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La filmografía de John Carpenter

Nota por el16/01/2018
 
“En Francia soy un autor. En Alemania soy un cineasta. En el Reino Unido soy un director de cine de Terror. En Estados Unidos soy un vago.”

La filmografía de john carpenter

Guionista, director, músico, montajista, príncipe de las tinieblas, John Carpenter es uno de esos cineastas únicos que han marcado la época en la que aparecieron. Un ácido crítico de la realidad que con mucha inteligencia demostró que el cine de género es algo más que un despliegue de acción, explosiones y efectos visuales; sino que puede ser un espejo potente para mostrarle a la sociedad sus complejos.

Nacido en 1948 en el pueblito de Carthage, New York. El muchacho estuvo expuesto desde chiquito al cine, mirando los westerns de John Ford y Howard Hawks; así como películas de Ciencia Ficción como The Thing from Another World y Forbidden Planet (con Leslie Nielsen en uno de sus pocos roles serios). Con estas influencias no es de sorprender cómo terminaría siendo moldeado el estilo de Carpenter: films con elementos fantásticos pero con personajes cuyos códigos y comportamientos parecen salidos del más tradicional western.

Empezó a hacer películas en Súper 8, y esto significó la transición definitiva en la vocación del joven John. Después de un breve paso por la Western Kentucky University (donde su papá era profesor de música)¸ Carpenter se transfirió a la Escuela de Cine de la USC; usina académica que tuvo en sus aulas a Robert Zemeckis, Bryan Singer, Ron Howard y al creador de Mad Men, Matthew Weiner.

Carpenter participó en un cortometraje ganador del Oscar entitulado The Resurrection of Bronco Billy. Si bien no hubo estatuilla para John, eso no fue problema: la repercusión del corto lo puso en el mapa y se animó a empezar su carrera en solitario, la cual detallamos a continuación.

La filmografía de John Carpenter

Dark Star (1974)

Con un escaso presupuesto de 60,000 dólares esta fue su ópera prima. Una suerte de comedia de ciencia ficción en el espacio, sobre la tripulación de una nave espacial que destruye planetas inestables a lo largo de la galaxia, encontrándose con dos problemas serios: una bomba que se cree Dios y un alien… que parece una pelota de playa.

La película fue escrita por el propio Carpenter y Dan O’Bannon, quien luego tomaría esta humorística premisa y la daría vuelta para escribir Alien. Claro está, donde se dice película de bajo presupuesto es prácticamente sinónimo de realizador multitarea. Carpenter aparte de dirigir, se hizo cargo del montaje y la música, mientras O’Bannon actuó en la película e hizo los efectos especiales (este esfuerzo no pasó desapercibido por la meca del cine: George Lucas lo contrató para hacer algunos de los efectos especiales de Star Wars).

Carpenter fue tenido aun más en cuenta por el más codiciado de los motivos: un director que realiza muchas tareas y con un presupuesto limitado.

Visualmente, se nota que la película fue hecha con dos pesos, pero aun a pesar de eso se las ingeniaron para crear imágenes memorables como la del astronauta que surfea hacia su muerte.

Asalto al Precinto 13 (1976)

Una historia sencilla: cuando la Policía de Los Ángeles mata a los miembros de una pandilla, sus coleguillas, armados hasta los dientes, le declaran la guerra tanto a la policía como a sus ciudadanos. Partiendo de esta premisa, tres historias en apariencia inconexas confluyen indefectiblemente hacia el conflicto principal: el de un grupo de personas que habitan una comisaría a punto de cerrar y se ven obligados a atrincherarse para frenar los cada vez más poderosos ataques de los pandilleros.

Carpenter quería hacer un Western, pero como no podía con el magro presupuesto de 100,000 dólares que tenía en su poder eligió reversionar Río Bravo de Howard Hawks en un escenario moderno. Tan es así que en los créditos figura como montajista el propio Carpenter, bajo el seudónimo de John T. Chance, el personaje de John Wayne interpretado en esa película.

Esta fue la primera vez que Carpenter utilizó el formato 2.35:1 o Panavisión, un affaire estético que se extendió a lo largo de toda su filmografía sin importar cuán apretado fuera el presupuesto para costear el no muy barato proceso anamórfico que lo hace posible.

En 2005 se hizo una remake con Ethan Hawke y Laurence Fishburne en los protagónicos, dirigida por el francés Jean Francois Richet. La versión de Richet es correcta y, cambios más cambios menos, mantiene el espíritu de suspenso que tan legendaria hizo a la versión de Carpenter. Si bien ahí hay un poquito más de backstory, que se agradece, la versión de Carpenter es la versión de Carpenter.

