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Sweet Tooth (REVIEW)

Críticas

Sweet Tooth (REVIEW)

Con Sweet Tooth, Netflix encontró la forma para que den ganas de ver, justo ahora, una serie sobre un virus que azota al mundo. Crítica a continuación.

Cuando Robert Downey Jr., con su productora Team Downey, decidió adaptar como serie el cómic de DC de Jeff Lemire el mundo era otro. Netflix aceptó la propuesta y se filmó en 2019 el episodio piloto. Luego ocurrió lo que todos conocemos y vivimos a diario: virus, pandemia, cuarentenas, barbijos, pánico al contagio y largos etcéteras.

La suerte de esta producción fue haber escogido el tono antes de que llegara el nefasto 2020. Su decididamente amable estilo, tanto narrativo como visual, marcó un camino que seguramente hubiese sido otro (mucho más oscuro) si las decisiones en cuanto a la adaptación llegaban un año después. Con el camino señalado en ese colorido y tierno primer capítulo, el rodaje se retomó ya en un mundo real completamente distinto, uno que la serie opta -acertadamente- por no convertir en espejo.

Dulce y tierno Caramelito

Sweet Tooth se ubica 10 años después de que un virus acabó con gran parte de la humanidad. De ese virus surgió el nacimiento de niños híbridos que presentan una parte humana y otra parte animal. No sabemos si son la causa de la pandemia o un efecto de ella, pero el miedo rápidamente se apoderó del resto de los sobrevivientes que decidieron eliminarlos.

Así conocemos al protagonista, el pequeño Gus (Christian Convery), un jovencito con orejas y astas de ciervo a quien su padre (Will Forte) protegió internándose a vivir en algún lugar del Parque Nacional Yellowstone, lejos de la destruida civilización. Gus creció en una infancia de cuento de hadas hasta que pasa lo inevitable. El niño se ve forzado a salir de su zona de confort para enfrentarse al cruel mundo, representado por un grupo llamado «Los últimos hombres» que quiere aniquilarlo.

Como en esas fábulas que leíamos de chicos, Gus a lo largo de su recorrido se irá encontrando con otros golpeados seres que lo ayudarán a sobrevivir y, al mismo tiempo, sanarse a sí mismos. En compañía de Jepperd (Nonso Anozie, Xaro Xhoan Daxos en Game of Thrones) atravesarán Estados Unidos enfrentándose a peligros y enemigos varios, pero manteniéndose juntos y forjando una relación entrañable que será piedra angular de los 8 episodios que forman esta primera temporada.

Porque más allá del origen del virus, de sus efectos y de los clásicos clichés de las series postapocalípticas, Sweet Tooth decide enfocarse principalmente en este par de errantes que se terminarán convirtiendo en la familia que ambos necesitan. La ficción funciona como un cuento infantil pero que le habla más a los adultos que a los pequeños, y hasta incluye a ese efecto la sugerente voz de James Brolin llevando las riendas del relato y conectando las diferentes tramas que presenciaremos durante la misma.

Hubiese sido normal que rodando en pleno 2020 el enfoque se viese influenciado por lo que pasaba en nuestro horrible mundo real, y hasta era inevitable que sepan que nuestra mirada como espectadores no sería la misma que en 2019, pero el mérito del show es no sucumbir a ello y -a pesar de las inevitables coincidencias y puntos en común- no crean un mundo desolador o sin esperanza.

La fantasía es el eje y le gana a la paranoia, todo gracias a ese niño tan tridimensional que asombra y al vínculo que crea con «sus dos padres».

Sweet Tooth y el apocalipsis familiar

Sweet Tooth – El Niño Ciervo

Si bien el mundo desolado está presente, no se lo muestra gris como en la gran mayoría de las propuestas del género (aquí tienen una lista con 10 series sobre virus donde pasarla mal parece ser nuestro destino). Netflix opta por el color, por hacer lucir pintorescos los escenarios devastados y por dejar florecer en cada rincón de la pantalla un ápice de ilusión. En definitiva, por hacer que nuestros sentidos no quieran salir corriendo al darle play, porque para pálidas están los noticieros.

Esto no quita que haya villanos, seres queriendo aprovecharse de la crisis y personas que en su afán de sobrevivir pisarán a su vecino si es necesario, pero aparecen retratados respetando la esencia de cómic, acercándose a personajes de un cuento de hadas más que a los siniestros enemigos que intentan enmarcarse en el realismo propio de este tipo de propuestas.

Neil Sandilands interpreta al villano de Sweet Tooth.

La maldad, la violencia (que es mucha, no a niveles grotescos pero más que la que un producto con posible público infantil se permitiría) y lo conspiranoico siguen ese mismo estándar. Se alejan de la realidad con un tono más cercano a Utopia (la buena, la original) que a The Walking Dead.

El punto débil aparece quizás cuando se alejan de Gus y su mundo mágico de descubrimiento, pues no todas las tramas que corren en paralelo son igual de interesantes. Pero no es algo que hunda a Sweet Tooth ya que la acertada duración de los episodios (más cercana a los 42 minutos que a la crítica hora real) y el estilo de la narración con ese off que nos guía las hacen llevaderas. Crecen a lo largo de los capítulos, hasta el punto de que cuando se unan hayan recibido el tratamiento adecuado para dejarnos con ganas de ver cómo funcionan esas conexiones en una segunda temporada que espero Netflix anuncie pronto.

sweet tooth
Sweet Tooth (REVIEW)
Conclusión
Familiar pero no infantil, esperanzadora pero sin dejar de lado la oscuridad y los dilemas morales, Sweet Tooth construye un relato pandémico y postapocalíptico más cercano al cuento de hadas que a la insoportable realidad que vivimos desde 2020. En ese escape reside su mayor éxito haciéndola sorprendentemente recomendable.
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