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Tienen que ver City on a Hill: ¿la The Wire de Ben Affleck?

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Tienen que ver City on a Hill: ¿la The Wire de Ben Affleck?

Kevin Bacon nos invita a recorrer los rincones más sucios de Boston en los años 90, la ciudad en la colina donde la corrupción policial y el racismo eran la norma. Basada en una idea de Ben Affleck, tienen que ver City on a Hill y en la presente nota les diremos por qué.

¿De qué va?

El joven fiscal, Decourcy Ward (Aldis Hodge), llega ambicioso y esperanzado a una ciudad plagada de criminales y oficiales descarriados. Está decidido a limpiar las corruptas fuerzas del orden pero para eso debe aliarse con un tan venerado como poco confiable agente del FBI, Jackie Rohr (Bacon).

Esta unión, destinada a chocar en muchos aspectos, emprende la investigación del robo a un vehículo blindado. Ese asalto, que acabó muy mal, nos lleva a conocer a una familia de ladrones de Charlestown, los hermanos Ryan (Jonathan Tucker y Mark O’Brien), quienes serán piezas clave para que Ward y Rohr logren su objetivo de subvertir el criminal sistema de justicia de Boston.

Por qué ver City on a Hill

City on a Hill ha recibido algunas comparaciones que no por odiosas dejan de tener algo de cierto. Primero, con un clásico de este tipo de shows donde la violencia en las calles sirve para poner el punto de mira sobre las fuerzas del orden, Homicide: Life on the Street (1993-1999). Segundo, con una de las series más aclamadas por la crítica pero absolutamente ignorada por el público masivo, The Wire (2002-2008). Dos series que ya de por sí están unidas al estar basada la primera en un libro que recopila hechos reales escrito por David Simon, creador de la segunda. Ambas mostraron el fangoso mundo criminal de Baltimore.

Con Homicide, la comparación llega al estar producida por uno de sus hacedores principales, Tom Fontana. El productor ejecutivo se unió para ampliar la visión original de Ben Affleck, el guionista Chuck MacLean y el prolífico Barry Levinson (y claro, si está Ben, en la producción también está Matt Damon). Fontana sabe cómo trasladar a la pantalla ese clima de suciedad constante, donde las drogas toman las calles, con policías luchando no solo contra pandillas sino también contra la propia traición interna. Algo de esa serie se traslada aquí, aunque salteando el formato procedimental para establecerse con un caso único que va a ocupar los 10 episodios de la primera temporada (hay segunda en camino).

Con The Wire, la comparación viene por el lado de la mirada descarnada hacia las ciudades que habitan. Las convierten en un personaje más. Si The Wire ofrece una sombría imagen de Baltimore, City on a Hill hace algo semejante con Boston. En ambas pareciera que no hay esperanzas para escapar de la vorágine de robos, asesinatos y un sistema corrompido desde su propia base.

El ritmo de City on a Hill también tiene mucho que ver con el de The Wire. Y sabemos que si hay algo que ha alejado a quienes por curiosidad se acercan hoy al drama de Simon, es justamente ese cocer su trama a fuego lento, con episodios donde a la visión general pueda parecerle que «no pasa nada», una frase tan poco cierta que ni vale la pena discutir sobre ello.

Ver City on a Hill es una experiencia semejante, su trama requiere tiempo para tomar forma, para mostrar sus cartas. Pero la dupla Affleck-Damon parece haber entendido que podían correr el mismo destino que el show de HBO, por lo tanto intentan todo el tiempo separarse a fuerza de acción, el color sucio de los años 90 y una banda sonora que recuerda a la gran The Town (Ben Affleck – 2010). No por nada como consultor creativo se apoyan en James Mangold (Ford vs Ferrari, Logan).

Obvio que esas comparaciones, por más halagadoras que parezcan, hacen que el show no pueda de ninguna manera alcanzar los niveles excepcionales de aquellas. Está a años luz pero igualmente logra construir un drama policial más que sólido con ecos de esos shows que supieron fascinar a tantos espectadores.

La lluvia de grandes nombres también incluye en la dirección al propio Bacon y su esposa Kyra Sedgwick más, entre otros, al ganador del Emmy por Homeland, Michael Cuesta. Todos ayudan a que el producto sea visualmente atractivo, con un muy buen piloto y una tensión in crescendo que impide alejarse de la serie. City on a Hill no llega con algo realmente nuevo para ofrecerle al género pero sale más que airosa. En parte también por su gran caracterización de personajes.

«Lo que solía hacer grande a esta ciudad era que estaba dirigida por hombres malos, que sabían que eran malos»

Esa frase dicha por el personaje de Bacon es una definición clara de un hombre oscuro, golpeado por los años y por sus propias malas decisiones. Es un experto investigador, su nombre es conocido por todos, le temen y con motivos valederos. Violento, egocéntrico, alcohólico, de su boca salen todos los comentarios que en este 2021 llevarían a catalogarlo como un cavernícola que no acepta que el mundo está cambiando. Bacon sabe dotar a su criatura de un carisma que evita la repulsión que nos llevaría a odiar al protagonista.

Aldis Hodge (One Night in Miami, The Invisible Man) actúa como la necesaria oposición de Jackie Rohr. Su personaje representa lo que debería ser la justicia, el sueño de un mundo justo. El idealismo de uno contrasta con lo agresivo y corroído del otro. La relación entre ellos tiene el atino de escaparle a los clichés de policía bueno-policía malo que hemos visto hasta el hartazgo en cine y TV, ofreciendo una lógica de funcionamiento donde ambos saben que se necesitan para sus propios intereses, aunque no compartan nada de lo que piensan, humanizándose uno y agrietándose el otro a medida que avanza el trabajo en conjunto.

City on a Hill engancha además con el otro grupo de personajes cuyas historias corren casi en paralelo a los protagonistas, las cuales se cruzarán en algún momento del recorrido. Lo estrictamente policial y burocrático de la relación entre Ward y Rohr tiene su contraparte en los hermanos Frankie y Jimmy Ryan: se encargan de ponerse al hombro una trama de robos que podría habitar una clásica película de atracos. El siempre acertado Jonathan Tucker (Kingdom, Parenthood) entrega una labor repleta de matices al igual que Amanda Clayton (If Loving You Is Wrong) como su esposa, mientras que el ascendente Mark O’Brien (Halt and Cath Fire, Ready or not) realiza un gran trabajo interpretando a un indescifrable y carismático ladrón siempre al borde de caer al abismo, arrastrando consigo a quienes los rodean. Me atrevo a decir que este arco hasta supera al central.

Esos personajes funcionan y compensan otras tramas que no lo hacen tanto, líneas que se sienten como una soga que la serie misma se puso al cuello para cumplir con temáticas que no pudieron eludir, sumando algunos secundarios que no llegan a captar interés.

City on a Hill logra que de esa mezcla entre la The Town de Affleck y la Homicide de Fontana surja un producto más que digno, con visión propia y meta clara de hacia dónde apunta. Resulta un honorable heredero de los procedimentales policiales, sobresaliendo por su astucia al reunir un excelente elenco capaz de llevar con altura una historia que no por contada varias veces deja de ser atrapante.

Pueden ver City on a Hill en la nueva plataforma Paramount+


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