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Ver para odiar: qué es el Hate Watching

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Ver para odiar: qué es el Hate Watching

Ver para odiar: qué es el Hate Watching

¿Qué es el Hate Watching? Es un término popularizado –dicen los que saben- con las críticas a la serie musical SMASH en 2012. Si bien siempre ha existido esta clase de visualización, es desde allí que no hemos parado de usarlo para referirnos a esas series que vemos odiándolas: las detestamos, pero seguimos episodio tras episodio depositados en un sillón esperando aquello que nos hace tan mal al corazón y a la presión arterial, aunque sea solo para reírnos del drama más almidonado.

Atención: no es un guilty pleasure. Los placeres culposos (sean series que por ser tan malas son buenísimas, o aquellas que no son de nuestro estilo pero nos han enganchado) nos gustan, nos divierten, los disfrutamos. En el Hate Watching no hay placer: hay odio, saña, hay una mala predisposición ante el producto. Hay algo de goce, sí, pero esto es otra cosa: es maldad.

¿Somos masoquistas acaso? ¿Nos sobran las horas del día para desperdiciarlas de esta manera? ¿Tenemos algún problemita psicológico? Todo puede ser.

Qué es el Hate Watching: el ver para odiar.

análisis qué es el hate watching

¿Está mal el Hate Watching? No, estamos en un mundo libre (al menos es lo que nos han hecho creer) y cada uno dispone de sus horas de ocio como quiere. Ver un capítulo con la intención -ya desde que suena la intro- de buscarle el error, la escena inverosímil, para salir y hacer un comentario sesgado de ironía en twitter, facebook o por señal de humo, es una constante muy de moda.

En mi caso personal (imposible escribir este tipo de notas sin hablar en primera persona un rato, sepan disculpar) no soy proclive al Hate Watching: por lo general, si algo no me gusta al 3º capítulo, chau, a otra cosa, que opciones sobran. Y si una serie que amo se desvía demasiado de lo me gustaba, prefiero abandonarla y quedarme con el buen recuerdo de lo que alguna vez fue.

Como no soy hipócrita ni me creo superior a nadie, debo confesar: claro que no he podido escapar del hate watching. Aunque podría escudarme en que debo seguir viendo por mi labor profesional (esto no deja de ser un trabajo y me debo a ustedes, queridos lectores), la realidad es que muchas veces no he podido quitarle los ojos de encima a series que nacen malparidas (cómo olvidar esta nota sobre Gotham que tantos insultos me valió), o quedarme presenciando un derrumbe. Es como querer evitar mirar el accidente en la banquina: no se puede.

El crítico Tim Goodman analizaba hace un tiempo el fenómeno en The Hollywood Reporter, preguntándose ¿cómo puede alguien ver los programas que realmente le gustan y además tener suficiente tiempo para seguir viendo un programa que le molesta? Llegó a la conclusión de que en realidad no odiamos tanto lo que afirmamos odiar, al menos en un nivel subconsciente.

La esperanza es lo último que se pierde

qué es el hate watching

Y en este punto surge otro término que tiene mucho que ver con el Hate Watching: el Hope Watching, el mirar teniendo esperanza de que la mala racha pasará. Generalmente es cuando seguís una serie porque pese a encontrarle todo tipo de fallas creés en ella, en que alguien se despabilará y todo mejorará.

En esos casos viene a ser como algo que te invita a seguir: Homeland es en mí un ejemplo. Con la temporada 3 todo el mundo huyó de ella. ¿Quise arrancarme los ojos cada vez que aparecía Dana Brody? Pues claro que sí; pero había algo (¿Claire Danes? ¿el recuerdo de la grandiosa primera temporada? ¿mi mascota susurrándome “no, pará, que yo quiero seguir viendo») instándome a bancarla. Y aguantar valió la pena: en la cuarta temporada el golpe de timón fue abrumador y la serie volvió a la grandeza.

Entiendo perfectamente que no me crean y sigan en sus cabezas con la imagen de que Homeland es la bosta en que se convirtió. Los comprendo: constantemente me insisten con que retome series abandonadas pues según muchos (principalmente gente en cuyo criterio confío) han mejorado; y no lo he hecho pues la primera impresión es muchas veces definitoria.

No vamos a engañarnos, todos nos estamos perdiendo cosas grandes por culpa de los preconceptos, pero es entendible ante tamaña oferta de shows televisivos en esta época donde las buenas series abundan, aunque los huérfanos de Breaking Bad y Mad Men vean un panorama desalentador y sin salida. En ese caso es el Hate Watching en su máxima potencia: ver todo para que no te guste nada.

Perdóname, The OA

critica the oa temporada 2

Lo bueno de ver renacer de sus cenizas una serie que diste por perdida, la satisfacción de que el tiempo entregado no fue en vano, suele justificar el Hate Watching. Aunque por lo general el odio ciega tanto que no sos capaz de discernir que la mejoría ha llegado… o te negás a reconocerlo pues seguir odiando te parece más atractivo.

Ya saben que detesté la primera temporada de The OA, si hasta me han insultado en todos los idiomas por incluirla en esta nota sobre la peores series Netflix (las autoridades del sitio eliminaron los comentarios, una pena que no puedan compartir los agradables mensajes dirigidos especialmente a mi madre).

Obvio que cuando arrancó la segunda temporada estuve en primera fila. ¿Esperando una mejoría? No: simplemente para volver a regocijarme de odio. Pero resulta que lo que vi me fascinó, más allá de delirantes pulpos, dejándome ante un final que da ganas de ir a buscar a las autoridades de Netflix y abofetearlas por cancelarla.

Me preparé para reírme del nivel de idiotez y hacerme el gracioso a riesgo de molestar a gente que seguía el show de Brit Marling convencidos de estar viendo una obra maestra. Es que sobre gustos, ya saben lo que dicen.

Entonces: ¿por qué seguimos viendo algo que es una carga, que pone de mal humor? ¿Solo para contarle al mundo que nos parece horrible? ¿Tenemos la esperanza de que mejorará? ¿Decimos que odiamos solo para subirnos a la moda de odiar?

Todo esto me lleva a más preguntas, ¿por qué sigo mirando cada nueva e impresentable serie clase B de Netflix, mientras se me acumulan episodios de shows que seguramente me darán más satisfacciones? ¿Por qué estoy esperando desesperado la temporada 5 de The Affair si no hay forma de que se encamine correctamente luego de la purga de medio elenco? Por qué, y más por qué.

Nadie está libre de ver odiando, ni tampoco de hacerte adicto a eso que empezaste odiando. Pero ojo, que puede llegar un punto donde el odio se da vuelta y el odiado pasás a ser vos por tanta vehemencia sin sentido despotricando contra una serie cuando podés estar viendo otra.

¿Conclusión? No tengo, solo que odiemos con moderación, mientras sea mínimamente divertido.

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