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Tienen que ver The Knick: serie no apta para impresionables

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Tienen que ver The Knick: serie no apta para impresionables

Tienen que ver The Knick: serie no apta para impresionables

La serie de Steven Soderbergh donde Clive Owen es un médico con bastantes problemas pero tan bueno en lo suyo que sus (muchas) adicciones casi que no importan. Tienen que ver The Knick.

¿De qué va?

Drogadicto, con muy mal carácter, racista. El Dr. John Thackery que interpreta Clive Owen (Closer, Children of Men) no es el tipo que elegirías para ir a hacerte un chequeo, pero si por esas cosas del destino caes en el Knickerbocker, un muy en crisis hospital ficticio del Nueva York de principios del siglo XIX, estate seguro que el tipo, puesto y todo, va a dar su vida por salvarte.

La serie está basada en la vida del Dr. William Halsted, un hombre que puso su impronta en especialidades como la anestesia y la ginecología. Pero marcar vanguardia en esos tiempos implicaba no hacerle asco a nada y mandarse a experimentar en sus pacientes con técnicas bastante polémicas: es que la medicina estaba en plena albor y para estos médicos todo estaba permitido.

Por qué ver The Knick

Así como esas técnicas poco ortodoxas marcaron la época, el creador del show utiliza también un tono que más de uno va a desaprobar. Sangre y procesos quirúrgicos son mostrados hasta en el más mínimo detalle, espantando a cualquier alma impresionable o que sienta un poquito de repulsión cuando un bisturí penetra sin piedad la carne humana. Nadie imaginaba tanta minuciosidad, Soderbergh aprovecha al máximo las posibilidades y falta de tabúes de la TV por cable, cosa que si el Dr. House hubiese intentado mostrar en una cadena de abierto habría durado dos episodios antes de terminar censurado en un cajón.

El laburo de Owen es fabuloso, tanto que opaca al resto de un elenco de secundarios de por sí brillantes, todos y cada uno rodeados de un aura oscura y trágica que de a poco se irán luciendo con sus líneas (algunas realmente brutales).

Soderbergh, que nos diera films de la talla de Traffic, Ocean’s Eleven o Erin Brockovich, le tomó el gustito a la TV con su Behind the Candelabra que arrasara en todos los premios que se le cruzaron por el camino. Es que el hombre había anunciado su retiro del cine varias veces pero nunca lo concretaba. ¿El motivo? Su desilusión con el sistema de Hollywood. Pero cuando pensaba que no haría más nada descubrió la pantalla pequeña.

Me llegó el material y, como le pasó a Clive Owen, quedé completamente enganchado con la historia. Me cansé de hacer cine, dejó de ser divertido. Además, la gente no veía mis películas.

Y tanto Steven como Clive se pusieron la serie en sus espaldas y decidieron no ir a HBO sino a Cinemax, canal subsidiario de aquel donde dijeron tener incluso más libertad. Los dos se hicieron cargo de la producción ejecutiva y Steven optó por dirigir él mismo cada uno de los episodios. Pero fue por más: se puso al mando de la impecable fotografía y la bestial edición.

Hay dos excelentes temporadas y se anunció que NO habrá una tercera. Pero que eso no los espante: el final del segundo ciclo es un cierre perfecto, tanto que haber seguido se sentiría como un despropósito.


Visiten otros “Tienen que ver…”: Bron/Broen – UnReal – The End of the Fucking World – Alias Grace – Future Man – American Vandal – Y hay muchos más.

 

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