Lo que quiero destacar es el fenomenal tema de apertura, que al igual que la partitura de toda la película, fue hecha por el propio Carpenter en sintetizador.

Halloween (1978)

Un título insoslayable si los hay en la filmografía de John Carpenter. Una historia que más o menos conocemos todos: pibe mata a la hermana, y regresa años más tarde a cercenar, por decirlo de un modo elegante, a los habitantes de un arquetípicamente pacífico vecindario norteamericano.

¿Qué cosa no es una leyenda sobre esta película? ¿Qué cineastas de terror a lo largo y a lo ancho de la década del ’80 no han copiado esta fórmula hasta el hartazgo? Sin ir más lejos, Victor Miller, guionista de Friday the 13th, dijo que cuando su director Sean S. Cunningham, le encargó el proyecto este simplemente dijo: “Básicamente vamos a copiarnos de Halloween”. Enough said.

La película fue hecha con un presupuesto de 320,000 dólares, del cual la mitad fue a parar a las cámaras Panavisión. ¿Les había dicho lo que este caballero es capaz de hacer por la pantalla ancha?. Esta película fue el debut en cine de Jamie Lee Curtis, donde demuestra que es una digna heredera de la tradición Scream Queen que había iniciado su madre un tiempo atrás con Psicosis.

A nivel visual, la película demuestra que hay un verdadero narrador detrás de las cámaras. Mediante uno de los primeros usos de una Steadicam (o más bien una de sus variantes, la Panaglide) Carpenter nos metió en la perspectiva de Michael Myers al cometer su primer asesinato. Pero lo que más sorprende fue que a pesar de haber filmado esta película en un tiempo y lugar donde el gore ya estaba más o menos aceptado, Carpenter eligió apelar al viejo truco, hoy por hoy poco utilizado (y debería serlo más) del “da más miedo lo que no se ve que lo que sí se ve”. Lo único cercano a la violencia pulenta es cuando Michael Myers cuelga a un pobre banana de la puerta usando su cuchillo.

Dato inútil: el temible rostro de la muerte de la máscara de Michael Myers es una máscara de William Shatner en Star Trek pintada de blanco.

The Fog (1980)

Una extraña niebla mientras visitaba el monumento Stonehenge durante la gira de promoción británica de Halloween, sirvió de inspiración a Carpenter para concebir la historia de los fantasmas de la tripulación de un barco que buscan venganza contra un pacífico pueblito costero. La exigencia de los fantasmas de que “deis deben morir” hace acordar a la “libra de carne” de El Mercader de Venecia.

Durante la post-producción Carpenter se mostró poco conforme con su corte final y se vio obligado a hacer retomas y crear nuevas escenas de cero (como las del prólogo). Todo esto respondiendo a la necesidad de competir con películas que para esa época ya tenían mucho gore.

Actoralmente cuenta con el protagónico de su primera mujer, Adrienne Barbeau, como la disc jockey que es potencial víctima de los fantasmas; Jamie Lee Curtis, en su segundo papel junto a Carpenter después de Halloween; el veterano actor de carácter, Hal Holbrook, como el Padre Malone, cuyo abuelo es uno de los responsables por la presencia de los fantasmas. A este reparto se suma Janet Leigh, madre de Jamie Lee Curtis, como una mujer determinada a celebrar el centenario del pueblo aun a pesar de estar fundado por asesinos.

Escape from New York (1981)

1997: la alguna vez gloriosa ciudad de Nueva York es ahora una cárcel gigante para así disminuir la creciente tasa de crímenes. Dentro de esta cárcel choca el Air Force One, el avión presidencial. Los criminales que habitan la ciudad toman de rehén al Presidente y piden a las autoridades liberar la ciudad o lo matarán.

Es acá donde hace su entrada en escena el personaje Carpenteriano por antonomasia, S.D. Bob Plissken, pero llamémosle Snake. Un tipo que, según las palabras del actor que le dio vida, Kurt Russell, solo está interesado en poder sobrevivir el próximo minuto. Será la tarea de Snake rescatar al Presidente al igual que un cassette que tiene encima con vital información para una cumbre organizada entre los Estados Unidos, China y una anacrónica Unión Soviética. Naturalmente, Snake los manda a freír espárragos –por decirlo de un modo elegante–, pero el gobierno yanqui, ningunos nenes de pecho, le inyectan unos microexplosivos que pueden reventarle las arterias carótidas y que desactivarán siempre y cuando Snake cumpla con su misión.

