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Las máscaras de slashers más ridículas

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Las máscaras de slashers más ridículas

Las máscaras de slashers más ridículas

Quizás la mejor película de Martes 13 lo tenga a Jason Voorhees usando una bolsa de arpillera en la cabeza, pero todos asocian al legendario asesino de Crystal Lake con la icónica máscara de hockey que adquiere recién en la segunda mitad de Martes 13: Parte 3.

Siete asesinos diferentes pasaron por la saga de Scream, y lo único que los une, además de su fijación por cargarse a Sidney Prescott, es el uso de una túnica y una máscara genérica de Halloween que le da el nombre de Gosthface.

Sí, las máscaras son un elemento importante en la configuración de un slasher como el diablo manda, pero no todos lo hacen ¿seriamente?. Por eso, es momento de hablar de las máscaras de slashers más ridículas.

El diablo NO viste a la moda: las máscaras de slashers más ridículas.

Terror Train (1980)

La tercera película de la apócrifa trilogía que encumbró a Jamie Lee Curtis como LA Scream Queen por excelencia, tiene en el psicótico Kenny (Derek McKinnon) a un slasher que deja al concepto de Gosthface por el suelo. No lleva puesta “una” máscara de disfraz, sino que se la va cambiando, quitándosela a sus víctimas del baile de disfraces arriba del tren.

La más conocida es la de un caricaturesco Groucho Marx, pero también usa la máscara de un reptiliano, la de un anciano que parece Carlos Bianchi, y de alguna manera también aparece enfundado como la asistente del mago interpretado por el mismísimo David Copperfield.

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Curtains (1983)

Este slasher de Richard Ciupka no solo es recordado por ser uno de los contados ejemplos en que los protagonistas/víctimas son adultos, en tiempos donde abundaban los adolescentes libidinosos, y por el protagónico de John Vernon. También es referencia la máscara que lleva su asesino: una mujer demacrada/anciana con una peluca pajosa rubia desmechada, la cual, viéndola en retrospectiva, se parece bastante a la actual Frances Conroy.

No infunde mucho temor, pero las seis actrices aspirantes a reemplazar a Samantha Sherwood no van a olvidar ese casting fácilmente, si es que sobreviven.

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Slaughter High (1986)

Quizás no sea el slasher más original, mezclando el típico argumento de la broma que salió mal hace muchos años en la preparatoria, y el reencuentro de ex estudiantes, como excusa para iniciar la retrasada venganza. Pero el asesino se tiene ganada su mención. Una careta de viejo (al estilo de uno de los críticos gruñones de Los Muppets) y un gorro de arlequín, combinación que remite al clásico Jack in the box.

Si la máscara, el gorro, y la chaqueta de estudiante no meten mucho miedo, el hacha en la mano hace que se lo respete.

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Night of the Dribbler (1990)

Bien puede ser una comedia, pero no deja de ser un slasher, y un asesino que lleva como máscara una pelota de basket con carita feliz tiene que ser mencionada. Diecinueve años tuvimos que esperar para finalmente poder ver este “no clásico” únicamente en DVD, pero su original máscara le hizo ganar un lugar como objeto de culto.

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Club Dread (2004)

Hablando de comedias, la gente detrás de Super Troopers también se sumó al revival del slasher de fines de los ‘90/principios del 2000, en forma de semi parodia.

Vamos a ser sinceros, no es muy graciosa, apenas funciona como slasher. Si por algo es mínimamente memorable es por la presencia de Bill Paxton matándose el hambre como un capitán de barco fumón, y por su asesino disfrazado supuestamente como un rastafari… aunque en verdad parece una planta gigante, o el abuelo del Tío Cosas.

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Blood Dolls (1999)

Si hablamos de la productora Full Moon, de Charles Band, es casi un sinónimo de decir muñecos asesinos. En esta vuelta de tuerca, vuelven al ruedo el puñado de muñequitos que acechan a un grupo de personas para asesinarlos de modo ocurrente y sangriento; pero les suma un plus.

Al igual que los de la saga Puppet Master, estos muñecos responden a las homicidas órdenes de un villano humano; en este caso Virgil Travis (Kristopher Logan), un billonario con un cabeza pequeñita buscando venganza en una fiesta de disfraces (otra vez) sadomasoquista (esto sí es original). A diferencia de Andre Toulon (que hasta a veces es bueno), Virgil tiene una participación mucho más activa. Calzándose una máscara muy fea, mezcla de El duende verde de Willem Dafoe y el imitador de Max Headroom que interrumpió las señales de TV de Chicago en 1987, colabora en las matanzas con sus súbditos de plástico.

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Bloody murder (2000)

Bueno, quizás no sea la máscara más ridícula, pero atentos al argumento de esto. Un grupo de adolescentes son contratados para poner en funcionamiento un campamento cerrado hace años, al mismo tiempo en que aparece un asesino que puede ser el personaje de una leyenda urbana ocurrida justo al mismo tiempo en que el campamento debió cerrar tras trágicos incidentes. Como que me recuerda un poco a Martes 13. Me olvidaba, el asesino lleva puesta una máscara de hockey. Eso sí, en vez de un machete usa una motosierra como Leatherface, y no se llama Jason Voorhees, sino Trevor Moorehouse (pronúncienlos juntos y disfruten de una métrica similar).

