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REVIEW: Cornelia Frente Al Espejo

Críticas

REVIEW: Cornelia Frente Al Espejo

Noticia de último momento: un personaje de la literatura escapa de un famoso cuento y aparece en las pantallas de cine.

Dueña de un vocabulario de tal extrañeza capaz de impresionar a la imaginación, la literatura es pura intención estética tejida con palabras. El cine es poético, es verso y prosa. Aunque poco sabe de diálogos, por su temprana juventud, el realismo lo arrastró en los últimos años a las palabras gastadas de la vida cotidiana. Por eso, es nuevo enfrentarse con el sonido de la letra escrita. Es nuevo y renovador porque abre las puertas a la certeza de que es posible escuchar personajes encerrados en los libros. Es posible y le suma al cine otra materia significante más, de las tantas que tiene, como ser esta voz compleja colmada de acertijos.

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EL CUENTO-FILM

El film transcurre en una casa. Narra tres momentos, en el que Cornelia se encuentra primero con una mujer, a quien llama amiga. Es el personaje conocido, al que ella visita intencionalmente, de quien se quiere despedir, con quien rememora el pasado, a quien le puede hacer sus más íntimas confesiones e incluso junto a quien toma el veneno para cumplir su mayor deseo, matarse. Luego entra a la casa un ladrón, con un ridículo antifaz negro y un cuchillo de mango blanco en el bolsillo. Parece un producto de su imaginación, el hombre malo con el que siempre fantaseó. Cornelia juega con él en el living, en la sala, en la bañadera, incluso coquetea con su aparente maldad que no la asusta. Sin embrago le pide que la mate. Aunque uno se preguntaría para qué quiere un muerto que lo maten.Finalmente llega a la casa otro hombre, un buen hombre, que la protege, la escucha, la besa. Ella le relata el día en el que la soledad y la oscuridad entraron en su cuerpo. El dice haberla besado, ella lo niega. Le dice “Jamás nos dimos un beso. Si crees que nos hemos besado, es que has besado un fantasma”. La casa queda sola. La cámara nos muestra a los objetos reposar en un sin sentido de existencia. Quedan los espejos, quedan los retratos, pero ya sin cuerpo que los habite.

CUANDO LOS RECURSOS NARRAN

Es un acierto de enorme sutileza el recorrido que hace Cornelia por los distintos espacios de la casa. Ella es el espacio; la cámara no se separa de su presencia, por lo que no hay grandes movimientos injustificados. Hay primeros planos que retratan el rostro de Cornelia como si fuera el de una muñeca o una estatua de mármol blanco. Hay un estar ahí de la cámara en plena subjetividad. Hay un adentro y un afuera de la casa y de ella. El adentro de la casa es indescifrable, lo vemos pero no podemos conocer la relación entre los espacios, es una incógnita, cómo lo es el adentro de ella. Una mujer que a pesar de que habla sin parar y reflexiona y no teme, nos enreda en ambigüedades que sólo nos dejan adivinar. Pero el afuera, el afuera sólo llega al final. Llega con un jardín, con un beso no dado, con una decisión.

Para las actuaciones no queda más que un gran aplauso. No por complacer sino por agradecer a una cuidada dirección de actores, a una búsqueda que supongo habrá sido eterna para parir a Cornelia en la piel de Eugenia Capizzano, que está en pantalla constantemente y mantiene el aire de un personaje que incluso podríamos pensarlo como una convención: joven de buena familia, perspicaz, inteligente y seductora pero con deseos incomprensibles de suicidarse como un simple acto de romanticismo. Flota en el aire como un fantasma; oculta su rostro tras el reflejo de un espejo o, como revelan en este caso los dibujos de Max Ernst, bajo la cabeza de un pájaro.

La música compuesta por Jorge Arraigada y la fotografía en manos de Matías Mesa enriquecen el relato y construyen una atmósfera de ensueño que aparenta tranquilidad pero esconde las grietas donde se anidan las preguntas sin respuesta.

CONCLUSIÓN

El gran logro de la película es que plantea un cine que se abre a la ambigüedad y de esa manera confía en el público. Que se abre a la entrega de un relato en el que hay que bajar la neurosis, hacer silencio, respirar hondo y disfrutar de la ausencia de certezas. Como dijo Proust respecto al acto de leer: «No sólo me leo a través del texto, sino que me escucho al escucharlo, me pienso al pensarlo, me analizo al analizarlo, me interpreto al interpretarlo…». Cornelia frente al espejo abre el juego a pensarse a uno mismo.

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