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Las Peores Series de 2020: Top 10

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Las Peores Series de 2020: Top 10

Las peores series de 2020, la contracara del gran año televisivo.

El lado oscuro de la TV. Los shows que nos llevaron a apagar la tele o usarla para combatir el insomnio en un año que nos complicó el sueño a todos. Estas son las peores series de 2020, las 10 que nos hicieron perder tiempo que podríamos haber invertido en tantas otras cosas (ver más series, obvio).

Aclaramos: en el listado encontrarán una extraña mezcla entre “malo en serio” y “gran decepción”. En esa segunda categoría aparecen los shows que nos defraudaron o no supieron explotar un potencial en el que creíamos ciegamente.

Y como siempre en cada selección anual en Alta Peli, los invitamos a proponer las series que creen tenían que estar aquí.

Las Peores Series de 2020.

10 – Brave New World (Peacock)

Brave New World fue la esperada adaptación a la pequeña chica de la novela distópica de Aldous Huxley, publicada por primera vez en 1932. En Un mundo feliz nos encontramos con una sociedad sin pobreza, guerras o enfermedades. Allí, cada vez que los seres humanos ingresan en un estado de depresión, se les administra una droga conocido como «soma» con el fin de curar las penas.

Lamentablemente, este es un proyecto que se viene gestando sin éxito desde el 2015. Primero estuvo a cargo de Syfy y Steven Spielberg, luego pasó a USA Network y este año terminó en manos de NBCUniversal para ser distribuido en Peacock. El resultado fue decepcionante. Puede que desde el lado visual gane toda nuestra atención y hasta cuenta con un reparto decente, pero como producto final no tiene mucho para destacar. Por momentos intenta ser Westworld, por otros Black Mirror y hasta quizás Sense8, pero carece de identidad propia y no llega a explotar ninguna de sus facetas más relevantes. La obra original se adelantó bastante a su tiempo, pero esta serie llega demasiado tarde. Por Emanuel Juárez.

9 – Reality Z (Netflix)

De antemano sabíamos que esta serie jugaba de remake brasileña de la gran ficción inglesa creada por Charlie Brooker, Dead Set. Sin embargo, le dimos una oportunidad, ya que los adelantos mostraban una producción de buen nivel que tal vez sorprendería.

Con variaciones mínimas e insignificantes, el plot se presenta similar al de la producción de 2008. Concursantes encerrados dentro de un reality show y una epidemia zombie expandiéndose en Sao Paulo, pero todo acompañado de situaciones apresuradas, un hilo conductor casi inexistente y personajes acartonados, superficiales y carentes de desarrollo. Lo más rescatable dentro de tanto despropósito lo encontramos en su costado gore. Mientras que la obra original desplegaba una crítica a la codicia de los medios de comunicación, manejando muy bien los límites del humor y el realismo, Reality Z solo representa otro desacierto de la gran N roja. Por Emanuel Juárez.

8 – Penny Dreadful: City of Angels (Showtime – En Latinoamérica por Amazon Prime)

Extrañábamos tanto a Penny Dreadful, su mundo gótico, sus criaturas y, especialmente, a la Vanessa Ives de Eva Green que nos entusiasmamos con el anuncio de un spin-off protagonizado por Natalie Dormer, en el cual se combinarían asesinatos, Satanás y nazis en Los Ángeles a fines de los años 30. Inentendiblemente, de ese mix infernal nada quedó plasmado en la serie que fue lisa y llanamente un bodrio.

Una grandiosa fotografía no alcanza para sopesar un guion vago, de ritmo extremadamente lento (y ya saben que no tenemos nada en contra de las historias de ritmo lento, siempre y cuando lo usen a favor de lo que están contando), que deja de lado el horror para ser un simple thriller sin tono propio, que podría ser desprendimiento de cualquier otra serie policial pero no de Penny Dreadful. Aburrida, imposible de seguir sin dormir aunque sea un rato durante sus larguísimos episodios. Por Cristian Phoyú.

7 – Amazing Stories (Apple TV+)

Entra directo en la categoría de grandes decepciones del año, porque claramente hubo adefesios peores pero de ellos no esperábamos absolutamente nada. El retorno de una de las antologías televisivas más recordadas de los años 80, de la mano del propio Steven Spielberg, con presupuesto millonario de Apple TV+ y un elenco más que prometedor, anticipaba un evento para recuperar la fantasía un tanto perdida entre tanta TV oscura repleta de antihéroes y crímenes.

No ocurrió. Nos encontramos ante un producto plano cuyo peor pecado no fue estar repleto de historias trilladas y carentes de sorpresa: la falla inconcebible reside en su absoluta falta de magia. No hay un ápice del brillo de la serie original ni del estilo tan característico del gran Steven, haciendo que no valga la pena exponerse a tramas que sin ese sello son simplemente más de lo mismo. Por Cristian Phoyú.

6 – Space Force (Netflix)

Cuesta encontrar las palabras exactas para definir qué tipo de producto quiso entregar Greg Daniels con Space Force. Por momentos funciona como una comedia de narrativa pausada y escaso humor, pero por otros es una especie de sátira con tintes de melodrama. Siempre quedándose a medio camino y sin tomar postura por ninguno de los dos bandos.

La serie cuenta con un elenco de primeras figuras, liderado por Steve Carell y John Malkovich, pero ni la inmensa cantidad de talento desplegada en pantalla logra salvar este fiasco que en ningún momento empalma de manera perfecta. Hay demasiados personajes secundarios entre los que se busca crear cierta dinámica, algo que nunca llega a concretarse a lo largo de su primera temporada. Todo funciona como un borrador que se va escribiendo a medida que corren los episodios. Lo más sorprendente es que ya obtuvo su renovación para una segunda temporada. Por Emanuel Juárez.