Esta burda y descarada imitación se hace más ridícula cuando vemos que Trevor es un personaje más bien flaco, y la máscara le queda un poco (muy) grande. Ni el gusano de goma de El último Martes 13 es tan “gracioso” como esto. Tres años después, tuvo una secuela en la que reemplaza la motosierra por un garfio, como Ben Willis o Candyman.

Podríamos mencionar también al asesino con máscara de esgrima de Leyenda urbana 2, que se parece mucho al de Graduation Day, pero por lo menos ahí tuvieron la “decencia” de hacerlo bien.

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Cherry Falls (2000)

Brittany Murphy, Jay Mohr, DJ Qualls y Michael Biehn en un slasher con una premisa tan original como “si NO cogés te morís” (sí, al revés que en el 99% de los slashers).

Hay razones de sobra para que Cherry Falls sea una película de culto, además de ser bastante mejor de lo que muchos recuerdan. La razón principal por la que debería ser recordada es el atuendo de su asesino: un crossdresser punk trash, como una drag queen performer de Cher pasada de alcohol y LSD, ropa andrajosa, campera de cuero y una peluca negra, sucia, que le tapa la cara. Se supone que el asesino quiere confundir haciéndole creer a los protagonistas que es el espíritu de la madre de la protagonista. Vamos a creerle.

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La masacre del Tío Sam (1996)

El título ya lo dice todo. Los genios de William Lustig y Larry Cohen repiten sus roles de director y guionista (como en la trilogía Maniac Cop) en esta película que, de haberse estrenado una década antes o un año después, cuando el slasher estaba de moda, sería más recordada. ¿El asesino? Un zombie disfrazado del Tío Sam (se despierta cuando queman una bandera), cadáver del tío asesino del protagonista.

El mayor ícono patriótico del país convertido en un asesino serial decrépito, aniquila a quienes no respetan la solemnidad del 4 de julio. Tan ridículo como irreverente. Para más datos ridículos, anda en zancos.

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¿Quieres que te cuente un secreto? (2001)

Para muchos, la peor máscara que tuvo un slasher alguna vez. De hecho, este vil aprovechamiento tardío y completamente genérico del furor post Scream no sería recordado por nadie si no fuese por ese “curioso” detalle.

Si piensan que el querubín de Día de venganza era una figura que impartía poco terror (en realidad, no sé por qué no tiene su apartado en este listado), imagínense algo que parece una caricatura infantil, en apariencia pelado lampiño, y de unos grandísimos ojos celestes. Es difícil describirlo, tiene algo del Sr. Noseybonk, del celebérrimo show inglés Jigsaw; mejor véanlo. Créanme que causa más gracia –y no es para nada una comedia– que temor.

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Como ambas son puros oportunismos berretas de Scream y del mismo año, voy a incluir acá también al asesino con máscara de “viejo pelado y arrugado” de Final Stab (la April Fool’s Day de los 2000). Es más, en similitudes de máscaras ambos podrían ser el  mismo pelado, envejecido a pura tontería. Eso sí, por lo menos el de Final stab tiene cara de malo.

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Mirada de cristal (2017)

Argentina dice presente en nuestro listado de las máscaras de slashers más ridículas, con este gran homenaje al giallo presentado hace ya tres ediciones del Buenos Aires Rojo Sangre que aún espera su merecidísimo estreno comercial.

Pensada originalmente como un capítulo de una serie de antología que los directores realizaban por YouTube, se extendió a largometraje.

Una serie de crímenes en el mundo de la moda, venganza por un trágico accidente durante un desfile ocurrido hace años, estética y full ambientación glam ’70 y ’80, y une asesine para el recuerdo. Su atuendo recuerda a un maniquí, por supuesto, incluyendo máscara, peluca y un andar muy particular. Este personaje es solo otro de los elementos muy originales de una película que el público masivo tiene que descubrir.

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Deliria/Aquarius/Stage Fright (1987)

No podíamos terminar de otra manera este repaso por las máscaras de slashers más ridículas: debíamos hablar del asesino cabeza de búho de esta gran película del inigualable Michael Soavi.

Realizador reconocido por la gran estética que impregnaba a sus películas, con un pie (o ambos) en el body horror, Stage Fright posiblemente sea su obra más “convencional” dentro del terror. Aun así, no se ahorró repasar todos los elementos clásicos del neo giallo, y agregarle un asesino de lo más pintoresco.

Un grupo de actores encerrados en un teatro, ensayando la puesta basada en un crimen real. El asesino que se escapa del hospicio y se dirige a la sala para agregar algo de realismo a la situación. Todo con el condimento de alguien que deambula tras bambalinas con una gigante cabeza lechuzona. Sean sinceros, si ustedes vieran a un mitad hombre, mitad búho, también huirían del miedo.

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El listado podría seguir. El slasher es un subgénero del terror con gran capacidad para no tomarse tan en serio, y estas películas lo entendieron muy bien. Para nada la gran mayoría de las mencionadas son malos ejemplos de terror, todo lo contrario. Solo se tomaron la libertad de hacer del ridículo algo terrorífico.

Estas son las máscaras de slashers más ridículas, porque el miedo también tiene una cara burlona.

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