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Chinatown y la deconstrucción del cine negro

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Chinatown y la deconstrucción del cine negro

Chinatown y la deconstrucción del cine negro

Varias décadas después de su concepción, Chinatown (1974) –escrita por Robert Twone y dirigida por Roman Polansky– sigue siendo considerada un caso ejemplar de la deconstrucción del cine negro, un hecho que la convierte en una de las películas más importantes del género noir.

Chinatown y la deconstrucción del cine negro


Ese género olvidado…

El cine negro (también llamado noir o policial negro) es un género que hoy ha caído en desuso, igual que el expresionismo alemán y las películas de Eddie Murphy. Tuvo su apogeo en Estados Unidos en las décadas del ´40, ´50 y (en menor medida) ´60.

En su momento, el género tomó al mundo por sorpresa y, todavía hoy, sigue siendo mi gran favorito. Visualmente no se parecía a nada que se hubiera visto antes: monocromática iluminación de bajo perfil, tomas de cámaras en lugares inusuales, temáticas relacionadas con lo “bajo” (el crimen, lo detectivesco) y una atmósfera tan oscura como opresiva.

Los argumentos se asemejaban a aquellas viejas revistas pulp policiales que tenían como protagonistas a gánsteres, conflictuados detectives privados, víctimas de asesinatos y femme-fatales.

El cine negro tiene sus raíces, de hecho, en el Expresionismo Alemán, donde películas como Metrópolis (1927), de Friz Lang, fueron influencias decisivas para autores como Alfred Hitchcock, Orson Welles y Billy Wilder.

Al igual que aquellas viejas producciones europeas, el noir era particularmente estilístico. Cuestionaba la moralidad y coqueteaba con las pasiones más íntimas y salvajes del ser humano: la violencia, el sexo, la codicia, el egoísmo. Se trataba de películas polémicas y desafiantes que primero fueron rechazadas por Hollywood y su corrección política, para luego (cuando se vio su potencial) ser recibidas con los brazos abiertos.

La llegada del neo-noir

Lamentablemente, sobre finales de los años ´50, las condiciones de la industria del cine fueron cambiando, dejando al noir de lado como se deja a un viejo trapo sucio en el fondo del lavadero. Se suele afirmar que Sunset Boulevard (que analizamos en esta nota) fue una de las últimas grandes películas del género.

Años más tarde llegaron muchos homenajes a sus días más gloriosos en la forma del neo-noir, que tiene la característica de ser consciente de las circunstancias modernas y la tecnología actual, elementos que son incorporados a la trama.

Como clásicos exponentes, en los años ´90 tuvimos Insomnia (Christopher Nolan, 1997), Se7en (David Fincher, 1995), la gran L.A. Confidential (Curtis Hanson, 1997) y Bajos Instintos (Paul Verhoeven, 1992).

Más tarde vendrían Memento (de nuevo Nolan, cuyas raíces siempre pertenecieron al cine negro) y Sin City (Frank Miller, 2005). El rumor ahora es que, para la próxima película de Batman, Matt Reeves planea componerla como un policial duro.

Chinatown y la deconstrucción del cine negro

En el medio, entre los años ´90 y los años ´50, hubo una linda cantidad de producciones que fueron asociadas al cine negro, aunque diferían en algunas características importantes. Y es porque esas producciones sumaban ramificaciones sociales, crisis de identidad y mucha ambigüedad en el relato. En realidad, estaban deconstruyendo al género.

Acá entra Chinatown. Y acá entran tanto Roman Polansky como también el guionista Robert Twone, quienes tuvieron una relación compleja durante el rodaje.

La película transcurre en Los Ángeles, 1937. Jake Gittes (Jack Nicholson) es un ex policía convertido en detective privado. Una mujer que afirma ser Evelyn Mulwray, la esposa del jefe de la planta de tratamiento de agua de la ciudad, lo contrata para probar que su marido la engaña.