5 – Selena, La Serie (Netflix)

Christian Serratos protagoniza la biopic de Netflix sobre la vida de la popular cantante estadounidense de ascendencia mexicana, Selena Quintanilla, asesinada en la cima de su carrera en 1995. Sin embargo, el interés que demuestra la serie por narrar su historia es totalmente nulo.

Todo lo que podría resultar llamativo en una producción de este estilo no lo encontramos. La ficción está repleta de diálogos torpes y escenas prediseñadas aptas para todo público que no entregan nada que no hayamos visto antes. Se preocupa más en resaltar un retrato perfecto de los miembros de la familia de la intérprete que en buscar ciertas licencias que aporten impulso a la trama o tensión en los momentos que lo requiera. Desafortunadamente, en épocas de pleno auge para el mercado musical latino, la producción de Moisés Zamora incluso desperdicia la posibilidad de reintroducir la música de Selena a una nueva generación. Por Emanuel Juárez (Seguir en Twitter).

4 – White Lines (Netflix)

Alex Pina repite todos los vicios que ya mostró en su mega exitosa La Casa de Papel, pero lo que en el fenómeno español resulta al menos entretenido aquí adquiere ribetes insoportablemente tediosos. Desaprovecha un producto destinado al placer culpable que ni siquiera desde esa óptica resiste su trama estirada a más no poder, en la que ni siquiera parece haber importado construir personajes interesantes.

La aparición en Ibiza del cuerpo de un joven desaparecido 20 años atrás, lleva a la hermana de la víctima a emprender una investigación para saber qué ocurrió, pero el misterio es de tan poco alcance que la serie debe recurrir a fiestas, sexo, drogas y todos los clichés habidos y por haber para mantenerse durante 10 largos episodios. Podría haber sido la típica serie para maratonear metiendo el cerebro en un frasco durante un rato, pero a esos personajes chatos interpretados por el peor elenco visto en mucho tiempo no hay orgías ni escenarios paradisíacos que los salven. Por Cristian Phoyú.

3 – Hollywood (Netflix)

La miniserie de Netflix creada por Ryan Murphy tenía como objetivo retratar la edad dorada de Hollywood a través de personajes outsiders que intentan insertarse como actores, guionistas y directores en esta industria marcada por el racismo, la homofobia, la misoginia y los abusos de poder. Una suerte de what if, en el que se plantea qué pasaría si pudiésemos reescribir la historia y la fábrica de sueños se hubiese transformado en un sistema inclusivo y diverso por aquel entonces.

Como la mayoría de las ficciones del denominado Rey Midas de la televisión, nos encontramos ante un producto superficial, con puestas en escenas maravillosas y una estética refinada pero cuyo guion perezoso deja mucho que desear. En la fantasía de Murphy, los obstáculos de la industria son superados de una forma tan simple y absurdamente idealista que cuesta tomársela en serio. En cuanto a las construcciones de personajes, tanto reales como ficcionales, resultan estereotipados y carentes de profundidad emocional (ni hablar de Rock Hudson, a quien directamente deciden retratarlo como un Ken bobo sin talento). Una ficción aún más decepcionante si la comparamos con Feud: Bette and Joan, la anterior miniserie de Murphy ambientada en el Hollywood clásico, que narraba con mucha más honestidad e inteligencia el descarte por parte de las majors de las actrices mayores y la manipulación detrás de las siempre rentables rivalidades entre mujeres. Por Giuliana Bleeker (Seguir en Twitter).

2 – Run (HBO)

Al menos tuvo un mérito: dejar expuesto de manera contundente que las series no pueden ser recomendadas ni destruidas basándose solo en un par de capítulos vistos. Si querés algo inmediato mirá una película porque el propio formato de las series implica desarrollo en el tiempo, algo que puede salir bien cuando mejoran encontrando su tono o ritmo, o puede salir muy mal cuando pierden completamente el rumbo. Esto último es lo que ocurrió con la comedia de HBO.

Nos deshicimos en elogios ante el inicio de esta historia con el aval de Phoebe Waller-Bridge, protagonizada por Merritt Wever y Domhnall Gleeson. A ellos los amamos al instante y la química nos obnubiló sin poder ver que estábamos subiendo a un tren que se dirigía a un descarrilamiento épico. El famoso «salto del tiburón» de las series debería ser oportunamente adaptado a «salto del tren», pues en un momento determinado los protagonistas saltan de un vagón en movimiento y la serie se estrella sin posibilidad de encauzarse. Un despropósito al que impulsivamente calificamos como una versión televisiva de Antes del Amanecer… mil disculpas por eso, Céline y Jesse. Por Cristian Phoyú (Seguir en Twitter).

1 – Emily in París (Netflix)

No es un secreto que Darren Star busque constantemente explorar la codicia femenina en sus proyectos, pero en esta oportunidad el esfuerzo no llega a dar buenos frutos. La serie protagonizada por Lily Collins presenta a una ambiciosa millennial de Chicago que deberá hacerse cargo de la estrategia de las redes sociales de una prestigiosa firma francesa.

En Emily in París no existe una buena construcción de personajes y en más de una ocasión a la producción le cuesta encontrar su eje. Su historia apenas contiene un trasfondo y hay poco que se pueda hacer con tan escasos recursos. Star construye una serie banal, vacía, repleta de clichés y totalmente absurda que quizás disfrutarán quienes no se anden con demasiadas exigencias a la hora de ver una ficción. Por supuesto que Collins trata de sacar a flote este barco en constante hundimiento, pero dicho protagónico no tiene suficiente fuerza para soportar tanta incoherencia. Por Emanuel Juárez.


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