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Tienen que ver Diablero, el cazador de demonios mexicano

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Tienen que ver Diablero, el cazador de demonios mexicano

Tienen que ver Diablero, el cazador de demonios mexicano

Quienes busquen un giro original en las series de terror y aventuras, tienen que ver Diablero, serie mexicana basada en la novela El Diablo me Obligó de Francisco Haghenbeck. Incorpora muchos elementos de la tradición indígena dentro de su mitología y ya tiene segunda temporada en Netflix.

¿De qué va?

En un mundo que fue abandonado hace mucho por los ángeles, la última defensa contra las fuerzas infernales está en las manos de diableros como Elvis Infante (Horacio Garcia Rojas), un cazador de demonios profesional que ayuda a cualquiera que tenga problemas con los engendros del inframundo. Claro, a cualquiera que pueda pagar su tarifa, pues el mezcal no se compra solo.

Por ponerlo en términos más populares, es una especie de John Constantine de ancestros nahuas, un antihéroe carismático con varios muertos en la conciencia que de vez en cuando elige hacer lo correcto antes que lo rentable.

Al comenzar la primera temporada un demonio está secuestrando niños, uno de las cuales resulta ser la hija del sacerdote Ramiro Ventura (Christopher Von Uckermann). Este, ante la falta de respuesta de la policía y del obispo, recurre a los servicios de Elvis para rastrearla, sin sospechar que eso lo pondrá en el camino a enfrentarse con el apocalipsis.

ver Diablero

Por qué ver Diablero

Los cazadores de monstruos no son un tema muy novedoso en las series. Cada unos meses aparece alguna nueva producción, quizás soñando con lucrar con el hueco que dejan los Winchester después de quince temporadas. La mayoría tienen el problema importante de sentirse todas iguales, con personajes e historias sacados de un mismo manual al que le van haciendo algunos cambios superficiales.

Lo que diferencia a Diablero es que no se toma tan en serio nada de lo que hace, permitiéndose jugar con el ridículo para volverlo verosímil dentro de su universo, dejando que sus personajes se muevan por todo un bajo mundo donde la magia es moneda corriente, ya sea para apostar en peleas entre poseídos o para comerciar con demonios embotellados.

Oculto a plena vista del resto del mundo, quienes habitan ese mundo marginal conviven con lo sobrenatural con total normalidad porque es parte de su cultura. La magia de los diableros se basa en la mitología nahua, grupos originarios prehispánicos que aún hoy pueblan buena parte de México y conservan algunas de sus tradiciones ancestrales, historias y saberes. Se entrelazan orgánicamente con la propuesta de la serie, dándole su característico estilo particular que la diferencia y vuelve interesante.

Un chamuco bien chingón

Cuando aparece una propuesta de este tipo en la televisión latina, hay un miedo recurrente y bastante justificado: la calidad de la realización muchas veces no alcanza un nivel decente, especialmente en el rubro de los efectos especiales. No voy a decir que tienen que ver Diablero porque se destaca en este sentido, pero todo lo visual está en muy buen nivel dentro de su código al borde del absurdo, sin abusar de los efectos especiales cuando no hacen falta, manteniendo un nivel bastante aceptable para los estándares. Al mismo tiempo, que tenga solo ocho episodios por temporada seguramente ayuda a focalizar mejor la producción y mantener contenido el presupuesto.

Tienen que ver Diablero

La familia no se elige

La historia de cada temporada es bastante concreta y sin desvíos, todo lo que muestran eventualmente cumple alguna función para hacer avanzar la trama o desarrollar a los personajes, el otro atractivo que tiene esta serie.

El resto del equipo de Elvis se completa con su hermana Keta (Fátima Molina), que aunque su padre se negó a entrenarla como diablera igualmente desarrolló habilidades para la magia superiores a las de su hermano, y Nancy (Giselle Kuri) una joven capaz de hacerse poseer por demonios a voluntad para convertirse en una imparable máquina de combate. Entre ellos forman un vínculo de familia muy especial, cargado de humor y de lealtad mutua que los hace enfrentar el peligro sin cuestionar mucho los motivos, siempre que sea para ayudarse. 

Y es acá donde entra en juego uno de los factores que seguramente va a expulsar a parte del público: aunque no faltan escenas de violencia o terror bastante oscuras, también se maneja con un tono de comedia que no conoce de sutilezas ni miedo a la sobreactuación. Para atreverse a ver Diablero es necesario primero aceptar que juega con otras reglas que muchas de las series que acostumbramos ver; algo que, una vez que entramos en código, se convierte en uno de los mayores atractivos de la propuesta.

Pueden ver Diablero en Netflix


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