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Razones para jugar RAD

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Razones para jugar RAD

Razones para jugar RAD

La última producción de Double Fine es un juego de acción 3D post apocalíptico que reboza amor por los 80’. ¿Será esto razón suficiente para jugar RAD?

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RAD es un rogue-like 3D ambientado en un mundo post-post-apocalíptico, donde la humanidad se ha enfrentado al Armagedón no una, sino dos veces. El juego publicado por Bandai Namco nos lleva a un páramo radioactivo lleno de criaturas desconocidas e innumerables referencias a los 80 (imposible no sentir que se está viendo un spin off de Stranger Things)

Nuestro protagonista es un joven armado con un bate de béisbol y ropa con toda la onda. Con una perspectiva digna de un dungeon crawler deberemos explorar las zonas del páramo mientras nos exponemos a peligrosas toxinas.

Como todo buen Rogue like, jugar RAD significará morir una y otra vez para volvernos mejores. Estas “mejoras” vienen en forma de mutaciones: al estar expuestos a radiación y toxinas, distintas mutaciones irán afectando nuestro cuerpo. Estas mutaciones son las que nos ayudarán a sortear los cada vez más complicados enemigos.

Cuando comenzamos a jugar RAD ni siquiera seremos lo suficientemente hábiles para ejecutar un “hit and run” de manera correcta. Nuestro ataque es lento y difícil de coordinar, pero a través de diversas mejoras iremos “evolucionando” (nunca mejor dicho). También podremos mejorar nuestra apariencia y nuestra arma principal.

El punto más fuerte de RAD es la variedad y cantidad de mutaciones que podemos alcanzar. Ver qué tipo de combinaciones conseguimos y explorar el límite de nuestro cuerpo es altamente adictivo. Como todo buen rogue-like, completar una partida no requiere gran cantidad de tiempo (entre 1-2 horas). Morir una y otra vez permite evolucionar; esta característica del género lo vuelve un poco frustrante. Los enemigos más avanzados son ridículamente difíciles y requieren de experimentación para superarlos.

La curva de dificultad es quizás un poco elevada. Los primeros niveles podremos superarlos fácilmente, pero al avanzar deberemos repetir varias veces hasta llegar al nivel correcto para superar los enemigos.

La historia es simple con toque de humor y referencias constantes a los 80-90, el relator y las voces en off son geniales. La elección de colores y diseño es una fiesta neón de CRT. El diseño de los mapas es simple y repetitivo, al igual que los enemigos. Los mismos se repiten en etapas más avanzadas tanto en diseño como en patrones de ataque y se observa cierta contaminación visual cuando los elementos en pantalla son numerosos.

Este combo hace que jugar RAD sea una experiencia divertida, pero no mucho más. Está lejos de ser una obra maestra pero no deja de ofrecer momentos de diversión. Sobre todo para aquellos que peinen algunas canas y dejen escapar alguna mueca con sus referencias y humor.

Pueden revisar otros títulos de Bandai Namco acá

 

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