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REVIEW: Casa Coraggio

Críticas

REVIEW: Casa Coraggio

Crítica realizada durante el BAFICI [19].

Casa Coraggio es una reconocida cochería fúnebre de la localidad de Los Toldos, Buenos Aires; pero también es la excusa que encuentra el documentalista Baltazar Tokman para poder trazar una historia que va más allá de lo familiar, para adentrarse en el propio significado de la muerte.

La muerte les sienta bien

Baltazar Tokman es uno de los documentalistas más eclécticos y particulares del cine argentino. En su filmografía podemos encontrar las disímiles Tiempo Muerto, Planetario, y I Am Mad, que no guardan demasiada relación entre sí salvo por huir de los formatos clásicos de lo que se supone un documental debería ser.

Sí, Casa Coraggio es un documental, pero se sigue con el mismo interés con el que abordamos una película de ficción. Nos cuenta una historia, plantea una búsqueda y a su modo construye personajes que se gana nuestra total atención.

Los Coraggio son una familia tradicional de la ciudad de Los Toldos. Hace 120 años crearon una empresa a la que se volvió imposible rehuirle: manejan la cochería más importante de la zona.

La cámara sigue a Sofía Urosevich, heredera de la familia Coraggio, pero que se mantiene alejada del negocio familiar. Sus padres están divorciados y es él quien se quedó con el manejo de la funeraria. Determinados hechos, incluyendo problemas de salud del padre, traerán a Sofía de regreso a Los Toldos mientras otras revelaciones la llevarán a revisar la historia familiar.

Lo primero que viene a nuestro recuerdo al ver Casa Coraggio es otro documental revelación argentino como Buenos Aires, Beirut, Buenos Aires de Hernán Belón, siguiendo a la actriz Grace Spinelli en un viaje por las mujeres de su familia que la llevaba a cruzar el continente.

Aquí Sofía no sale de Argentina, ni siquiera de Buenos Aires, pero viaja de La Plata a Los Toldos para enfrentar su destino. Hay una historia que tiene que ver con los fundadores de la cochería, con la tatarabuela de Sofía y un amor clandestino entre familias de orígenes y nacionalidades diferentes. Pero también está la historia de ese legado al que Sofía deberá enfrentar en el presente con su padre enfermo que debe operarse, y una abuela que maneja los hilos del clan con mucha amabilidad y firmeza.

Tokman logra que nos interese el destino de cada uno de los personajes que no son entrevistados, son vividos. Hay una placa a inicios del film aclarando que, al conocer a la protagonista, Baltazar le prometió hacer una película de su familia solo si sus padres se animaban a interpretarse a ellos mismos, claramente Tokman tiene buen ojo para saber dónde hay personajes reales con el carisma natural para captar nuestra atención.

Muchas son las personas/personajes que atraviesan esta historia, el padre, la madre, los empleados, la abuela, la pareja de Sofía, y hasta los clientes en mudos pero llamativos cameos.

Casa Coraggio no puede ni quiere evitar hablar de la muerte, es necesario que en una familia que vive de ese negocio la muerte los atraviese, y ahí están, expresándola, debatiéndola, de modo totalmente desacralizado, aunque siempre con respeto, nunca burlon. Habrá momentos de humor, o gracia, que provengan del accionar normal de los intervinientes, pero nunca se los ve forzados a algo.

La muerte como un negocio, como un paso más, como una ceremonia, como algo que a la larga todos afrontaremos; y también como parte de ese destino. Porque, así como hay muerte, todo se desata a través de un festejo de quince, visto como el comienzo de las experiencias propias.

La cámara de Tokman, aunque nunca interviene y se mantiene alejada, es un personaje más, capta momentos bellísimos, planos únicos, momentos que prescinden de la palabra porque expresan todo. La lente imprime un gran dinamismo y permanentemente desde el montaje y la elección de la fotografía hay un clima ameno, de familiaridad, que hasta es capaz de recordarnos a Familia rodante.

Conclusión

Casa Coraggio expresa todo lo que se puede lograr desde el género documental alejado de la denuncia. Borra los límites entre la ficción y la realidad y hace que no nos importe cuánto de armado persiste, todo parece real. El carisma de las personas delante de cámara, la sutileza con la que aborda su temática, y la belleza con que se nos es presentada, componen un cuadro de gran riqueza. Baltazar Tokman logró nuevamente ubicarse muy por encima de la media.

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