses en el alquiler de un laboratorio de edición, y la existencia de una suma de dinero para infraestructura en la ENERC que supuestamente nunca había sido utilizado, pero sí cobrado.

Cacetta, hace unas semanas, anunciando la marca Cine.Ar.

Lo primero que “sorprendió” de dicha “investigación” fueron las sucesivas equivocaciones por parte de Feinmann en cuanto a los nombres y su pronunciación, los nombres que no coincidían con las fotos que ejemplificaban, y hasta la imposibilidad de nombrar bien a la ENERC (ERNEC; RENEC; etc.).

Los dichos entrecruzados desembocaron en lo que ya se presentía desde hace cierto tiempo. Al día siguiente, con un llamativo apuro, el Ministro de Cultura de la Nación Pablo Avelluto salió a exigirle la renuncia a Cacetta, y cargó las tintas contra Rovito y otros empleados del INCAA al que él considera exponente del partido político saliente de la anterior gestión.

Vale aclarar, que el INCAA es un ente autárquico, que no depende de fondos directos del Estado, ni menos depende económicamente/piramidalmente del Ministerio de Cultura. No obstante, Avelluto salió a aclarar una y otra vez que el pedido a Cacetta se debe a que no profundizó con “limpiar” al instituto de todo vestigio de la gestión anterior, en una intromisión, cuanto menos, curiosa.

Desde ese momento, renuncia del presidente del INCAA mediante, la (casi) totalidad del arco artístico, acompañado de un amplio sector de la ciudadanía, se expresó alarmada frente a lo que pareciera ser ciertamente una intervención estatal (no tan) encubierta al Instituto y en defensa del cine argentino y su producción.

La cultura resiste

Mientras Feinmann y Fantino continuaron con sus informes en los que insistían acumulando “equivocaciones” (tweets en los que anunciaron más despidos – ¿De dónde saca la información? – con fotos erróneas; informar sobre una toma de la ENERC y cortes en las calles aledañas por parte de los alumnos a instancias de Rovito lo cual era totalmente falso), y la Oficina Anticorrupción se hacía eco de los dichos de Avelluto sin mayores pruebas o fundamentos. Los representantes de las diferentes cámaras de la actividad cinematográfica y afines comenzaron a nuclearse. El 13 de abril ocurrió una primera asamblea en los interiores del Espacio Cine.Ar Gaumont en defensa de la ENERC (la cual se repite el 19 del mismo mes), y el 17 de abril una masiva movilización frente a las puertas del INCAA para defender su autarquía.

Asamblea del 13 de Abril en Espacio Cine.Ar Gaumont.

Ante estos hechos es importante aclarar algunas cuestiones. Comúnmente se intenta hacer creer que “se hacen películas que nadie ve con el dinero de nuestros impuestos al que se le podría dar un mejor uso”. La primera parte de esa oración sería totalmente subjetiva – aunque claramente no coincidimos en absoluto –, o pertenecería a otra discusión; la segunda afirmación es claramente falaz. Los fondos que el INCAA destina a la producción de material audiovisual tienen su origen en dos fuentes; cada vez que compramos una entrada de cine, un 10% de ese valor (que se deduce del IVA, no es que si eliminamos este impuesto las entradas saldrían más baratas) se destina al INCAA; pero la fuente principal se recauda de un impuesto a todas aquellas empresas que hacen uso de las licencias del espacio radioeléctrico nacional (que no solo se destina a la producción de cine, también aporta para el Instituto de la música y del teatro).

Desde hace años se vienen queriendo ensuciar el creciente número de producciones subsidiadas por el INCAA con el pretexto de un dinero al que se podría dar un fin más útil para la ciudadanía. Distintos periodistas, el mismo fin.

¿Qué se esconde detrás de las denuncias?

Se podría desprender que “alguien” quiere “hacerse con la caja” del INCAA mediante esta sospechosa operación. Pero el asunto pareciera ser más complejo.

Mediante una investigación, fundamentada con pruebas, realizada el 16 de abril por el medio web El disenso (ver AQUÍ), se retrotrae a días anteriores en los que el Ministro de Hacienda de la Nación, Nicolás Dujovne solicita a la consultora Fiel, de marcada tendencia liberal, un informe de asesoría para la reforma del Sistema Tributario Argentino.

La consultora aconseja eliminar determinados impuestos de bajo potencial recaudatorio (sic), y entre ellos enumera el 10% de las entradas de cine, impuesto a la telefonía celular, e impuestos a los servicios de comunicación audiovisual. “Llamativamente”, tanto Nicolás Dujovne como la consultora Fiel, tienen fuertes ligazones con el grupo mediático que más afectado se ve por este último impuesto, que también ha ingresado recientemente al negocio de la telefonía celular.

#YoApoyoINCAA #YoApoyoENERC

Feinmann había confundido al director Marco Berger con Néstor Mario Holsman, Auditor de Presidencia del INCAA.

Conjeturas aparte, lo cierto es que el arco artístico olvidó las normales rencillas internas, y se encuentra alerta para defender la producción de nuestro cine, que en los últimos años creció enormemente y es un ejemplo envidiable a nivel mundial. Para arrojar un dato, somos el país con mayor producción de óperas primas del mundo. Lo mismo podríamos decir de la experiencia ENERC, una de las escuelas cinematográficas de mayor prestigio mundial.

Alejandro Cacetta, nombrado por el actual gobierno en sus primeros días de mandato, fue designado mediante un sistema ampliamente consensuado, más allá de las críticas que se puedan hacer al funcionamiento del INCAA durante su período; que llevó a qué en los últimos meses el mismo arco artístico se alzara exigiendo mayor producción de contenido audiovisual, parcialmente frenado desde hace cerca de un año. Claro, la ida de Cacetta no pareciera ni de cerca solucionar esta cuestión, más probablemente todo lo contrario.

El informe presentado por el tándem Feinmann/Fantino ya fue ampliamente desmentido, tanto en las acusaciones contra Cacetta como contra Rovito, todo con documentación fundada de las obras realizadas. Pero el daño ya parece estar hecho, y desde el Ministerio de Cultura y la Oficina Anticorrupción siguen expresándose como si esto no hubiese sucedido.

La comunidad artística, y la comunidad toda, se encuentra expectante sobre cuáles serán los próximos pasos de este asunto que tiene como centro la preservación de nuestro acervo cultural. Por el momento, las renuncias de Cacetta y Rovito son recibidas como tragos amargos, al igual que las sucesivas acusaciones infundadas por parte de periodistas a los que parece les falta algo de información y los representantes del gobierno.

Desde acá nos manifestamos en defensa del cine argentino, por una producción audiovisual que no solo no se detenga, sino que siga en un mucho mayor crecimiento. El cine es una forma de representar la idiosincrasia de un país, no podemos permitir que esta desaparezca.