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REVIEW: Dioses de Egipto

Críticas

REVIEW: Dioses de Egipto

Los dioses deben estar locos

La década de los noventa tuvo en Alex Proyas uno de sus directores más interesantes. Con películas como El Cuervo y Ciudad en Tinieblas, el realizador nacido en Egipto pero radicado en Australia fácilmente se posicionó como una figura a tener cuenta dentro del cine fantástico. Recordada por algunos como la cinta maldita que rodaba Brandon Lee al momento de morir, El Cuervo se encuentra entre las mejores adaptaciones de comics de aquel entonces, cuando el género todavía estaba en pañales, e incluso se mantiene vigente hasta hoy, ya convertida en un clásico de culto. Pero si de clásicos de culto hablamos, no podemos dejar de lado al segundo opus de Proyas, una visualmente ambiciosa y narrativamente estimulante historia de ciencia ficción que explora un tema tan delicado como la conciencia humana. Ciudad en Tinieblas es una obra monumental que resultó un fracaso al momento de su estreno, siendo re-editada por el estudio antes de su lanzamiento, aunque más adelante el propio director lograría un nuevo corte mucho más cercano a su idea original, en las posteriores ediciones de DVD y Blu-Ray. De todas maneras el film fue ganando adeptos con los años, llegan incluso a inspirar a los hermanos Wachowski durante la realización de The Matrix, película que le debe más de una idea a lo filmado de Proyas.

dioses de egiptoEl comienzo del nuevo milenio lo encontró en Australia, donde realizó la frenética comedia punk Garage Days que sirvió para revivir aquellos días en los que filmaba video-clips para bandas como Alphaville, Yes o INXS. Su regreso a Hollywood sería en el 2004 con Yo, Robot, una bien recibida mezcla de acción y ciencia ficción que apenas se basada en la obra de Isaac Asimov. Y finalmente en el 2009 estrenaría Knowing, con Nicolas Cage, una cinta apocalíptica de corte new age, que si bien tenía el poderío visual que acompaña a todas las realizaciones de Proyas, flaqueaba un poco en lo que a guión respecta.

Dioses de Egipto es el sexto film del realizador en 22 años, un número con sabor a poco si se tiene en cuenta el tiempo que lleva en actividad. Por lo menos para quien les escribe, el estreno de una cinta con el sello de Proyas suele ser todo un evento, muy a pesar de que la calidad fue disminuyendo películas tras película y año tras año. Knowing tiene una gran cantidad de detractores, entre los cuales no me incluyo. Pero defender una obra como Dioses de Egipto tal como lo hacía con la cinta de Nic Cage sería una tarea casi imposible de lograr y todo por un sencilla razón: Dioses de Egipto es indefendible.

No caben dudas que Proyas siempre fue un director sumamente visual, y Dioses de Egipto da cuenta de eso. Probablemente, en lo que efectos especiales y diseños de producción respecta, sea su película más ambiciosa hasta hoy. Pero a pesar de que podemos encontrar el nombre de Proyas en los créditos, nunca lo sentimos en las imágenes. Filmada casi en su totalidad en una pantalla verde y completada durante la post producción, apenas se nota la mano de un director que solía optar por lo artesanal, y que era sumamente cuidadoso con lo que mostraba y hasta con lo que decidía ocultar. Dioses de Egipto es más bien un collage hecho por algún nene de jardín que usa todos y cada uno de los colores y las herramientas que tiene a mano para trabajar. Es una película que se siente visualmente sobrecargada y, para hacer las cosas peor, con efectos visuales de baja calidad. Aunque en algunos los escenarios, las criaturas (más de una nos hará pensar en la fallida Furia de Titanes) y el diseño de los dioses se pueden encontrar algunas buenas idea, están en su mayoría mal aprovechadas.

Si Proyas falla de manera estrepitosa en el aspecto visual que tuvo bajo su control durante toda su carrera, podrán imaginar lo que sucede con el guión. Uno de los más incompetentes de los que tenga memoria en lo que a súper-producciones del último tiempo respecta. Que para que se hagan una mejor idea, nos llega de los mismos sujetos responsable de otros bodrios como El Último Cazador de Brujas y Drácula: La Historia Jamás Contada. Dejemos de lado que Egipto tal como lo muestra el film nunca existió (tampoco es su intención ser históricamente exacta), y que ninguno de los personajes ni siquiera se asemeja a uno de origen egipcio, siendo una de las actrices de padres camboyanos la que más cerca se encuentra. Todos y cada uno de los personajes de esta historia están mal escritos desde el comienzo. Algunos, como el del ladronzuelo interpretado por Brenton Thwaites, volviéndose por momentos irritable. Todos los conflictos quedan planteados desde los diálogos o una espantosa voz en off, como la repentina y casi hilarante escena en que se nos introduce a Gerard Butler en el villano de esta historia. Butler no hace un papel muy diferente al que supo interpretar en 300, aunque siendo generosos con él tampoco tiene demasiado material para distanciarse. Lo mismo sucede con Nikolaj Coster-Waldau, un dios de moral ambigua y con una discapacidad física que tampoco hace demasiado por alejarse de su rol como Jaime Lannister de Game of Thrones. Por favor, fanáticos de Marvel, no dejen de prestarle atención a la interpretación de Chadwick Boseman, el futuro Black Panther, ya que si yo estuviera en vuestro lugar tendría mucho, mucho miedo (nobleza obliga, hace muy buenos trabajos en 42 y Get on Up). A quien sí podemos encontrar dentro de lo aceptable es a Geoffrey Rush, que con más cintura y oficio que mérito del propio guión, es el único que logra no pasar vergüenza en las más de dos horas de aburrimiento que propone la cinta.

Conclusión

Dioses de Egipto es la peor cara del cine pochoclero. Y es una decepción todavía más grande viniendo de un director como Alex Proyas, que en su momento supo filmar memorables películas dentro del género fantástico. Honestamente hay poco y nada para rescatar, siendo las interpretaciones y su guión por demás de flojos. Quizas algunos encuentren consuelo dentro del pastiche visual que armó el director, donde, aun sobrecargado de colores, imágenes y diseños, se pueden valorar algunas buenas ideas. La película se ve y se siente como un videojuego. De esos que van directo a la acción y no pierden tiempo en intentar contarnos una historia. Lamentablemente para nosotros, este es uno sobre el cual no tenemos control alguno y nos toca ver como otros se divierten. Mientras tanto, nosotros seguimos esperando nuestro turno sentados en la butaca… el cual nunca va a llegar.

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