Lo que en apariencia es una tarea simple, no lo es. Resulta que quien contrató a Gittes no es quien dice ser, que el marido investigado aparece muerto y que la verdadera Sra. Mulwray (Faye Dunaway) lo vuelve a contratar para que investigue qué sucedió realmente. Para empeorar las cosas: todo parece indicar que Noah Cross (John Huston), el padre de Evelyn Mulwray y ex asociado del muerto, tiene algo que ver con todo esto.

Chinatown fue nominada a 11 premios de la Academia. Tiene una secuela menos conocida (y menos celebrada) llamada The Two Jakes (1990) y nunca debería confundirse con Big Trouble in Little China, aquella hermosa bizarreada con Kurt Russell.

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SPOILER ALERT: A partir de acá pueden aparecer detalles argumentales esenciales de la película.


El género subvertido

La película hace todo lo posible por subvertir prácticamente todos los elementos tradicionales del noir. Gittes no es un detective “durito” y emocionalmente frío, sino más bien un acomplejado y vulnerable anti-héroe. Del mismo modo, Evelyn se aleja monumentalmente de la convencional femme fatale. Por último, el villano es tan rico y poderoso que, para el final del relato, Gittes no puede hacer absolutamente nada por detenerlo.

Lo interesante del Gittes de Nicholson es que lucha contra una corporación malvada que apenas comprende, una que está tan empoderada que (literalmente) no le importa si un detective conoce la verdad o no.

Por otra parte, son las acciones del héroe las que terminan llevando a la muerte de Evelyn. Gittes actúa como un sabelotodo siempre con la última palabra en su boca, pero se la pasa metiéndose en problemas, irritando a sus asociados y siendo golpeado por mafiosos más de una vez.

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Según expresó el guionista Robert Twone, la película busca exponer a un arquetipo de detective a lo Raymond Chandler (pensemos en Phillip Marlowe) pero con el compás moral un poco defectuoso. Mientras que Gittes se la pasa diciendo que la policía es inútil y corrupta, él mismo se involucra en casos que implican fotografiar a personas en secreto y hacer lo que sea que el cliente pida.

Evelyn Mulwray es, del mismo modo, un ataque al concepto original de la femme fatale. En lugar de ser una mujer elegante, fría y “villanesca”, se nos presenta como una víctima de abuso intentando esconder su sufrimiento de una sociedad que la juzga.

Olvídalo, Jake, es Chinatown

Lo que nos lleva a otra deconstrucción del cine negro que presenta Chinatown: los malos ganan. No solo Noah Cross (John Huston, el director de muchas películas de cine negro clásicas) logra salirse con la suya, sino que además nuestro héroe queda vivo, debilitado e inutilizado, mientras mira cómo el villano puede llevarse a su próxima víctima enfrente de todos y desaparecer.

Forget It, Jake, it’s Chinatown” le dice su compañero al personaje de Jack Nicholson. Esta frase tan chiquita contiene el leitmotiv de la película. Hablamos de uno de los finales más icónicos y deprimentes del cine.

De joven, Gittes fue un oficial de policía en el barrio chino, zona conocida por tener altos niveles de criminalidad e impunidad. Una vez trató de proteger a una mujer pero, debido a su intervención directa, ella murió. Como resultado se volvió una persona apática y cínica. A lo largo de la investigación, el protagonista intenta hacer lo mismo y su protegida termina siendo asesinada. Es ironía dramática. Es Chinatown sucediendo nuevamente. Y la única forma de seguir viviendo es olvidándolo.

Existió un final original que era bastante más feliz y tradicional: el villano moría, el amor del protagonista sobrevivía (y nosotros nos olvidábamos de la película apenas arrancaban los créditos). Polanski quería hacer algo diferente, lo que lo llevó a varias disputas (e insultos verbales) con el guionista Robert Towne.

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La película entró a post-producción sin tener un verdadero desenlace que convenciera a ambos. Towne se retiró del proyecto, enfadado. Polanski improvisó la escena del clímax (y aquella línea de diálogo tan emblemática) sobre la marcha. El resultado: la película se llevó su único Oscar a “Mejor Guión Original”, y dejó su legado en la historia del cine. Nada mal, ¿no?

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