La trama de Escape se le ocurrió a Carpenter en 1976, con una Estados Unidos recuperándose del escándalo de Watergate y que como consecuencia sembró un enorme cinismo respecto de la figura del Presidente. No es de extrañar que en la película el Presidente sea un cobarde al que le importe poco y nada las vidas que se perdieron en orden de salvar su pellejo.

A pesar de que transcurre en Nueva York, ni un solo cuadro de la película fue filmado en esa ciudad; con la excepción de la toma de la Estatua de la Libertad que aparece al principio: se filmó íntegramente en la ciudad de St. Louis en el estado de Missouri. Debra Hill, productora del film, eligió esta ciudad no solo para abaratar los costos de filmar la película en la verdadera Nueva York, sino por un incendio que hizo pelota varias calles de esa ciudad y le daban el toque apocalíptico que necesitaban.

Les tiro un último dato inútil: entre los muchos muchachos que formaron parte del equipo de miniaturas de la película, figuraba un pebete llamado James Cameron.

La Cosa (1982)

Si hay un título de la filmografía de John Carpenter que es ampliamente recordado por el imaginario colectivo, es seguramente esta historia de un parásito extraterrestre que imita a los habitantes de una instalación científica en la Antártida. La paranoia que hay entre los habitantes de la estación (sobre todo la del R.J. MacCready de Kurt Russell) hace acordar a la persecuta que los yanquis todavía tenían con los soviéticos por esa época.

Esta fue la primera película de Carpenter para un estudio grande, Universal, y resultó ser un fracaso en su momento. La idea de un extraterrestre que amenaza con asimilar a toda la humanidad no sentaba bien a los espectadores, principalmente porque esa era la época de E.T. y en los ’80 si había un cabezón tenía que ser sí o sí bonachón.

Pero los años eventualmente fueron generosos; las criaturas de Rob Bottin y Stan Winston (pónganse de pie) y la música de Ennio Morricone (pónganse de pie y aplaudan) eventualmente le dieron a la película un estatus de culto de donde jamás la bajaron.

Christine (1983)

Basada en la novela homónima de Stephen King (y una de las razones por la cual no manejo), es la historia de un joven a quien le agarra una afición poco sana por su Plymouth Fury del ’57, que para colmo de males tiene vida propia y es capaz de matar por celos.

Según Carpenter es la única película que hizo por plata, pero también dijo lo mismo de Starman. Aunque tiene su estética y una visión particular de una temática (la obsesión del hombre por los autos), no tiene su particular marca autoral aunque se encarga de meterle onda.

¿Cómo sé que tiene onda? Durante los ’80 no había mejor manera de dejar entrever la maldad de algo o alguien que usar el legendario tema “Bad to the Bone” de George Thorogood y The Destroyers.

Ves la intro y ves un montón de autos en una línea de ensamblaje y parece que ves un documental, o como mucho un dramón carcelario en la línea de The Shawshank Redemption. Pero con “Bad to the Bone” ves ese auto y no te caben dudas que está maldito.

Starman (1984)

Una mujer recientemente viuda (Karen Allen, Marion Ravenwood para los amigos) debe ayudar a volver a su planeta a un alienígena (Jeff Bridges), que adoptó la forma de su marido fallecido. En el camino aprende algunas cosas sobre cómo ser humano.

No parece el argumento de una película de Carpenter, pero aceptó la propuesta de Michael Douglas (sí, ese, también es productor) y agarró viaje para poder seguir haciendo películas con los grandes estudios.

Ideal para ver en pareja, y para presenciar una actuación excepcional de Jeff Bridges por la que fue nominado a un Oscar. La escena donde Karen Allen le explica al personaje de Bridges qué es el amor, es tan clara, tan sentida y con un remate tan gracioso que no tiene precio y muestra la poco señalada pericia de Carpenter como director de actores.

Cabe destacar que había una época donde la Columbia, estudio que banca la película, tenía en su poder dos guiones sobre dos cabezones más buenos que Lassie con bozal; uno era este y el otro era E.T. Al final se quedaron con Starman. Uno diría que por la guita, los Oscars y la música de John Williams, los del estudio de la minita con la antorcha se habrán querido hacer el harakiri, pero si bien la versión de Spilbergo tiene sus méritos, la película de Carpenter está un poquito más arraigada en la realidad (lo digo por la parte del Voyager al principio de la peli) y es un poquito más emocional por la idea de confrontar a una mujer con su marido muerto, por más que sea la imagen elegida por un extraterrestre para caminar entre los hombres.

Aparte el final, con música de Jack Nitzche (nada que ver con el filósofo), no tiene nada que envidiarle al enano cabezón de los dedos largos.

Hay a quienes les llega al corazón el “E.T. Phone Home”, pero el “No vengo a hacerte daño, Jenny Hayden” también tiene su estilo, por no decir su ternura.

Big Trouble in Little China (1986)

¿Existe algún camionero igual de copado que Jack Burton? A mitad de camino entre Indiana Jones y Mad Max está este inolvidable personaje interpretado por Kurt Russell que debe ayudar a un amigo a salvar a su novia de las garras de un malvado hechicero.

Originalmente fue concebido como un Western, pero como a la Fox no le gustó cómo el guion combinaba los elementos del western y el fantástico, terminaron modernizándolo. Dicen las malas lenguas que el cambio también fue en función de la película En Busca del Niño Dorado con Eddie Murphy que estaba por empezar a filmarse y tenía una temática similar. Sin embargo, un detalle del Western que pudo haber sido lo pueden encontrar en la forrajera que lleva al hombro el personaje de Kurt Russell.

Si los tres villanos principales les parecen sospechosamente idénticos a Rayden de Mortal Kombat, es porque sus creadores se basaron en ellos para crear al legendario Dios del Trueno.

Prince of Darkness (1987)

Al mejor estilo The Big Bang Theory, a John le empezó a picar la curiosidad por la física teórica y se le ocurrió una historia sobre un mal naciente partiendo de estas investigaciones.

La historia puntualmente es sobre un grupo de científicos que se reúne en una iglesia abandonada, en cuyo sótano se encuentra un cilindro descomunal lleno de un líquido verde que no es otra cosa que Satanás… no el perro de Doña Clotilde, sino el Príncipe de las Tinieblas al que alude el título.

Este fue el regreso de John a sus raíces más independientes: lo vemos experimentar un poco con las imágenes en video a la hora de crear las pesadillas que tienen los científicos.

They Live (1988)

Un caminante descubre que los habitantes de la élite acomodada son en realidad alienígenas que parecen humanos gracias a una señal televisiva que le lava el cerebro al resto de la población. Subtexto político más claro, echále agua.

Tiene una de las escenas de pelea más creíbles que he visto en una película. El que los dos intérpretes sean luchadores profesionales ayuda, lo que trae a colación nuevamente la poco discutida habilidad de Carpenter para dirigir actores. Porque para los momentos dramáticos, los muchachos también son bastante creíbles.

Memorias de un Hombre Invisible (1992)

El inicio del declive. Para empezar por ser la única película de Carpenter que no tiene su nombre antepuesto al título. Es uno de los pocos, diría el único, rol dramático de Chevy Chase. Es sencillamente la historia de un ejecutivo que es víctima de un accidente en un laboratorio que lo vuelve invisible. Como es de esperarse el gobierno yanqui lo quiere para hacerle pruebas ya que puede ser invaluable como potencial soldado.

Caben destacar dos cosas sobre esta película:  a diferencia de títulos de similar temática, no se obsesiona con explorar el cómo una persona se hace invisible. Al ser un accidente y no una acción deliberada nos permite meternos en lo que es la psiquis de una persona que experimenta esta “habilidad”. El otro detalle es cómo Carpenter juega con la objetividad y la subjetividad del espectador. Cuando vemos la invisibilidad de afuera, los objetos se mueven solos y las pistolas se sostienen solas contra las sienes de los villanos. Lo curioso, es que cuando vemos todo desde los ojos del personaje de Chevy Chase, en vez de meternos en el Punto de Vista del personaje (un recurso no menos Carpenteriano), Carpenter nos convierte en los únicos que podemos verlo, estableciendo una diferencia que es todo un ejercicio de estilo.

También cabe destacar que cuando se estrenó esta película, la tecnología digital estaba en pañales y muchos de los efectos de invisibilidad son prácticos, o sea hechos en rodaje.

In the Mouth of Madness (1995)

Un trabajador de una compañía de seguros investiga la desaparición de un cotizado escritor. Su trabajo lo lleva a un pueblo que parece sacado de uno de sus libros. La confrontación entre realidad y ficción se vuelve una confusión que lo mete de a poco en la locura.

Si te gusta H.P. Lovecraft, esta película puede que te guste. No, no es adaptación de ninguno de sus cuentos: es como si John Carpenter y el guionista Michael DeLuca agarraron la caja de herramientas narrativas de Lovecraft y pensaron qué hubiera hecho el gran maestro de tener una cámara de 35mm en vez de una pluma. El resultado sorprende.

Village of the Damned (1995)

Trama sencilla: Los habitantes de un apacible pueblito norteamericano (sí, otro más) experimentan un inesperado desmayo. Cuando despiertan, varias de las mujeres del pueblo están embarazadas, pero los críos en cuestión resultan tener poderes psicokinéticos y pueden obligar a los adultos a hacer(se) cosas horribles, y lo que es peor de todo: pueden leer sus mentes. Pero resulta que estos pequeños demonios tienen una agenda mucho más grande y peligrosa en mente. Sean sinceros, ¿a quién de chico (o de grande incluso) no le hubiera encantado tener estos poderes?

Destacable por varias cosas: Christopher Reeve en algo que no sea Superman, Kirstie Alley en algo que no sea comedia, y Luke Skywalker ¿HACIENDO DE CURA?.

Escape from L.A. (1996)

Básicamente es Escape from New York con más plata.

Si la primera nació a partir del escándalo de Watergate, esta bien podría tener un paralelo con la Inquisición Española, también conocida como la edad oscura, donde no se podía tener libertad de religión y estaba todo manejado por un fanático religioso.

Tiene varias secuencias espectaculares, el inolvidable prólogo con el terremoto, cuyo making of hemos visto hasta el cansancio durante nuestra infancia y adolescencia en ese viejo programa llamado Movie Magic. Hay maquetas y explosiones hechas bien a la antigua.

También está la famosa escena en la que Snake surfea al lado de Peter Fonda. Otra muy buena es una cuando está superado en número por un montón de tipos y les propone jugar un duelo “Estilo Bangkok”: nadie dispara hasta que la lata cae al suelo, Snake tira la lata, los mata a todos, la lata hace Clink en el suelo, Snake baja sus humeantes armas y dice con su mejor cara de póker “Tiren”. También está esa famosa escena, filmada con mucho vértigo, en la que Snake tiene que encestar la pelota en el aro o lo matan.

Pero la escena de esta película que pasó a la historia, es una en la que Snake confronta al mojigato gobierno con sus fallas, y en vez de cambiar una cinta como en la original, decide apagar el planeta entero.

“Mientras más cambian las cosas, más siguen igual. Bienvenidos a la raza humana”

Vampiros (1998)

Esta historia sobre una legión de cazadores de vampiros bancados por el Vaticano que se proponen exterminar al jefe de todos los vampiros (Thomas Ian Griffith, el malo de Karate Kid III) fue un tropiezo, aun a pesar de tener en su reparto a un verdadero groso como James Woods. La peli tiene serios problemas de ritmo y no se salva. Se aprecia la mezcla de Western y Cine de Terror pero el guion no lo ayuda a John.

Ghosts of Mars (2001)

Para que se den una idea es Asalto al Precinto 13 en el planeta rojo, solo que en vez de pandilleros son las luces malas de Prince of Darkness. Este es el mismo caso que Vampiros; logrado en mezclar el Western con otro género, pero la historia está mal estructurada con personajes con los que no nos podemos identificar o preocupar.

The Ward (2010)

Esta historia sobre una chica encerrada en un psiquiátrico y que es perseguida por una suerte de fantasma, es un pequeño atisbo de esperanza porque la peli visualmente no la pudo haber hecho otra persona que no fuera él, pero el guion es tan predecible que te dan ganas de pedirle que escriba sus propias historias como hacía en los ’70.


John Carpenter es un tipo de una estética incuestionablemente particular que ha influenciado a realizadores de todo el mundo. Obviamente, los estudios no lo ven así, pero los espectadores somos más inteligentes y sabemos de lo que es capaz.

Para asustar y crear un clima, Carpenter nunca necesitó un presupuesto super millonario, y aunque todas las entrevistas parecen apuntar a que su retiro es un hecho, no somos pocos los que pensamos que si se pone a escribir y hace películas más chicas en presupuesto van a encontrar gente que las vea. Hay quienes dicen que su estilo no se aplica a esta época saturada de efectos visuales, pero el fue quien impuso los estándares. Creo que, por lo menos, le queda una película más para “cerrar” si así lo desea una carrera que si bien tuvo puntos bajos, sus puntos álgidos brillan con más fuerza hoy que cuando aparecieron por primera vez.